LIAN Tras vivir más de setenta y ocho años en este mundo, no estaba de más decir que sabía muchas cosas, en especial en torno a la particular familia en la que crecí. Tuve un esposo y un único hijo, pero lamentablemente los perdí un día. Así funcionaba la vida. Esa tarde de domingo, el clima otoñal desprendía un frío sin precedentes, pero me encontraba muy cómoda en casa pues tenía visitas, unas bastante particulares. —Tal parece que el invierno se adelantará este año —comentó Carol, mirando por el enorme ventanal que daba al jardín trasero. —El tiempo está muy loco… en realidad ya no sabemos cuándo pasará nada —murmuré mientras tomaba mi copa para beber un sorbo de vino. —Todo era mejor hace años. Ahora el mundo se volvió un desastre —opinó Paul. Hoy cenaba con la pareja, que vino

