MALCOLM Los pasados días habían sido un completo caos de no dormir o hacerlo muy poco, de estrés y preguntas, de mi madre y hermana en desesperación, y no necesité ser un genio para darme cuenta de que entre mamá y Tara algo parecía no ir bien. La primera le lanzaba miradas insinuantes a la segunda, y esta se mostraba esquiva. Incluso por las noches, su apetito pareció haberse esfumado y solo se dormía en cuanto tenía la oportunidad, o fingía hacerlo. Al principio me preguntaba el porqué de todo eso, pero adquirió sentido en un segundo… justo ahora. Abrí los ojos de par en par y la contemplé impresionado. Las palabras que temí escuchar antes estuvieron ante mí, y mi corazón dio un vuelco. —¿Qué? —espeté, fue lo único que se me vino a la cabeza. Ella se quedó callada, y en sus ojos v

