Cpítulo décimo primero.

1606 Palabras
Capítulo decimo primero. Liliana. Mentiría si dijese que la revelación de Oliver no la dejo pasmada. Pensándolo más profundamente no había otra persona que quisiera hacerle daño. En conclusión, se había ganado un enemigo y uno que al parecer poseía muchas influencias y recursos. Eso mismo le estaba nombrando a la policía. —No pude verle bien la cara. —¿Cómo sabe que se trata del señor William, entonces? Liliana frunció el ceño. —Porque es la única persona que tiene un motivo, puede revisar mi historial de conducta. No tengo ni un borrón en mi expediente. —En este país… No podía creer lo que había escuchado de la boca de la oficial, quien lo había murmurado entre dientes mientras anotaba en su libreta. —¿Disculpe? La mujer levanto la mirada, había un deje de petulancia en la forma en que alzaba la barbilla. Como si el traje azul oscuro la hiciera superior a cualquier ser humano. —Eres extranjera, tu expediente esta limpio aquí. A eso me refería. Liliana apretó los puños. —Tengo mi visado desde el momento en que llegue, ya que poseo dos nacionalidades. — Se alzo un poco en el asiento, fulminando a la uniformada con la mirada. — Si mi expediente en Brasil no estuviera limpio jamás hubiese obtenido mi residencia. Las palabras le habían salido fuertes y claras. Tanto que la mujer la miro alzando una ceja. —No tengo su historial aquí como para comprobarlo. Una carcajada irónica salió de entre los labios de Liliana. —El tío salió bajo fianza hoy, de una denuncia de agresión física. Tiene más de esas en su expediente, de las cuales siempre ha salido indemne y usted está cuestionando mi deber como residente. Esto. — Señalo el moretón en su ojo. — Me lo ha hecho el. —Solo hago mi trabajo. Se encogió de hombros, pasándose por el culo todo lo que había dicho. —Claro que no, está siendo xenofóbica y podría denunciarla por ello. El rostro blanquecino se enrojeció a tal punto que Lily pensó que explotaría. La uniformada se alzó del asiento, matándola con la mirada. Colocando, inconscientemente, la mano en su arma de reglamento. A Liliana no se le paso por alto. —¿Cómo se atrev… La corto de cuajo, alzándose ella también. Quedando cara a cara. —Quiero su nombre y número de placa. Es mi derecho como civil. Silencio tenso entre ambas, Liliana espero paciente. La voz del hombre que la acompañaba, quien no se había metido en la conversación hasta ahora, las saco de la guerra de miradas que estaban teniendo. —Richards, quiero que salgas de la habitación. —Pero, señor… —Te he dicho fuera. No bajo la cabeza cuando salió, se despidió con un portazo que no tenia nada de delicado. Liliana respiraba con fuerza, totalmente enojada. —Lamento el comportamiento de la agente Richard. Dirigió la mirada hacia el hombre, entrado en los cuarenta. Tenia unos orbes de color marrón chocolate, destilaban amabilidad. —Por ese comportamiento muchas mujeres mueren a manos de parejas abusadoras. —Lo entiendo, le pido disculpas. Liliana asintió, volviendo a sentarse en la camilla. —Hablaremos con el Señor Williams. Verificaremos si tiene alguna cuartada para el horario en el que sucedió el incidente. — Añoro algo en su libreta, antes de levantar la mirada para clavarla en ella. — Tengo que advertirle que este hombre ha sabido evadir las penas. No le prometo nada. Negó con la cabeza, apretando los puños. —Lo que me dice es que me siente a esperar que ese mañaco me mate. Si no puede detenerlo la justicia, ¿Quién? El oficial apretó los labios, una expresión de bondad surcándole las facciones. —Su padre es un político de renombre, tiene demasiado dinero como para ocultar las andanzas de su primogénito. Le queremos echar el guante hace meses, pero no tenemos resultados. —Que sorpresa. Rodo los ojos, al tiempo que el oficial se paraba, sacando una tarjeta del bolsillo. Se la tendió con una sonrisa. —Este es mi número, llámeme ante cualquier señal de amenaza. Estaremos vigilando al señor Williams. Se fue, dándole paso a Maximilian. Entro hecho una furia. —¿Qué te han dicho? Con suavidad le tomo la cara, girándola para ver la magnitud del golpe. Su cara se había convertido en una masa colorida. —¿Oficiales o médicos? Una mínima sonrisa levanto la comisura de los labios de Max. —Ambos. Liliana suspiro, disfrutando de los dedos tibios en contacto con su piel. —Los médicos que haga reposo, y que he tenido suerte. El tabique no se ha roto así que mi nariz seguirá igual de hermosa sin necesitar una reconstrucción. — Hizo una mueca. — Los policías que el c*****o esta demasiado bien acomodado por su papi como para ser inmune a la Ley. La sonrisa cayo, los orbes se incendiaron. Pudo apreciar como todo el cuerpo de Maximilian entraba en tensión. —¿Quién es? —Artur Williams. Hijo de un político de renombre. Se quedo un momento pensativo, supuso que atando cabos. Intentando recordar si había escuchado ese nombre con anterioridad. —No se puede quedar así, es la segunda vez en menos de 48 horas que has sido atacada por él. — Tenia la voz más ronca de lo normal, supuso que por el enfado. —Te pondré un equipo de seguridad, alrededor de ti y de tu casa. —¿Qué? No fue mas que un murmullo de su parte, había quedado en blanco. No podía creer lo que escuchaba. —Si tiene influencia es evidente que la policía no va a encontrar nada que lo inculpe. Esta tarde venía a por ti, lo vi al momento en que llegué, estaba a punto de bajar de su coche. Recordó cada segundo, y no pudo evitar sentir miedo. Ella también lo había presentido, venía a por ella y dios sabe que le haría si la atrapaba. —No quiero un equipo de montañas siguiéndome todo el día. Por la expresión Max supo que el tema no estaba a discusión. —Si te niegas, lo hare de todas formas. Ese loco podría intentar algo en cualquier momento y lo mejor sería que estes protegida, Liliana. —¿Por qué? Lo observo fruncir el ceño, tomo asiento a su lado en la camilla. —Porque esta loc… —No me refiero a los motivos por los que pondrás guardaespaldas, me refiero al porque haces esto por mí. La expresión que se adueñó de las facciones masculinas le derritió el alma, había algo allí. No podía decir que fuera algo tan fuerte como el amor. Pero si lo suficiente como para que su corazón se calentara. Se estaba permitiendo un momento de debilidad, y solo le traería dolor a la larga. —Porque me importas, y la sola idea de pensar que algún imbécil te ponga las manos encima… No necesito decir más, lo entendió de maravilla. Estaba a punto de responderle cuando la puerta del consultorio se abrió, revelando a un hombre joven con bata de médico. —Buenas noches, ¿Señorita Hernández? Asintió con la cabeza, escuchando las indicaciones que el medico le mandaba. Tenía una semana de reposo y debía volver en tres días para revisar como marchaba la curación de su nariz. Termino con varios papeles en las manos y una bolsa de medicamentos en la otra. Maximilian la llevo a casa, negándose a que tomara un taxi. Por otro lado, Oliver no paraba de mandarle mensajes, después de todo lo había convencido de quedarse en casa cuidando a Margot., después de todo el loco andaba suelto y si contaba con los recursos que suponían, ya debería saber la dirección de su casa. Solo de pensar en eso un estremecimiento la sacudió, al instante la mano de Maximilian se poso en su muslo, dejando una sensación de calidez reconfortante. —No va a volver a tocarte Liliana. No dijeron mas nada en todo el camino, tampoco saco su mano del muslo de ella. Liliana no pudo evitar mirarlo y pensar en lo que podría haber sido de ellos en otro tiempo. Felicidad, su vida estaría llena de felicidad. —Gracias por todo. Freno el coche frente a la casa, en el porche había un hombre sentado fumándose un cigarrillo. Oliver. Los orbes de Maximilian estaban puestos en el con fijeza, el pelirrojo le retuvo la mirada en una guerra que ella no supo interpretar. —No tienes que agradecer. – Giro el rostro en su dirección, sus orbes habían cambiado. Quedando más oscuros. —Avísame cualquier cosa y estaré enseguida. Asintió, incomoda. Pensó en como despedirse, con un beso, un abrazo, un roce en la mejilla. Se decidió por bajarse del coche sin más. Oliver se levanto de su lugar, interceptándola a medio camino. Su rostro se encontraba tenso y serio. —Si lo veo, lo mataré. El auto de Maximilian todavía no arrancaba, —Es intocable, probablemente si lo matas iras preso el resto de tu vida. Le sonrió, no había alegría en el gesto. —No me interesaría ir preso Artesanía Azteca, si es un pu4o pecado como te han dejado esa hermosa cara tuya. Con suavidad tomo su rostro, girándolo. Liliana no pudo escuchar las palabras que vinieron después, ya que a su espalda el coche de Maximilian había arrancado de golpe perdiéndose por la calle. Sintió el ansia de decirle que Oliver no era nada más que su mejor amiga, pero a fin de cuentas Maximilian Black tampoco era más que un follón de treinta días.
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