Ourora estaba bastante preocupada y pensativa por lo que había oído en el baño el día anterior, Matilde no podía estar hablando de Ismael. Decidió ir hasta la casa de Ismael cuando la jornada de clase terminó, no sabía muy bien con que excusa se iba a presentar en su casa, pero ya no soportaba la incertidumbre de saber que estaba pasando con él y si Matilde tenía relación con eso. Llamó a la puerta un poco molesta porque Ismael había ignorado todos sus mensajes y sus llamadas, sumado a eso las palabras de Matilde en el baño la atormentaban constantemente, Matilde era la amante de alguien y lo había encarado dos días atrás, Matilde también había buscado a Ismael dos días atrás, si era una simple coincidencia no comprendía entonces porque la desaparición de ambos ese día.
Estaba lista para reclamarle a Ismael su desaparición dos días atrás sin haberle avisado nada, dejándola allí esperando mucho tiempo y luego haber ignorado sus llamadas y mensajes. Cuando la puerta se abrió, Ourora abrió la boca para empezar a exponer todas las razones por la que estaba allí molesta con él , pero quien salió fue una señora, de una edad cercana a los cincuenta, llevaba un uniforme de enfermera y se veía cansada. Ourora sonrió incomoda al ver lo que había estado a punto de hacer, pero la señora le dio una mirada descortés, como si su presencia fuera desagradable para ella. Notó que el color de ojos de la mujer eran azules, idénticos a los de Ismael, comprendió de inmediato que era la mamá de su novio y se sintió totalmente apenada por haberse presentado con aquella actitud ante ella.
– ¿Sí? – preguntó la mujer curiosa y afanada.
– Hola, estoy buscando a Ismael – respondió Ourora, la señora la miró con desconfianza, cerró la puerta a sus espaldas y salió hasta las escalinatas de la casa.
Ourora retrocedió un par de pasos incomoda. La mujer le sacaba por lo menos dos cabezas de altura y la miraba con recelo como si su presencia le molestara.
– ¿Por qué? ¿Y para qué? – pregunto la señora fríamente.
Ourora sostuvo las correas de su maleta con fuerza, incómoda y nerviosa. La mamá de Ismael era muy diferente a él. Era descortés, apática y grosera, no pensó que sería de esa manera. Ismael se caracterizaba por ser amable, cortes, tímido y amigable, en cambio aquella mujer era lo opuesto, era en pocas palabras grosera, aun así, se guardó sus pensamientos y respondió con respeto.
– Lo he estado llamando y he intentado comunicarme con él, pero no he tendió éxito
– Seguramente no quiere hablar contigo, espera que él te llame de regreso o decida responderte ¿Algo más? – pregunto la mujer mirándola fijamente y con mucha seriedad.
– Lo que pasa es que no me responde los mensajes y quiero hablar con él y saber si está bien – expreso Ourora en vos tenue y con rapidez – se fue hace dos días de la academia y no he vuelto tener noticias suyas.
– Él está bien – respondió la señora relajando un poco la expresión de su rostro, pero no de forma empáticamente, aun la miraba con desconfianza – ¿Por qué te interesa?
– Bueno… – Ourora no sabía si debía decirle que ella era la novia de Ismael, quizás él no le había dicho nada – vamos juntos a la academia y…
– ¿Eres otra de esas? – preguntó la mujer interrumpiéndola
– ¿Cómo “de esas”? – al oír la forma en que la señora la trataba empezó a sospechar que quizás no estaban tan equivocada especto a Ismael, lo mas probable era que si se hubiera ido con Matilde, pensar aquello la llego inmediatamente de amargura.
– De sus amiguitas – respondió la mujer haciendo que su amargura aumentara – ¿Te pidió que preguntara por Ahel cuando vinieras?
– ¿Ahel? ¿La alergia de Ismael? – Ourora no entendía mucho de que hablaba la señora, había escuchado por los corredores del instituto que la mamá de Ismael estaba loca, pero a ella le parecía bastante lúcida y seria en ese momento, por supuesto, omitiendo lo de Ahel.
– ¿Alergia? – la mujer pareció decepcionada, negó dejando ver el cansancio en su rostro y relajó su mirada molesta – Ismael tiene algunas amigas molestas, supongo que tú eres una de esas, prefiere no responder, se vuelven demasiado intensas y a mi hijo ese tipo de chicas no le interesa – Ourora asintió con dolor ¿A caso aquella mujer le estaba diciendo que Ismael no quería saber nada de ella? La madre de Ismael suspiró con resignación y volvió a mirarla esta vez con menos desconfianza – ¿Sales con el de noche o de día? – se fijó que la señora llevaba puesto un uniforme de auxiliar en un geriátrico que estaba algo desaliñado, quizás había interrumpido su siesta o algo por el estilo y por ese motivo la trataba con tanta molestia.
– De día… – respondió Ourora – ¿Ismael sale de noche?
– A veces ni siquiera viene a la casa – respondió la mujer con cansancio, se dio la vuelta abriendo la puerta y la miró – Pasa ya lo llamo – Ourora asintió en silencio muy desanimada y obedeció siguiendo a la mujer hasta el interior de su casa.
La respuesta de la madre de Ismael la había dejado sorprendida y con una sensación de amargura que no sabía lidiar. Entró en silencio hasta la diminuta sala y esperó de pie junto al viejo sillón que parecía a punto de desarmarse.
– ¡Hijo vino a verte… ¡– grito la madre de Ismael y se giró hacia ella preguntándole con la mirada su nombre
– Ourora – respondió ella con desánimo
– ¡Ourora! – volvió a gritar la madre de Ismael y de inmediato se escuchó un estropicio en el segundo piso proveniente de lo que Ourora supuso era la habitación de Ismael. A los pocos segundos Ourora pudo ver a Ismael corriendo por las escaleras bajando a toda prisa.
– Hola – saludó él sonriente. Ourora, sin embargo, no pudo sonreír de vuelta, miles de cosas pasaban por su cabeza y no podía sentirse bien.
Ismael observó a su novia preocupado al ver la expresión que tenía en su rostro, dejo de sonreír y miró a su mamá preguntándole con la mirada que le había dicho, pero su mamá le dio una mirada de desaprobación y ahí si quedó perdido sin saber que había hecho mal.
– ¿Pasa algo? – preguntó Ismael algo tenso, ambas lo miraron, pero fue su mamá quien hablo primero.
– Estaba pensando en esa alergia tuya, llamada Ahel – pronunció su mamá mientras negaba – estaré en la cocina por si necesitas algún remedio
– Mamá… – intento explicarle, pero ella se fue sin esperar explicación, Ismael no había querido que aquello terminara así, el tema de Ahel para su madre era muy delicado y a ella le incomodaba que Ismael lo ocultara.
* – Ahora no vallas a decir que fue mi culpa – * hablo Ahel haciendo acto de presencia después de que había estado toda la mañana en silencio * – No todos tus problemas te los busco yo – *
* – No me hables ahora – * respondió Ismael girándose hacia Ourora con preocupación * – y mas te vale que no se haya enterado de lo sucedido con Matilde – *
* – Tampoco soy adivino, no sé porque tu novia tiene cara de querer asesinarte – *
– ¿Pasa algo? – volvió a preguntar Ismael, ella suspiró mientras caminaba en dirección de Ismael y asintió demasiado seria.
– Tenemos que hablar – respondió de una forma tan fría que Ismael supo que sería grave, solo esperaba que no se hubiera enterado de lo que había pasado con Matilde porque entonces Ourora nunca lo perdonaría
– Lamento no haberte respondido – se apresuró a decir Ismael temeroso – y no haberte avisado que me había marchado ese día…
– ¿Te fuiste con Matilde? – preguntó directamente Ourora.
Ismael palideció al escuchar a su novia, no fue capaz de responder. No quería mentirle, pero decirle la verdad era imposible.
Ourora bajó la mirada con tristeza ante el silencio de Ismael, una lágrima rebelde se resbaló por el rabillo de su ojo, se apresuró a secarla y respiró profundo.
– ¿Ella te gusta? – preguntó de nuevo la chica. Ismael negó de inmediato y se acercó hasta Ourora, tomando las manos de la chica entre las suyas
– No, nunca me va a gustar nadie que no seas tu – prometió Ismael. Ourora alzo la mirada hacia él, sus mejillas se habían puesto levemente rosadas, lo que hizo sentir apenado a Ismael que se dio cuenta de lo que había dicho – ósea, es que tu… tu – e eres mi novia y yo… pues… – Ismael odiaba sentirse nervioso, normalmente eso lo llevaba a comportarse vergonzosamente como lo estaba haciendo en ese momento.
Ourora no pudo evitar sonreír al notar la torpeza de su novio, no podía dudar de Ismael, él nunca le había dado ningún motivo para hacerlo, en ese momento teniéndolo de frente todas sus dudas y sospechas acerca de él y Matilde empezaron a parecerle ridículas.
– Ok, lamento haberme enfadado por eso – hablo Ourora sonriéndole tiernamente – pero ¿Qué quería ella? – Ismael se puso tenso – ¿Por qué te fuiste sin decir nada? – se vio obligado a apartar la mirada y sintió vergüenza al recordar que había amanecido en la cama de ella, evidentemente habían hecho algo más que solo dormir. No podía evitar sentir que odiaba a Ahel por ello.
– Fue un malentendido – Habló Ismael sin mirar a Ourora – ella creía que yo… quería burlarme de ella
– ¿Burlarte cómo? – Ismael se encogió de hombros ante la pregunta de Ourora, no quería mentirle a ella, pero era la única forma. Tenia que hablarle de Ahel, pero Al hablar de Ahel por consiguiente tenía que hablarle de la diferencia entre ellos y eso significaría explicarle que Ahel no era un hombre de una sola mujer y sospechaba que ese sería el principal problema entre ambos.
– No sé – mintió Ismael – se puso molesta, pensé que llamaría a sus amigos y me asusté – mintió Ismael sin alzar la mirada – solo pensé en huir
– Lo siento – Ourora se sintió mal al haber pensado mal de su novio durante esos días, no podía culparlo por haberse marchado sin decirle nada, se notaba que los amigos de Matilde lo habían hecho pasar un infierno, no podía enojarse por eso, en el fondo lo entendía.
– Perdón – pidió Ourora arrepentida. Tomo el rostro de Ismael entre sus manos y lo alzo para que la mirara – No tienes que avergonzarte conmigo – expresó ella comprensiva – yo habría huido también y no está mal – Ismael sintió un profundo dolor en su pecho al saber que le estaba fallando a una gran persona, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas y bajó la mirada de nuevo a avergonzado por haberle fallado a su novia, pero Ourora alzó su rostro de nuevo y lo besó cariñosamente – Siempre voy a estar para ti – expresó ella acrecentando la culpa de Ismael – No te avergüences de nada Isma, yo jamás me avergonzare de ti – Ismael asintió llevándose las manos a los ojos y secando sus ojos – ¿Puedo hacerte otra pregunta? – pidió Ourora y el asintió sin dudar – ¿Cuándo sales en las noches a dónde vas?
Ismael sintió el frio recorrer su cuerpo, nunca iba a dejar de mentirle a Ourora sino le hablaba de Ahel, pero sabía que todo cambiaría después de eso, y no quería perderla, le había costado mucho decidirse a decirle sus sentimientos, le había costado mucho esfuerzo ignorar las palabras ofensivas de Ahel y sus contantes burlas para poder estar con ella, no quería perderla bajo ningún motivo.
– Camino – mintió – a veces no puedo dormir, tengo una mente inquieta y desagradable, salgo a tomar aire…
– ¿Y por qué no regresas? ¿Dónde te quedas? – continúo preguntando Ourora, en esta ocasión solo curiosa
– Mi mamá es una persona inestable, pero suele leerme con facilidad – explicó con sinceridad Ismael en esta ocasión – siempre sabe cuándo estoy mal, no me gusta hacerla sufrir – explicó, Ourora asintió, invitándolo a que siguiera hablando. Ismael comprendió que ella quería una explicación completa así que continuo – me quedo por ahí hasta que amanece, donde me canse, donde el sueño que alcance – lo cual no era del todo mentira, Ahel siempre se quedaba por ahí, en cualquier cama que le ofrecieran.
Ourora volvió a tomar el rostro de su novio entre sus manos con cariño y le sonrió, ya no tenía dudas de Ismael, y no iba a volver a dudar de él. Se acercó y le dio un beso en la nariz tomándolo desprevenido, sonrió al notar su sonrojo y bajo sus manos hasta tomar las de él entre las suyas.
– La próxima vez que no sepas donde ir, llámame – expreso Ourora – no tienes por qué pasar por esto solo nunca más, ahora me tienes a mi
* – Hasta que sepa la verdad y ya no te quiera más – * hablo Ahel apareciendo de nuevo
* – Eres tan molesto ¿No podías quedarte donde sea que te metes? – * Ismael mantuvo su expresión serena a fuerza de voluntad
* – Solo soy realista Isma – * Ismael no pudo identificar ninguna intención oculta en la voz de Ahel, pero sabía que la siempre tenía una intención oculta * – Si te apoyas en ella, cuando no este volverá a pasar… no necesitamos que nos demuestren que no somos dignos de ser amados – *
* – No digas cosas tan tristes – * pidió Ismael empezando a desanimarse * – Ourora no es así – *
– ¿Qué pasa? – preguntó Ourora al notar que Ismael parecía perdido repentinamente, le preocupo ver esa mirada dirigida a la nada a pesar de que la miraba. Ismael pareció salir de su trance y la miró, pero no dijo nada.
* – Entonces ¿Por qué no le quieres hablar de mí? – * preguntó Ahel, consciente de que Ismael no le respondería * – es porque en el fondo lo sabes, solo me tienes a mí, solo te tengo a ti… esto es demasiado para cualquier persona Isma, la gente como nosotros siempre terminan solas – *
– ¿Ismael? – insistió Ourora al ver que él se quedaba en silencio. El bajo la mirada repentinamente triste, soltó las manos de Ourora y se giró en dirección a la ventana
– Gracias – respondió, pero Ourora pudo notar que no era sincero, la lastimó darse cuenta de que él no le creía quizás ella tenía la culpa por empezar a desconfiar de él primero.
– No me crees – expreso ella en voz alta con pesar haciendo que el chico dirigiera su mirada de nuevo a ella – pero te lo voy a demostrar Ismael Auné Bakke, no te miento
– ¿Y si estuviera loco? – preguntó sin pensar tomando desprevenida a Ourora – ¿Y si no soy quien crees que soy? ¿Nunca te has preguntado porque me llaman “rarito”? Dicen que cuando el rio suena, es porque piedras lleva… he intentado llevar una vida normal, pero no soy normal
– No cambia…
– No prometas nada… – la detuvo Ismael dejando se afectar por las palabras de Ahel – al menos no todavía – pidió acercándose de nuevo a ella – por favor, al menos hasta que tenga la valentía para contarte nuestro secreto
– ¿Nuestro? ¿Quiénes? – preguntó Ourora sin entender
– Nosotros… – respondió Ismael – El secreto de Ahel y yo
Matilde camino con indecisión de un lado a otro, observo la casa frente a la acera a la que se encontraba y se mordió las uñas nerviosas. No sabia si debía llamar a la puerta, Ismael podría molestarse demasiado, pero no le respondía el teléfono y necesitaba hablar con él, aunque al parecer todo había quedado claro entre ellos, no podía continuar con Ismael como su amante, aunque contrario a lo que le había dicho a Axa, ella era quien le había pedido al chico que le diera esa oportunidad más allá de eso, Ismael no iba tener nada con ella. Suspiro fuertemente frustrada, en un inicio estar con Ismael era emocionante, Ismael rea descarado y seductor, pasaba los días en su casa con ella, normalmente el le dedicaba el día por completo, pero desde que había empezado las clases en la academia Ismael y ella se veían menos, de hecho desde el inicio de clase solo había compartido tiempo con él en una ocasión y había sido porque ella lo había buscado, aun así había terminado mal, porque el se había marchado como si estuviera huyendo de ella sin decirle nada. Aquel comportamiento la había lastimado mucho.
Se armo de valor y respiro profundo decidiendo cruzar la calle y llamar a la puerta de la casa de Ismael, pero entonces recibió una llamada de Axa y su valentía se esfumo de inmediato. Suspiro con resignación, respiro profundo y respondió la llamada. No creía en las cosas místicas ni señales de la vida, pero había pasado todo el día intentando hablar con Ismael y todo se lo impedía.
– Hola Ax – saludo Matilde observando la casa de Ismael mientas decidía que hacer.
– Amiga – hablo Axa – necesito un favor tuyo – Matilde suspiro resignada una vez más y se alejó de allí cruzando la calle nuevamente. La puerta de la casa de Ismael se abrió y por ella salió el y Ourora, al notarlo, Matilde se apresuró a ponerse la capota de su chaqueta y se escondió detrás del poste mientras él se dependía de su novia con un largo beso en los labios – ¿Mati? – insistió Axa cuando la chica se queda en silencio – ¿Estas bien? – pregunto Axa y Matilde se obligó a responder a pesar de que sus ojos se habían llenado de lágrimas y en su garganta se había formado un nudo horrible.
– Si… dime – respondió Matilde lo más claro que pudo.
– ¿Estas llorando de nuevo? – pregunto Axa preocupada y Matilde se obligo a responder de nuevo de forma negativa.
– No. Ax, estoy en la calle y está lloviendo
– Lo siento amiga ¿Te llamo después? – propuso Axa
– No, dime ¿En qué te puedo ayudar? – Axa bajo la voz y rio con dicha.
– ¿Recuerdas la competencia de la que te hable?
– Si – respondió Matilde.
– Me inscribí – Matilde empezó a caminar alejándose de aquel lugar, procuro no llamar mucho la atención.
– Te felicito amiga – respondió Matilde y se sintió culpable por no poder compartir la alegría de Axa en ese instante – ¿Cuándo es?
– Aun no sé, debo esperar a que me confirmen si pase o no
– Se que vas a pasar, eres grandiosa – respondió Matilde.
– Gracias Mati – le dijo de regreso Axa – el favor que necesito es que, si me llaman de parte de la competencia tu recibas la llamada, puse tu numero de teléfono, porque sabes que mi mamá jamás me permitiría que yo fuera a eso, así que como tu eres mi mejor amiga…
– No te preocupes Ax, yo respondo – prometió Matilde.
– A todas estas ¿Como sigues Mati? Con lo ese… al final no me dijiste su nombre – Matilde no sabía si había sido afortunada o desafortunada cuando le estaba contando a Axa sobre quien era la persona de la que se había enamorado, su teléfono se quedo sin batería, había perdido la valentía después de eso y sentía miedo de decirle Axa la verdad; sobre todo después de haber visto salir a Ismael de su casa en compañía de su novia.
– Bien… ya no importa… – respondió Matilde, pero de inmediato sintió el terror recorrer su cuerpo cuando sintió que la rodearon por la cintura un par de brazos haciendo que se detuviera, lanzo una exclamación de miedo y dejo caer su celular.
– ¿Por qué te asustas, Muñeca? – Matilde respiro mucho mas aliviada al reconocer la voz de Ismael, tomo las manos del chico y las aparto de su cuerpo con molestia, se agacho a recoger su teléfono y lo llevo de nuevo a su oído mientras lo fulminaba con la mirada.
– ¡Mati! ¡Matilde ¿Estas bien?! – escucho a Axa al otro el do de la línea histérica.
– Si A, estoy bien… solo me caí
– ¿De verdad?
– Si – respondió Matilde observando a Ismael que estaba parado a su lado con las manos emitidas en los bolsillos de su pantalón – te llamo más tarde – aviso Matilde y no espero razón alguna de parte de su amiga, decidió colgar de inmediato.
– ¿Qué haces por aquí? – pregunto el chico con actitud des complicada.
– ¿Me estas siguiendo? – lo interrogo Matilde en tono indignado.
– Eso debería preguntártelo yo, bonita. Estas en mi barrio – Matilde blanqueo los ojos y seco todo rastro de lágrimas de sus ojos.
– Eres un cretino estúpido – le respondió Matilde molesta – pero lo que me hiciste no se va a aquedar así, me voy a encargar de decirle toda la verdad a tu patética novia… – Matilde guardo silencio cuando Ismael la tomo con su mano derecha de sus mejillas y la miro con seriedad.
– ¿Qué le vas a decir? ¿Qué tienes sexo conmigo? – el chico la miro con burla y la soltó – díselo, muñeca… Y toda la cuidad se va a enterar de la clase de persona que eres
– Idiota – respondo Matilde sintiendo que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.
– Tú me amenazaste primero – se escuso el chico en actitud descompilada – tú y yo la pasamos muy bien juntos, pero no te equivoques conmigo, fuiste tú la que me suplico que no te dejara, yo tengo a mi novia y estoy arriesgándolo todo por ti… así que dime de una vez si quieres que esto acabe, lo que paso en tu casa fue un contra tiempo, pero si quieres terminar usado eso como escusa esta bien solo dímelo claramente ¿Quieres que esto se termine Matilde Colson?