Querernos devuelta

2206 Palabras
—¡Qué tontería! Se le escucha a Luciana exclamar dentro del vehículo que la lleva de regreso, junto con su esposo, a la cabaña. La pareja culminó su reunión con éxito, y aunque Patricia mandó muchas señales, Guillermo nunca correspondió. No dejaría que se pierda la oportunidad de lograr lo que tanto él, como su esposa soñaron y por lo que trabajaron, sobre todo eso, no engañaría a su mujer… bueno, al menos no con alguien tan superficial. —¿Por qué gritas? ¿Qué es una tontería? Pregunta Guillermo, con la vista al frente, mientras se muerde los labios para no estallar de la risa. El ingeniero sabe la razón por la que ella reaccionó de esa forma. Después de salir del restaurante, Luciana reflexionó sobre su comportamiento. Ella nunca ha sido impulsiva, a pesar de no siempre estar a gusto con las demostraciones de afecto de su esposo y amante. Aun así, hasta ese momento en el restaurante, nada le había hecho mostrarse como una mujer posesiva. Desconoce, por completo, que la llevó a evidenciar sus celos. Si me lo preguntan a mí, no creo que aquella acción fuese provocada por la modelo. Tengo por seguro que es lo que ha deseado hacer cada vez que ve a Britany. En unas cuantas horas volverán a su realidad, y ustedes ya saben a los brazos de quién volverá Guillermo. ¿Pero qué hacer? Eso es parte de los estragos de volver a hacer el amor con tu esposo… —No es nada, solo estoy preocupada por las niñas. Esmeralda no toma el teléfono y… Luciana intenta hablar para desviar la conversación, sin embargo, sus palabras son interrumpidas cuando escucha la exaltada voz de su esposo… —¡¿Qué?! - grita Guillermo frenando de golpe. —¿La niña no toma el teléfono? ¿Por qué no me lo habías dicho? Ella estaba con el tonto, ¿cierto? Ven, dame el celular, yo llamaré. Comenta, mientras le arrebata a Luciana su celular. Ella rueda los ojos y pasa a quitarle el dispositivo. El nivel de sobre protección de Guillermo hacia sus hijas no tiene límites. —No seas idiota, Guillermo. Si hablé con las niñas, solo que fue por w******p, Esmeralda está bien, y deja de decirle así a Mateo, es un gran chico. —Eso está por verse. Declara, volviendo a poner el auto en marcha. Luciana niega con la cabeza, mientras no puede evitar que una sonrisa se le forme. Su esposo es tan protector, que no le importa que Mateo Calventi sea m*****o de una de las familias más reconocidas de Santa Bárbara. Dueños de una gran cadena de supermercados, que de paso tienen una importante presencia en la política. Nada de eso es relevante, cuando su primer tesoro está en la ecuación. Esmeralda no fue planificada; sin embargo, tanto Luciana como Guillermo la esperaban con ansias. Ella eligió el nombre para hacerle honor a los hermosos ojos color verde esmeralda que la enamoraron desde su adolescencia, los mismos que heredó su primogénita. No hay forma para la pareja de esposo de que algo, o alguien, esté por encima de sus piedras preciosas. … Luego de un trayecto, que esta vez no estuvo en silencio. Luciana y Guillermo, durante todo el camino, pudieron dejar a un lado los recientes acontecimientos y platicar sobre la gran hazaña que, una vez más, lograron. Podrán materializar el hotel que tanto idearon, un lugar que reafirmará su liderazgo en la industria de la construcción en toda Latinoamérica. Ahora bien, a los dos les hace falta llegar a un acuerdo que por fin los libere de la prisión que ambos hicieron para ellos mismos. —Entonces, ¿ahora sí hablaremos? Pregunta Guillermo, dejando a un lado las llaves del vehículo y despojándose de su saco. Luciana, que aunque no admite sus celos, no tiene la intención de volver a platicar sobre el divorcio y que la conversación termine en un confrontamiento. —Guillermo, creo que… —No, Luciana, hoy no vamos a evadir esta conversación. Creo que necesitamos determinar, si lo correcto es correr a los brazos de otras personas o luchar por nosotros. Sugiere mientras lentamente se va acercando hacia ella. Él no pretendía volver a retomar el tema, de hecho, tenía por seguro que lo mejor para los dos era llamar a Richard, y dejar que él se encargara de una vez por todas del divorcio, ya que le cuesta tanto llegar a un acuerdo por sí solos. No obstante, lo que vio en el restaurante lo hizo dudar por completo de su decisión. Vio a su esposa mostrarse celosa, ella siempre ha guardado la compostura, pero hoy no pasó, así que para él, eso significa algo. —¿Luchar por nosotros? Pregunta Luciana, confundida. Entre todo lo que ha pasado, nunca habían llegado al punto de entender que deben luchar por su matrimonio. Así que la sugerencia de él la toma por sorpresa. La arquitecta está parada en medio de la sala, el mismo lugar donde el día anterior fue testigo de cómo dos cuerpos se unieron convirtiéndose en uno. Él, sin pedir permiso, le rodea la cintura con sus brazos y descansa su frente con la de ella. Sin que Luciana lo pueda apartar de su lado, ella descansa sus manos sobre el pecho de su esposo. —Sé que tener química en la cama no es sinónimo de amor o que todo pueda volver a funcionar. También sé que sentir celos no significa que me quieras de vuelta. Sin embargo, algo me dice que lo nuestro se puede salvar. Antes de estar con otras personas, nunca hubo infidelidad. No sé cómo llegamos a ese punto, pero podemos descubrirlo juntos y sanarlo. Nos lo debemos, Luciana. La alocución de Guillermo cobra sentido en la parte más analítica de ella. Nunca han conversado sobre cómo llegaron al punto donde están, no han sido sinceros sobre lo que piensan internamente. Sobre todo ella, que de un momento a otro se apartó sin dar explicación. —Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo dejar todo y empezar de cero? Ella lanza las interrogantes, mientras siente las sutiles caricias de su esposo en su espalda. —Ya buscaremos, quien nos ayude con eso, ¿bien? - ella asiente, esperando que sea posible. Guillermo siente la fuerte necesidad de besarla, y es lo que hace. Él nunca dejó de desearla y nunca podrá hacerlo. Anhela tenerla una vez más entre sus brazos, desde que el día anterior le hizo el amor. Luciana es como esa gota de agua que encuentras en el desierto después de días sin tomar ningún líquido. Es ese alimento que nutre el alma y te da vida. No sabe qué o quién diablos le ha hecho creer que necesita cambiar algo en ella, porque, desde sus ojos, es perfecta. —Me temo que no podré controlarme y volveré a hacerte el amor, ¿bien? - comenta y ella solo asiente como si estuviese bajo un potente hechizo. —No quiero interrupciones, así que… - él lanza el celular que Luciana aún tenía en las manos, hacia una esquina de un sofá. Toma el de él y hace la misma acción. —Si las personas que en realidad nos importan en este mundo nos necesitan, sabrán cómo comunicarse con nosotros. Después de ellas, no necesitamos saber de nadie más. Sin que ella pueda argumentar algo, él la carga para luego dirigirse hacia las escaleras. Piensa encerrarse con su esposa en cualquiera de los cuartos de esa cabaña hasta que ambos sientan que han saciado su sed. Luego buscarán la ayuda que los haga volver, no hacer los mismos de antes, sino mejor que eso. No miran hacia atrás, no les importa lo que están dejando. Sin embargo, sobre aquel mueble, hay dos celulares que suenan insistentemente. Hay dos personas que intentan comunicarse con sus amantes, pero ellos no tienen tiempo para responder. ------- Ciudad de Santa Bárbara… —Qué extraño, él no toma el celular. Dice Britany con el ceño fruncido, mientras se encuentra parada desde la sala de un lujoso Penthouse, cuyo dueño no le contesta. Ella se sienta en los finos muebles importados color blanco que le aporta elegancia al lugar. Una decoración minimalista, ideada por la misma joven. Claro, si iba a vivir en el lugar, tenía que tener su toque, ¿no? A Guillermo nunca le ha interesado el tema de elegir las cortinas indicadas para la sala. Su pasión es la construcción, lo rústico, así que nada de lo que está allí, fue su elección. Espero que entiendan lo de: «nada de lo que se encuentra en ese Penthouse fue por elección propia». Bien, continuemos… —De seguro aún están reunidos con Tomasso Santoro. ¿No dijiste que el proyecto es grande y que se tomará su tiempo para que todo se concrete? No lo abrumes, algo que ha salido a tu favor es que le das espacio. ¿O qué piensas que Luciana y Guillermo están teniendo todo el sexo que no tuvieron durante un año? No seas tonta, amiga. Tienes a ese hombre en la palma de tus manos, sé que pronto te pedirá matrimonio. Comenta la joven que la acompaña, mientras sirve en dos copas un exquisito Cheval Blanc. Su intención es que su amiga se relaje. Al igual que Britany, ella también podría salir beneficiada de la relación extramarital que lleva Guillermo con la paisajista, si logra atraparlo por completo. Es algo que intentó ella; sin embargo, no logró. —Sí, tienes razón, mejor espero a que él llame. ¿Para qué preocuparme? Responde sin poder evitar sentir algo muy a sus adentros que le dice que las cosas están a punto de cambiar. Aun así, Britany y su amiga deciden dejar a un lado las dudas y volver a su tema principal: “la futura boda”, que ellas creen que pronto habrá. Bueno, eso estará por verse, ya que kilómetros de allí, en lo alto de una colina dentro de una majestuosa cabaña, se encuentran dos personas que se niegan a soltarse. La pareja de esposos quiere darse una segunda oportunidad, aunque no saben si eso podría funcionar. ---- Montenegro… —Qué irónica es la vida, les estamos siendo infieles a nuestros amantes. Comenta Luciana en tono sarcástico, mientras se acomoda en el pecho de su marido, quien ríe con diversión. Tienen más de seis horas encerrados dentro de un cuarto oscuro. Lo único que los hizo parar fue cuando sus instintos paternos les hizo querer saber cómo estaban sus más grandes tesoros, una vez que supieron que todo estaba bien con ellas, volvieron a amarse una y otra vez. —Si creo que llevamos a otro nivel nuestra crisis matrimonial - dice y le da un beso en la cabeza. —Pero estoy seguro de que encontraremos la manera de solucionarlo. —¿En serio lo crees? - cuestiona levantando la cabeza para verlo directo a los ojos. —¿En serio piensas que puedes despedirte de una mujer como Britany? Es joven, hermosa y nadie puede cuestionar su ética profesional. Es muy buena en lo que hace. Sí, y te recuerda a ti, a su edad. Pero yo no dije nada… Las palabras de Luciana no se escuchan conflictivas, más bien, suenan a las de una mujer que, por primera vez en todas las etapas de su vida, tiene dudas e inseguridades, un lujo que nunca se había permitido experimentar y que en ocasiones son necesarios para poder quemar facetas. Guillermo la observa con dulzura y amor. No se siente atacado por la sugerencia de ella; él también tiene la misma interrogante, pero al inverso. ¿Será su esposa capaz de dejar a Edward, un hombre con orígenes nobles y con riquezas, aún mayor que la de él? —Solo hay cuatro personas en mi vida que están por encima de cualquier otra cosa: mis hijas y la madre de mis hijas. Si tu duda es, si puedo dejar a una mujer como ella, lo puedo hacer - dice y le da un corto y tierno beso en los labios. —Britany es joven, hermosa y su piel es impoluta; sin embargo, ella no eres tú. Ninguna mujer será como tú y punto. Luciana se queda mirándolo como si fuera la primera vez que escucha aquellas palabras, pero no lo es. Guillermo se ha encargado desde que se casaron, recalcándole que ninguna mujer, ni volviendo a nacer, se igualaría a ella. —Te amo, Luciana María Vargas, no sé por lo que estás luchando, pero no me vuelvas a apartar, ¿bien? Se le escucha a Guillermo pedir con ternura y muy convencido de que esta vez no dejará que ella se aleje, al menos que sienta que es lo que su mujer quiere. Luciana desliza sus suaves dedos por la mejilla de su marido, le da un casto beso y le dice: —No lo hará, solo tenme un poco de paciencia - le pide y él asiente. Así es como ellos una vez más vuelven a perderse entre sus cuerpos mientras suplican muy en sus adentros que esa noche no se termine y que el mañana no los aleje.
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