TARA Descuidar mis tareas en la empresa era algo que no podía permitirme. En primera, porque las predicciones indicaban una futura crisis económica para la que debía prepararme de forma que tuviera el menor impacto posible en mi plantilla y subsidiarias; en segunda, porque no tenía que levantar sospechas de ninguna manera. Por eso, luego de las largas horas de trabajo, entre reuniones y compromisos, volvía a casa, volvíamos, y pasábamos la noche en vela investigando por nuestra cuenta. —Voy a buscar algo de beber… ¿alguien quiere? —pregunté. En mi estudio, Malcolm trabajaba buscando entre los archivos que Abner tenía en su archivero, y yo en los que trajimos de la empresa, en tanto Hazel, que se había mudado prácticamente aquí tras pedir unos días de licencia en el club, usaba sus cont

