Ourora estaba demasiado preocupada por Ismael, había actuado extraño la noche anterior, primero ese desmayo repentino y después esa actitud ansiosa, había tenido que llamar a su mamá para que fuera a recogerlo, porque estaba fuera de sí. Pensó que podría hablar de ello con Ismael en la academia, pero ese día no parecía tener planes de ir, pues ya había pasado la primera hora; además, no respondía sus llamadas, cosa que en realidad no era nuevo, tenía esa mala costumbre de no hacerlo. Suspiró cansada y desanimada mientras miraba con impaciencia las agujas del reloj avanzar angustiosamente lento. Observó cómo Matilde entraba a la clase a la segunda hora, sintió una punzada de celos al ver lo bien que siempre se veía, la pelinegra la miró con desagrado y aquello le hizo pensar en Ahel, el am

