MALCOLM El estómago revuelto me recibió cuando mi consciencia volvió a mí, y el frío me hizo tiritar, solo para darme cuenta de que algo andaba mal. Lo último que recordaba era estar esperando por el autobús en la parada del hospital, vinieron unos tipos y… Maldita sea. Traté de abrir los ojos, pero algo los cubría; intenté hablar, pero me encontraba amordazado. Quise mover los brazos y las piernas, pero los tenía fijos a aquella silla en la que estaba sentado, además de estar desnudo, porque el frío me invadía. Sentía la cabeza pesada, como embotada, y creo que solo no vomité por la mordaza. ¿Qué era esto? Los oídos me zumbaron, y se me erizaron los vellos de todo el cuerpo al escuchar un sonido desde el frente. Olía a humedad, una bastante fuerte, y sentía el frío recorrerme. En el

