*ESTE CAPÍTULO TRATARA TEMAS SENSIBLES, LEER CON DISCRECIÓN*
Noveno.
Liliana.
Salio del hotel pitando, sin importarle las miradas extrañadas de las personas.
¿Qué había hecho?.
Disfrutar como jamas en la maldita vida, para complicarse la vida otra vez.
Que le gustara tanto era un problema, uno muy grande para su salud mental.
Nego con la cabeza, tomando el teléfono móvil mientras buscaba su auto en el aparcamiento.
No tenia de que preocuparse, era solo un mes, un mes en el paraiso. Después el se iria y ella seguiría con su vida normal. O eso era lo que creia.
Montandose al coche puso el teléfono en el soporte y marco un número.
Nada.
Frunció el ceño extrañada.
Reemarco… Nada, directo al buzón de voz.
Un mal presentimiento se instalo en la boca de su estomago.
Arranco el coche rumbo a la casa de Margot, volvio a marcar, pero ahora el número de Oliver.
—Ulala, ¿Me vienes con la premisa “Follada del año”?.
No pudo evitar sonreir.
—Eso para más tarde. - Se mordió el labio, frenando en un semáforo. — ¿Sabes algo de Margot?.
Silencio por unos largos segundos, antes de que un suspiro inundara la linea.
—No, ¿Sucede algo?.
La voz del pelirrojo había cambiado por completo, de un tono juguetón, el que lo caracterizaba, a uno de ultratumba. Al parecer tenían mucho de que hablar.
—Sí, no me responde el teléfono. Ha faltado a la oficina alegando un resfriado. No es normal, tengo un mal presentimiento.
—¿Estas rumbo a su casa?.
—Sí, a punto de llegar.
Sintió el repiquetear de las llaves de fondo.
—Te veo en diez minutos.
Cortaron la comunicación justo al momento en que Liliana doblaba en la esquina. Miro hacia la casa de su mejor amiga, a simple vista no parecía que hubiera alguien. Sin embargo, dos coches se encontraban aparcados en la acera, uno de su mejor amiga, el otro desconocido.
Se bajo con el ceño fruncido, deseando a los dioses no cortar un mega polvo de esos que Margot solia tener cada dos por tres y tres por dos.
Toco el timbre varias veces, hasta que una cabellera rubia desordenada se asomo por una pequeña rendija.
—Mar, soy yo.
Pudo ver una fracción de su perfil, pero fue suficiente. Suficiente para apreciar el moretón gigante que tenia en el ojo, suficiente para divisar la inflamación de un labio partido.
Los ojos se le abrieron como platos, el corazon se salto varios latidos para volver en un ritmo furioso.
—Lily…
—¿Qué carajos?.
No la dejo terminar, abriendo de golpe la puerta que estuvo a punto de cerrarse. Lo que vio parado en la puerta no era su mejor amiga, era el vestigio de una mujer, una mujer maltratada.
Tenia el rostro hecho una pena, no sabia si eran ojeras, si eran moretones.
Furia subio por su traquea, furia lleno sus orbes de lagrimas. Furia caliente de esa que te hace cometer locuras.
—¿Me has traído a una amiga, Mar?.
La voz masculina provino de dentro, donde una sombra grande comenzaba a apreciarse detrás de su amiga.
—Vete, Liliana.
No lo dijo, lo pronuncio. Pánico en sus ojos, pánico verdadero.
—Quiero que salgas y te metas a mi coche ahora.
Le tendió las llaves, la figura haciendose más nítida. Pudo ver unos brazos musculosos, tatuados. Un torso desnudo, un rostro bastante mono, pero unos ojos de loco desquiciado.
—Lily…
—Oliver esta por llegar, metete en el coche.
Las manos temblorosas tomaron las llaves, pero no pudo ir muy lejos ya que la mano masculina se envolvió en el brazo de Margot.
Liliana actuó con rapidez, había aprendido artes marciales a lo largo de su vida. Su madre la inscribió por el acoso escolar, las chicas populares siempre siendo unas perras.
Alzando la mano, le dio con el canto de la palma en la nariz, con fuerza.
Esta crujió, dandole el tiempo a Margot para correr a su coche.
Ese golpe tendría que haber dejado fuera de combate a cualquier ser humano normal, pero no al neandertal que tenia enfrente.
Sabia que por más artes marciales que tuviera encima, probablemente no tendría muchas oportunidades así que intento correr, sintiendo un tirón en el cabello que la hizo girarse. Le dolía el cuero cabelludo, pero más el puño que la esperaba del otro lado.
La impacto de lleno en el pomulo.
Parpadeo a través de las lagrimas, ubicando al tipo aún sujetando su cabello.
—Rudas, me gustan.
Sonrió, antes de lanzar otro golpe que pudo esquivar. Sintió a Margot correr hacia ellos gritando, no pudo alcanzar al grandote antes de que este la tirara al suelo de una cachetada.
Vio rojo, lanzo puñetazo tras puñetazo, muchos conectando con la cara del tipo. Le dolieron los nudillos, pero continuo hasta que este le tomo las dos manos con fuerza zarandeando.
Levanto la rodilla dispuesta a darle un rodillazo en las bolas, solo encontro aire. Ya que del otro lado alguien había llegado, alguien que safo el agarre sobre Liliana y tiro al tipo de un puñetazo al suelo.
Oliver las miro una sola vez antes de lanzarse encima de aquel cuerpo y mancillar a golpes.
***
Se encontraban en la sala de un hospital, Margot había sido ingresada a un consultorio, dos horas después no tenían información de ella.
A Liliana le curaron el pómulo con rapidez, la herida no era tan profunda como para coserla, pero el moretón le ocupaba gran parte del lado derecho. Mañana estaría peor, lo sabia.
—Quedamos en vernos en quince minutos, llegue al momento justo en que ese c*****o las estaba agrediendo fisicamente.
Oliver apretaba la mandíbula, hablando con los miembros de la policía que habían llegado hacia unos diez minutos,
Margot estaba en una sala, ella con una herida leve, pero aquel hombre se encontraba en el quirófano siendo preso de una reconstrucción facial.
—¿Es conciente del daño que le a provocado al Sospechoso?.
—Mucho menor que el daño psicológico con el que tendrá que vivir mi amiga. – Liliana fulminó con la mirada a la oficial que les tomaba declaración. — Nos defendió de ese monstruo que no puede ser llamado hombre. Si el no hubiera llegado…
Dejo la frase colgada en el aire, la oficial lanzo un suspiro cerrando la libreta que tenia en las manos.
—El Señor Rossell cuenta con un largo historial de agresión, algunas que han terminado en un peor destino que las de hoy. Dejenme decirles que siempre logra escapar de las condenas, tiene mucho dinero para pagar cualquier fianza.
Los puños de Oliver se apretaron con fuerza, Lily coloco una mano en su hombro sabiendo que cualquier arrebato seria penado por parte de la Ley. Ella misma estaba furiosa, no seria inteligente dejarse llevar por esa furia.
—Muchas gracias oficial, espero que nos mantenga al tanto de la situacion.
Le regalo una sonrisa tensa, observandola marchar por el pasillo.
La declaración de Margot había sido la primera en ser tomada.
—Incompetentes.
Fue un murmullo rabioso por parte del pelirrojo, Liliana no pudo hacer más que apretar su brazo como muestra de entendimiento.
Dos horas después ya se encontraban en su casa, decidieron que Margot viviría con ellos una larga temporada, había mucho que sanar. Demasiado peligro en case de que el hombre quedara suelto.
—Estos días me ire a dormir a casa de unos amigos. – Se encontraban en el mesón de la cocina, Mar dormía plácidamente en el cuarto de Liliana. —Sera lo mejor para ella no dormir en el mismo techo que un hombre.
—Oliver…
—Tranquila, vendre todas las mañanas con el desayuno listo.
Se quedaron en silencio unos segundos, Liliana análisis su expresión con detenimiento. Le dolía lo que iba a decirle, pero era su mejor amigo, el hermano que le regalo la vida y debía ser sincera.
—Ella no es para ti.
Silencio…
—Se que ahora no es el momento.
—No.- Le corto tomándole la mano con suavidad. —Ahora ni nunca, Oliver. Te amo y por eso es que te lo digo. Tu y ella creo que nunca va a poder ser, lo siento.
Lagrimas se formaron en aquellos hermosos ojos, lagrimas de derrota. El mismo lo sabia, sabia que no funcionaria la relación que soñaba con la mujer de la que estaba enamorado.
—Nos vemos en la mañana.
Se fue, dandole un beso en la coronilla lleno de amor.
Liliana deseo que encontrara alguien, alguien que lo amara con tanta fuerza que nunca lo dejase ir.
Se merecía eso y mucho mas.
….
Cumpliendo su promesa Oliver apareció en la mañana, desayunaron todos juntos bajo un silencio más que incomodo.
Margot era un fantasma, Liliana sabia que le tomaría tiempo, mucho, sanar del todo para volver a ser la misma.
Tenia un mes de vacaciones en el trabajo, se le fue explicado al jefe la situacion quien le ofreció todo el tiempo que necesitara sin titubear. Ella no correría con la misma suerte, así que con todo y rostro hinchado se encontraba en la oficina, a una hora de salir.
Había intentado esconder el golpe, fallando en el intento. La hinchazón podía percibirse de lejos, los morados dandole un tono extraño a la base de maquillaje. Sus nudillos tambien habían sufrido, quedandose amoratados he hinchados.
—Lily, hay un cliente que te busca con urgencia.
La voz de su provisorio asistente sono a través del intercomunicador.
Frunció el ceño, ojeando la agenda abierta en su escritorio. No tenia ninguna cita marcada.
—Hazle pasar.
Se dirigió hacia la puerta de su oficina, abriendola cuando unos golpes firmes sonaron.
Lo que se encontro del otro lado la dejo congelada en su lugar.
Maximilian sonriendole, con un ramo de rosas rojas en la mano.
Maximilian quien analizo su rostro, haciendo que poco a poco su sonrisa se borrara hasta convertirse en una linea tensa.
Lo miro a los ojos, destilando tanta ira que el cuerpo comenzó a temblarle.
El dio un paso hacia delante, imponente, endemoniado.
—¿Quién?.
Supo que el nombre que saliera de sus labios pasaria a ser el de un hombre muerto.