¡Conquistame Señor Black!
Capítulo Décimo segundo.
Liliana.
Una semana fue necesaria para que los moretones disminuyeran lo suficiente como para hacerse imperceptibles.
Una semana en la que se quedó en la casa, junto con Oliver y Margot, la cual tenía tres veces a la semana terapia.
Había sido necesaria una extensa charla con el pelirrojo para debatirse si contarle la verdadera razón del accidente, terminaron pensando en conjunto. Preferían mil veces que fuese dolorosamente consciente, a felizmente ignorante.
Como lo pensaron, la noticia tuvo un impacto histérico en su amiga. Quien no podía dejar de mirar por la ventana, ni sentirse perseguida en cuanto ponía un pie fuera.
Liliana la entendía, ella misma sientia esas emociones al ver cualquier coche circulando por demasiado tiempo detrás del suyo.
No tenía de que preocuparse, los guardaespaldas de Maximilian le siguen a cada hora, en cada lugar al que iba. Ese era la unica conexion que tenían, ya que no sabia nada de el desde el momento que se marchó de su casa.
Probablemente hoy tendría noticias, después de todo tenía una reunion con Nina Black, verían el Club donde se realizaría la ceremonia después de la iglesia.
Probablemente él y otros familiares estarían presentes.
Metida en sus pensamientos llegó a la oficina, saludando a la suplente de Margot con un asentimiento.
La chica la siguió puertas adentro, trayendo una montaña de carpetas y papeles con los que ponerse al día. Una semana de trabajo acumulado, ¡Puaj!.
—Antes de empezar, trae un café para ambas. Tenemos mucho trabajo que hacer.
La joven le sonrió, saliendo rumbo a la cafetería.
Miro la montaña que posaba en su escritorio, la cabeza le palpitaba sin empezar aún.
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Dos y cuarto marcaba el reloj , Liliana se levantó con rapidez del asiento.
Dos y media tenía que estar en el Club para reunirse con Nina.
—Llegaré en dos horas Chelse, toma un descanso. Hoy tocan horas extras.
Salió pitando, montadose en el coche de Oliver. El suyo aún estaba en el taller, ¿Quien había pagado los arreglos?, cierto arrogante al que no veía hacía siete días.
Condujo con rapidez, intentando mirar lo menos posible por el espejo retrovisor.
Llegó a tiempo, agradecida con el poco tránsito a aquella hora de la tarde. Varias personas la esperaban fuera del local, Nina Black fue la primera en acercarse a ella con una sonrisa radiante.
Le dio un abrazo, era una criatura de otro mundo. Después de la charla que tuvieron pensó que su relación se complicaria, al parecer no era así y lo agradecia.
—Me llamaron de tu oficina la semana pasada, contándome lo del accidente. — Le analizó el rostro, haciendo una mueca al divisar los cardenales que aún no podían ser ocultados en su totalidad por el maquillaje. — Espero que estes bien.
Lily le dedicó una sonrisa amistosa.
—Estoy bien, gracias por preocuparte y por el mensaje que me enviaste.
Lo recibió a los días del suceso, en cuanto aquella mujer se enteró de lo que sucedió se interesó en su estado. Era un ángel, y esperaba que el hombre al que eligió la tratara como tal.
—Ven, te presentaré a mis padres.
Envolvió su brazo en torno al de ella, guiandola hacia la acumulación de personas que esperaban en la entrada del local.
Inevitablemente lo busco con la mirada, encontrandolo en un rincón apartado hablando por teléfono, parecía furioso. Las venas del cuello se le marcaban, al igual que la de la mano que sostenía el móvil.
No podía escuchar lo que hablaba, pero no parecía ser ninguna conversación agradable.
Su sola imagen, encendio algo en el cuerpo de ella. Haciendo que su corazon se desbocara.
—Te presento a mi madre, Sarah y mi Padre Nolan. — Dijo con cordialidad. — Papá, Mamá ella es Liliana Hernandez mi Organizadora.
Estiro la mano con una sonrisa, recibiendo un apretón por parte de los recién nombrados.
El hombre le devolvió el gesto, la mujer por otro lado, la analizo de los pies a la cabeza. La comisura de su lado derecho se alzó unos milimetros, en una clara expresion de desagrado y superioridad.
Liliana comprendió que se hallaba en presencia de una vieja presuntuosa y narcisista, sin que esta abriera la boca.
—Un gusto conocerlos.
—El gusto es mío.
La mujer se dio la vuelta, ignorándola completamente. La expresión de padre he hija decae.
—Lo lamento, ella es muy...
Nina no encontró las palabras, Liliana las tenía en la punta de la lengua. La mujer se llevaría muy bien con su propia madre.
—No te preocupes, estoy acostumbrada a esa clase de personas.
Entraron al lugar, donde el prometido de Nina se encontraba en la esquina, charlando con Sara. La bruja era toda sonrisa con el futuro yerno.
Se alegró por Nina.
—¿Qué te parece?.
Admiro la enormidad del lugar, poco a poco en su cabeza se formaron miles de diseños para decorarlo, cada uno de ellos mejor que el anterior.
Estaba a punto de abrir la boca para sacar a relucir sus ideas, cuando una voz masculina las interrumpió.
—Liliana, ¿Podría hablar contigo un segundo?.
Tuvo ganas de rodar los ojos, se limitó a pedirle disculpas con la mirada a Nina y desear que esta no quisiera despedirla por esto.
—¿Qué quieres?.
Se fueron a un rincón, a unos pocos pasos de la puerta de entrada.
Solo mirar las facciones de él, el cuerpo enfundado en un traje azul oscuro... Madre, tenía que ser ilegal lucir tan apetecible.
—¿Por qué esa agresividad?.
—Nada en especial. — Clavó la mirada en él. —¿Qué necesitas?.
Maximilian se le acercó un poco, lo suficiente para invadir su espacio personal. Por el rabillo del ojo diviso a la madre, mirándolos con el ceño fruncido y los labios apretados. Seguramente en unos minutos,si no dejaban de hablar, vendría a interrumpirlos. ¿Intentaría humillarla con sus palabras?, probablemente.
—Quiero saber cuando volveremos a vernos.
Las palabras se quedaron estancadas en su boca, pensaba que le diría cualquier cosa. Menos eso.
Se cruzó de brazos, en una posición defensiva.
—No lo se, me ignoras por una semana y ahora, en mi trabajo, vienes a preguntarme algo así.
Los orbes de Maximilian brillaron con diversión.
—Yo no te he ignorado, tú quién llevarás las riendas no me has mandado ningún mensaje, te he esperado pacientemente. Pensando que tu novio no te dejará usar el teléfono.
Aunque sono bromista, un tinte de celos embargo las últimas palabras.
—Te he dicho que no tengo novio.
—Pues deberias aclararlo al tío que te esperaba fuera de tu casa.
Alzó una ceja, medianamente descolocada.
—No es mi casa, es su casa y la mujer de la que está enamorado está viviendo provisoriamente con nosotros. – Lo señalo con un dedo acusatorio. — Es mi mejor amigo y si tu no tienes las capacidades para tener esa amistad con una mujer, es tu maldito problema.
Alzó la voz un poco más de lo debido, nadie pareció escucharlos, sin embargo, Sarah no les quitaba la mirada de encima. Su expresión lucia cada vez más enfadada.
—Hoy, a las nueve en mi apartamento. Te deseo y eso es lo único que me importa.
Atónita lo miro, saboreando ese deseo que pronunciaba plasmado en sus orbes. Quiso besarlo allí mismo, tocarlo, saciar las ganas que ella misma sentía.
Siempre había sido su debilidad, el foco de deseo más intenso y no se mentiría a sí misma, siempre sería el hombre por el que latía su cuerpo.
—Bien, nos veremos allí entonces.
Maximilian abrió la boca, dispuesto a responderle cuando sintió la puerta del local abrirse con fuerza.
Liliana clavó la mirada en la mujer que ingresaba. Rubia, alta, con la ropa elegante adhiriéndose a un cuerpo delgado pero esbelto.
Los orbes azul marino estaban clavados en ellos dos.
La mujer llegó a su lado, junto con una nube de perfume que la hizo arrugar la nariz.
—Buenas tardes.
Tenía un acento fuerte, Ruso quizás.
—¿Qué haces aquí, Vasilisa?
Liliana analizo las facciones de Maximilian, crispadas, la mandíbula tensa. Hran simbolo de furia contenida.
—No seas tan malo conmigo, cariño. ¿No vas a presentarnos?. –Se giro para mirarla con una expresión de soberanía en el rostro. — ¿No?, entonces yo lo haré. Mi nombre es Vasilisa Petrova, su prometida.
La mujer alzó una mano, donde un anillo presuntuoso le adornaba el dedo, estaba comprometida y al parecer con el hombre que la había invitado a follar dos minutos atrás.