Capítulo Décimo.

1431 Palabras
Capítulo Décimo. Liliana. El tiempo pareció detenerse en torno a ellos, la mente de Liliana procesaba miles de posibilidades. —¿Qué haces aquí?. Decidió evitar el tema, o al menos tratar de hacerlo, cosa que veía demasiado imposible. Haciéndose a un lado, le hizo señas para que entrara a su oficina, lejos de los ojos curiosos que comenzaban a aglomerarse fuera. Poco le importo a Max, quien se acercó un paso tomando su rostro gentilmente, girando para apreciar los golpes que se entreveian debajo del maquillaje. El corazón se le estrujo al apreciar la mueca de dolor que se apoderó de él, no dolor físico, sino ese dolor emocional que te amarga el alma. —No te hagas esto, maldición. ¿Quién se ha atrevido a tocarte? – El ramo de rosas fue estrangulado por la mano masculina. —¿Ese tal Oliver?. —¿Qué?. —Dimelo, lo averiguaré de todos modos. Liliana apretó la mandíbula, tomando el brazo masculino para arrastrarlo dentro de la oficina. —No fue Oliver, no es mi novio. Tampoco tengo uno. –Las facciones masculinas no se relajaron. — Lo que pasó no me corresponde contártelo. Simplemente te diré que me los gane defendiendo a una amiga. Su respuesta no lo calmó, aún los orbes de cazador irradiaban hostilidad. Le sorprendió su reacción, parecía que le prendería fuego al mundo con tal de protegerla. Pero… ¿Por qué?. —¿Está en la cárcel?. —No lo sé, Maximilian y tampoco quiero hablar de eso. –Se cruzó de brazos. — ¿Qué haces aquí?. Negó con la cabeza, una expresión decepcionada cruzó su semblante. El ramo de rosas fue a parar encima de su escritorio, totalmente apachurrado. —Nada. Fue su corta respuesta antes de darse la vuelta y salir por la puerta. Liliana quedó parada en medio de la habitación sin saber cómo reaccionar. Echó una mirada al ramo destrozado, acariciando un suave pétalo rojizo con los labios fruncidos. Una sonrisa se le escapó, él le había traído flores…Supo que sus palabras eran verdaderas, intentará reconquistarla en estos treinta días… Sacudió la cabeza de golpe borrando la sonrisa , disponiéndose a continuar el trabajo que tenía por delante. La mayor parte del día se la paso visitando clientes, asesorando bodas, eventos, decoraciones de interiores. No tubo tiempo para pensar en nada, ni en nadie. Mejor así. Cinco en punto cerro su oficina, siempre era la ultima en macharse así que no había nadie más que el segurata en los alrededores. Fue a buscar el coche en el estacionamiento subterráneo, perdida en el repiqueteo de sus zapatos en aquel espacio tétrico y silencioso. Ya está desactivando la alarma cuando los vellos de su nuca se erizaron, se dio la vuelta. Mirando hacia la penumbra, recordando las películas de terror baratas donde la protagonista Moria en un lugar como este. El corazón comenzó a latirle con fuerza, siempre le hacia caso a su instinto, al sentido primordial que los antepasados habían dejado, como un legado que se perdía poco a poco. Estaba en peligro, y lo sentía. Con rapidez abrió el coche, arrancando en cuanto sus pies estuvieron en los pedales. No pudo sentir más alivio cuando la luz del sol le dio de lleno, saliendo a la vía pública. Miro por el espejo retrovisor una vez, observando el automóvil n***o que marchaba detrás de ella. ¿Sería una coincidencia? No seas paranoica Liliana, solo es otra persona manejando en una vía atestada de automóviles. Bajando la velocidad decidida dejarle el paso al coche, así sus nervios podían tranquilizarse. El auto no la rebaso, disminuyo la marcha al igual que ella, quedándose detrás de su minie Cúper. Un pensamiento llego a su mente, si Maximilian estaba detrás de aquella broma lo mataría de verdad. Mirando la carretera tomo el teléfono móvil marcando el teléfono que él le había proporcionado. —Liliana. La voz sonaba enfadada aun, no sabia si con ella o la situación. —¿Estas siguiéndome? Volvió la vista al retrovisor, no podía observar al conductor. —¿De que estas hablando? La voz de Maximilian tenía un deje de alarma, suficiente como para darle a entender que él no estaba detrás de esto. Comenzó a preocuparse, doblo en una esquina de sopetón, desviándose del camino a casa. El coche realizo la misma maniobra. —Joder. —Liliana, ¿Quién te está siguiendo? Pudo sentir el tintinear de las llaves del otro lado, los movimientos apresurados de sus pies bajando por las escaleras. Luego, el bullicio de la avenida cuando Max salió a la calle. —¿Dónde estás? Miro a su alrededor, identificando las calles con rapidez. —Es una pérdida de tiempo que te diga donde estoy actualmente, te pasare mi ubicación para que la pongas en el GPS. Quito un segundo los orbes de la carretera para poder enviar su ubicación vía w******p. —No cortes la llamada, estoy en camino. Del otro lado resonaron el rechinar de unos neumáticos veloces y varios bocinazos que fueron dejados atrás, Liliana coloco el móvil en el soporte, volviendo la vista al espejo retrovisor. El auto había avanzado, pegando la parte delantera a la trasera de su coche. Podía apreciar la insignia característica de los Audi, pero nada más, ningún vistazo al interior. —Dirígete a la izquierda, llegaras a una doble avenida. Estoy a cinco minutos. Hizo lo demandado por Max, entrando a una avenida donde prácticamente no había coches. Eso no le gusto, no le gusto para nada. El auto detrás suyo acelero, colocando en su lado izquierdo. Rebasándola, volviendo a la línea delante de ella para luego frenar con fuerza. Liliana apretó el freno con rapidez, no la suficiente. Impacto contra la parte trasera del coche, las bolsas de aire salieron despedidas dándole directo en la cara. Sintió el fuerte golpe en la nariz, un golpe que la mareo. El mundo giraba a su alrededor, podía percibir la voz de Maximilian del otro lado, gritando histérico. Seguramente había escuchado las frenadas, seguramente estaba preocupado de los cojones al no sentir su respuesta. Entre la bruma, y la sangre que comenzó a bajar por su nariz, pudo ver la puerta del coche abriéndose, un elegante zapato Armani pisando la calzada. Iba a salir del coche, se la llevaría, lo podía sentir. Más adelante un auto freno con estrepito, el pie volvió a meterse, el auto acelero hasta realizar un circulo perfecto en la dirección en la que habían venido. Fue un segundo, que procedió en cámara lenta, Liliana pudo divisar el perfil de una mandíbula cuadrada y una sonrisa oscura que la hizo estremecerse. Unas manos la tomaron con fuerza, sacudiéndola, haciéndola volver a la realidad. Vio entre una neblina el rostro preocupado de Maximilian, quien la saco en volandas del coche metiéndola en el suyo. —¿Qué haces? Tenia la voz ronca, y un dolor sordo en la nariz. Se la toco con los dedos temblorosos, tenia mucha sangre, pero al parecer estaba en su lugar. —Llevarte al médico, no sabemos si el Airbag te ha hecho alguna contusión en el rostro. —Pero mi coche… No la dejo terminar la oración, cuando arranco. —Ya me he encargado de eso. Me atendieron con rapidez al momento en que me vieron ingresar, me pregunte que tan mal se veía mi rostro como para provocar las expresiones horrorizadas. Estaba sentada en la camilla, con una enfermera limpiándome la nariz, cuando mi teléfono sonó. El nombre de “Pelirrojo” brillaba en la pantalla. Di una profunda respiración antes de atender. —Oliv… —¿Dónde estás? Se apretó el puente de la nariz, al instante una punzada de dolor la hizo gemir, quito los dedos rápidamente. —En el hospital. Un largo minuto de silencio se hizo en el otro lado de la línea. Liliana pensó que la llamada se había cortado, miro la pantalla el nombre de su amigo aun brillaba, los segundos pasaban. —¿Oliver…? La enfermera la miraba curiosa, ella le regalo un ceño fruncido. —¿Qué ha pasado? Había rabia contenida en su voz. —Alguien me ha seguido por un rato, cuando me adelanto pensé que se marcharía, pero clavo los frenos haciendo que chocara con el coche. Los airbags me han dado de lleno en la nariz. —Joder, hijo de p2ta. Frunció el ceño extrañado. —¿De qué hablas? —Me han llamado de la comisaria, el agresor de Margot salió en libertad bajo fianza esta tarde. – Silencio. – Liliana, ese cabron va a por ti.
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