Capítulo Décimo Tercero.

1332 Palabras
Capítulo Décimo Tercero. Liliana. Se quedó totalmente en blanco, mirando la mano enjoyada como si fuera un animal mitológico salido de una fábula. Que la tierra se la tragara y escupiera lejos, posiblemente cerca de Ian Somerhalder. —Ex prometida. La voz de Maximilian la sacó de su letargo, la mano femenina siguió extendida hacia ella. Liliana se quedó allí parada totalmente en blanco, observando como la mujer la fulminaba con la mirada. Dándose cuenta, probablemente, de lo que existía entre ambos. —Lo siento, jamás pensé que este día llegaría. – Fingió una sonrisa, respondiendo al saludo. —Liliana Hernandez, organizadora de eventos. Miro a Max una vez, sus orbes se debaten entre preocupación y enfado. —Ahora si me disculpan, tengo trabajo que hacer. Se dio la vuelta, cruzándose en el camino a Sara Black, quien no parecía caber en su júbilo. —Querida Vasilisa, que gusto tenerte de vuelta. Rodó los ojos, dirigiéndose al lado de Nina, deseando que todo el teatro se terminara de una maldita vez. +++ ¿Nunca tendría un día de trabajo tranquilo con Nina Black?. Al parecer no. Se pasó todo el rato incomoda, percibiendo las miradas que las dos mujeres le dedicaban del otro lado de la sala, Vasilisa no se que y la madre de Max no podían ser más idénticas. Víboras ponzoñosas, brujas. Se encargaron de mirarla y cuchichear por lo bajo. Liliana las ignoró, sintiendo también, la mirada de Maximilian muy pegada a su espalda. —No sé qué hace aquí, es la Ex prometida de Maximilian. No tienen nada que ver, y como puedes notarlo la detesta. Liliana apretó los labios en un mojin cansino. —¿Por qué me lo aclaras?. Se giró para mirarla, chocando con el rostro enternecido de Nina. —Porque entre ustedes hay algo, y sinceramente te prefiero infinitas veces a ti que a la trepadora de Vasilisa. – Dejó de mirar las muestras de telas que Lily le mostraba. —Probablemente mi madre la llamó, para intentar arreglar las cosas entre ellos. —¿Por qué se separaron?. —No me corresponde contártelo y Max es demasiado caballero como para dejar por los suelos la reputación de esa arpía. Solo puedo decirte que fue algo inmoral, que no tiene arreglo. – La tomó de la mano con suavidad. —No lo castigues por esto. Y se fue, dejándola con sus pensamientos. No iba a castigarlo, simplemente estaba enojada y celosa. Solo de pensar en que él reconstruyó su vida, e iba a casarse, se le revolvían las tripas de celos. Mientras ella lloraba por la pérdida, el estaba feliz junto a piernas largas alias bruja piruja, Negó con la cabeza, dispuesta a terminar he irse de una maldita vez. —Ven a mi casa hoy, por favor. – Se quedó anclada en su lugar. —Tengo una explicación, déjame que te lo cuente y luego decides que hacer. Dame la oportunidad Liliana. Se quedó tiesa en su lugar, sintiendo el cálido aliento masculino chocando contra su nuca. Inevitablemente dirigió la mirada hacia las dos mujeres, sintiendo un poquito de satisfacción al observar las expresiones de parca que le surcaban el rostro. Después de todo no podía ser egoísta, no podía pretender que él sintiera lo que ella. Era infantil, y ya no era una chiquilla. —Mas te vale que me esperes con una buena botella de cerveza. Una risa contenida contra su cabello, un roce sutil en la curva de su cintura. —Sus deseos son órdenes. Lo vio caminar a un rincón sin sacarle la mirada de encima. Negando con la cabeza miró el reloj de su muñeca, en su campo de visión unos tacones Luis Vuitton ocuparon todo. Levantó la cabeza con lentitud, sabiendo lo que venía. —¿Te importaría que charlemos?. La manera en que su acento rasgaba el idioma debería ser considerado un pecado capital. ¿No le caía bien por ser ex de Maximilian?, no. No le cabía bien porque con solo una mirada pudo darse cuenta la clase de persona que era. —Claro, dime. Los orbes azules la analizaron, de arriba hacia abajo. Deseando encontrar quizás, el motivo por el que su ex prometido no podía sacarle la mirada de encima. —Aquí no, me parece inapropiado tratar los problemas personales aquí. Dijo, bobalicona. Liliana alzó una ceja, cruzándose de brazos. —Punto número uno, creo que no supiste respetar esa regla al momento en que pusiste un pie dentro. Punto número dos, creo que tu y yo no tenemos ningún problema personal. No te conozco de nada. La Rusa apretó la mandíbula, pareció alzarse aún más quitándole unos buenos centímetros a Liliana. —¿Puedes salir conmigo?. Asintió, observando como Maximilian se despegó de la pared, dispuesto a seguirlas. Le hizo un gesto negativo, si ella quería hablar de algo, le daría la charla. No necesitaba testosterona defendiendola. Salieron al cálido sol primaveral, Liliana apoyó su cuerpo en la pared del recinto. Encendiendo un cigarrillo con placer. —¿Qué sucede?. La expresión, que anteriormente era medianamente inocente, se tornó malévola en toda la extensión de la palabra. —Alejate de él. —¿Disculpa?. Una carcajada sarcástica, antes de que la tipa se le acercara, intentando intimidarla. —Alejate de Maximilian,. He venido a arreglar las cosas entre nosotros y no quiero estorbos. Liliana la miro un minuto entero, tiró el cigarrillo con lentitud pisandolo con el tacón. Se empujó con un hombro, alzándose, acercándose mucho más de lo que Vasilisa había hecho. La fulmino con una mirada que realmente intimida, el cuerpo de la rubia se balanceo un paso hacia atrás. —No tengo nada que ver contigo, pídele a él que se aleje de mí. Después de todo es quien te debe respeto, ¿Verdad?. – Sonrió cruel. — Lastimosamente al parecer no quiere ni verte en pintura así que la tienes bastante difícil. —¿Cómo te atreves?. El rostro blanquecino se incendió en rojo, Lily estaba que se partía de la risa por dentro. —No me vengas con embrollos, ya estamos grandes para jugar competencia de meados. Si lo perdiste te la aguantas, no me toques las narices. La rodeo, dispuesta a entrar al recinto. Nunca espero que la mano femenina rodeara su brazo, clavándole unas largas uñas rojizas de acrílico. Liliana se quedó un segundo observando la mano en su brazo, para volver la mirada a la mujer. ¿Esto estaba pasando de verdad?, ¿Las personas no entendían que era Escorpio y probablemente estallaría en cualquier momento?. —Un segundo te doy, para que me quites la mano de encima. —Tengo dinero, posición, vengo de una familia respetable y elegante. Una mustia como tu no va a venir a robarme a mi hombre. La soltó, Lily contó hasta cinco. Diciendo por dentro que no todo podía resolverse con violencia en la vida. —Wow, que buenos antecedentes para casarse contigo. Lastima que esa buena familia no te haya enseñado que las mujeres elegantes no se arrancan los pelos por una polla. – El rostro volvió a colorearse de carmín. — No vuelvas a acercarte a mi o te pondré una linda denuncia por acoso, siendo extranjera no creo que te vaya muy bien. Entró hecha una furia, la mirada de Maximilian le dijo todo lo necesario. Una disculpa, arrepentimiento y una explicación pendiente. Asintió en su dirección, siguiendo caminando hasta llegar a Nina. —Me voy, el miércoles me llegan los arreglos que has elegido. Podemos reunirnos para que elijas entre las tres opciones que te han gustado. —Me parece genial. Asintió, tomando su bolso, dándole un beso junto con un abrazo a la mujer más noble que conoció. Salió del edificio, encontrándose con Vasilisa entre lágrimas, siendo sostenida por Sarah Black. Siguió su camino, sin prestarles atención, deseando que la vieja no le soltara ninguna idiotez. Llego al auto a salvo, deseando que las nueve llegará pronto. Necesitaba sexo, despúes explicaciones.
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