Los giros inesperados de la separación

2046 Palabras
Como era de esperarse, luego de un encuentro inolvidable donde dos viejos amantes volvieron a sentir el placer que causa perderse dentro de la piel del ser amado. La pareja de esposos no volvió a verse, por lo que restaba del día. Luciana y Guillermo se recluyeron en sus dormitorios y de ahí no salieron hasta el día siguiente, cuando se volverían a ver las caras para su reunión. Guillermo no sabe si fue un acto apresurado, insinuarle que entiende la decisión que, según él, ella ya tomó en el momento cuando lo dejó, ha costado, desnudo y con ganas de más en el mueble para tomarle la llamada de su amante. Sí, ya sé lo que piensan, yo igual. Esa es la típica reacción de los hombres: asumir cosas que nadie ha dicho, ni siquiera sugerido. A veces, esperamos muchos de ellos, ¿no lo crees? Pero volvamos a nuestra historia… Es que el astuto ingeniero no logra entender cómo, después de que hicieran el amor, su esposa simplemente corrió a hablar con otro hombre. Se plantea la posibilidad de que quizás ella no sintiera lo mismo que él cuando hicieron el amor. En su mente, hizo la comparación con relación a su amante; Guillermo, sabía que Britany estaba intentando contactarlo, por eso, dejó su celular en la recámara, no quería ser interrumpido por nadie, mientras estaba con Luciana. Él sabía que, si sus hijas necesitaban algo, llamarían directamente a la cabaña, así que no se sentía preocupado por nada, hasta ahora. Cuando subió molesto a su habitación, encontró tres llamadas perdidas y algunos mensajes de la joven. Mientras estaba con Luciana, él nunca pensó en Britany. Por eso se siente lastimado, porque su esposa sí parece haber pensado en Edward. Así que Guillermo decidió tomarlo como un aclaratorio de que Luciana ya no lo ve como hombre y que debe avanzar en su vida. Con su rostro serio y postura impenetrable, el reconocido ingeniero sale de su alcoba con un implacable traje color azul rey, combinado con una camisa blanca y sin corbata para darle un poco de informalidad a la vestimenta. Luciana, que por coincidencia salía de su recámara, se encuentra con su esposo en el pasillo. Ella viste una blusa blanca de cuello redondo y mangas largas. Lleva un pantalón de pinza en tono rosa y unas sandalias de tacón alto en el mismo color. Durante toda la noche, ella pudo reflexionar y se percató de que su acción no fue la mejor. Sabe que no debió tomar su celular en ese instante, sin antes aclarar las cosas con Guillermo, pero se asustó y actuó sin medir consecuencias. Así que llegó a la conclusión de que quizás debería pedirle excusas por lo ocurrido; sin embargo, el rostro ensombrecido con el cual amanece su esposo le indica que lo prudente será no revivir el momento. Lo conoce y no hay forma de sacarlo de ese estado, al menos no por ahora. Luciana suspira y solo dice: —Buenos días. Guillermo la observa por unos segundos, mientras el exquisito aroma del perfume Chanel no. 5 lo envuelve dentro de una nube que pareciera querer cargarlo para llevarlo hasta donde está la preciosa mujer parada frente a él. No obstante, el hombre sacude su cabeza para no volver a caer en la tentación y solo responde: —Según Richard, Tomasso nos verá dentro de una hora en el restaurante. Así que lo mejor será irnos y esperarlo allá, no quiero que sea lo contrario. Explica mientras mira su costoso reloj. A pesar de querer distraerse con cualquier cosa para no tener que recordar que el día anterior volvió a tocar el candente cuerpo de Luciana, esa no es la única razón. Al estar tan apartado del pueblo, les tomará unos treinta minutos llegar al lugar de encuentro y no quiere darse el lujo de llegar tarde. La audaz arquitecta, instintivamente, rueda los ojos como niña pequeña ante el intransigente de su esposo. —Está bien, ya estoy lista, así que nos podemos ir - le informa ignorando la actitud del hombre, él solo asiente. Ella da unos pasos tratando de que no se vea su molestia, pero antes de bajar el primer escalón se da la vuelta y le dice: —Me resulta algo tonto que tengas esa actitud. Puede que ayer no tomáramos la mejor decisión, pero, por Dios, tratemos de no arruinar esto. Lo sentencia con severidad. Él deja escapar una ligera sonrisa y poco a poco se acerca a ella para responder su advertencia… Quizás estén pensando: los dos están en una posición peligrosa, Luciana en las escaleras y él frente a ella. Pero vamos, es Guillermo, no le haría daño a la mujer que lo engaña. Continuemos… —Si este negocio se arruina, créeme que no será por mí. Termina de decir y pasa delante de ella sin mirarla. Luciana tensa su mandíbula mientras quisiera lanzarse sobre él para golpearlo y hacerlo recapacitar, no obstante, se controla y hace ejercicios de respiración para aplacar su ira. —Está más que claro que necesitamos a esa terapeuta de pareja. Comenta para sí misma recordando las palabras de la psicoterapeuta de su hija. Suspira y camina hacia la Land Rover Discovery, donde se encuentra su esposo esperando por ella, y como el día anterior, durante el trayecto, ninguno emite una palabra. Quizás no hablar sea lo mejor, está claro que Luciana y Guillermo tienen el don de malinterpretar sus acciones y de asumir cosas no son como se miran. Entonces es cuando nos preguntamos: ¿de qué vale pasar media vida con una persona si al final no la conoces? Pero esos no son mis asuntos. Media hora después… Gracias a la precisión de Guillermo al conducir, ambos llegan con tiempo de más al lugar. Se trata de un espectacular restaurante cuyo exterior tiene un estilo rústico característico de las montañas; sin embargo, su interior goza de una sofisticada y elegante decoración que les brinda intimidad a sus comensales. Guillermo, aún molesto consigo mismo, no olvida su caballerosidad y le hala la silla a su esposa para que se siente. A ella se le marca una ligera sonrisa que luego oculta cuando él se sienta frente a ella. —Espero que no saltes con la locura de estas haciendo ayunos intermitentes, porque anoche no cenaste. Le dice mientras llama a un mesero para solicitar su orden. Ella lo mira con una ceja levantada y le responde: —De hecho, si estoy haciendo ayuno intermitente, pero como dijiste, ayer ninguno volvió a comer, así que sí, desayunaré. Aunque considero que deberíamos esperar a que llegue Tomasso, se vería mal que nos encuentre… —Luciana, no te preocupes por él, además falta media hora para que llegue - le informa y voltea a ver al mesero. —Yo voy a querer un omelette, tostada, jugo de naranja, por favor que sea recién exprimido y frutas picadas - ordena Guillermo. El mesero asiente, luego ve a Luciana, quien lo mira con suspicacia. Él, que entiende la mirada de su esposa, le dice: —¿Qué? No siempre quiero comer tocino y huevos revueltos en el desayuno. Comenta y mira hacia otro lado. Ella niega con la cabeza, mientras sonríe, y con ese cambio de humor ordena su desayuno. —A mí me trae lo mismo que a él, gracias - el mesero asiente y se va. La risa incrédula de Luciana se debe a que su esposo, aun teniendo más dinero del que él pueda gastar, y el reconocimiento de grandes revistas como uno de los hombres más elegantes y exquisitos de toda Latinoamérica. Lo cierto es que Guillermo aún conserva algunas costumbres de su juventud cuando no tenía lo suficiente para comprar comidas gourmet. Luciana, a pesar de no hacerlo siempre, le encantaba cocinarle sus platillos favoritos, eso que no encontrarás en un menú de estrellas Michelin. Antes de que le sirvan su desayuno, a la mesa llega la bebida caliente más esperada, su café, mientras ellos repasan los puntos que se van a tratar en la reunión. Tras unos minutos de esperas, les llevan su orden y segundos después los dos comienzan a degustar el delicioso saber de los alimentos. Luciana se concentra tanto en su plato que no se da cuenta de que Guillermo la observa como come muy emocionada. Desde su separación, él se ha fijado en el cambio de apetito de su esposa, así que cada vez que la ve de esa forma se siente satisfecho. Muchas de las discusiones que surgieron en los últimos meses entre los dos, se deben a la presión que, secretamente, él ejercía para que ella se alimentara bien. —Todo estaba tan delicioso - dice ella sonriendo. —Nos dimos cuenta, no dejaste nada en el plato. Joven, no vaya a creer que no la alimentamos en casa. Comentó Guillermo en tono jocoso, ocasionando una leve risa del camarero, pero no la de su esposa, la cual lo reprende con la mirada. El momento cómico es interrumpido cuando Tomasso y su joven esposa llegan a la mesa. Se trata de los Santoro, un magnate italiano que no tiene miedo a invertir, y la mujer que lo acompaña es Patricia, una modelo de veinticinco años, treinta años menor que su esposo. Guillermo detiene la risa que le ocasionó ver a Luciana molesta, y se levanta de su asiento para recibir a la pareja. —Tomasso, es un gusto volver a verte. Saluda el ingeniero al hombre de figura un poco descuidada. Aun vestido con la ropa más fina, ambas mujeres pueden ver la notable diferencia que hay entre los dos caballeros. Tomasso corresponde a su saludo de Guillermo y dice: —Lo mismo digo, Guillermo, me da gusto verte - luego voltea a Luciana. —Al igual que a ti, bella dama. Cada día estás más radiante. Le comenta a la arquitecta con respeto, mientras le da un beso en el torso de las manos que no incómoda, ni a ella ni a Guillermo. —Gracias, Tomasso, también me da gusto volver a verte - responde. Luego voltea a ver a la joven de piel oliva, de ojos y cabello en tono oscuro y figura delgada. Una verdadera belleza italiana que parece haber fijado su mirada en Guillermo y eso sí logra incomodar a Luciana. —Señora Santoro, es un gusto conocerla - le dice tratando de llamar su atención. —Oh, el gusto es mío, señora Draco - responde Patricia, quien rápidamente vuelve a desviar su mirada hacia el hombre que llamó su atención. La mente de la joven intenta recrear la escultural figura masculina que ella tiene, por seguro, que esconde Guillermo debajo de aquel traje. —Señor Draco, también es un gusto conocerlo, aún no teníamos el placer. Comenta en tono sensual, mientras extiende sus manos para saludar a Guillermo, quien educadamente corresponde el saludo, ajeno a la insinuación. Al igual que él, está Tomasso, el cual ve la interacción como algo normal. No obstante, Luciana parece percibir otro tipo de intenciones de la mujer hacia su marido. Podría ser exagerado pensar que una veinteañera se fijaría en un cuarentón que parece el epítome de la masculinidad, o quizás no. Luciana intenta sacar de su mente aquellas ideas; sin embargo, las mismas se confirman cuando Patricia se acerca a Guillermo para darle un beso en la mejilla. La escena se reproduce ante los ojos de la arquitecta como si estuviese pasando en cámara lenta. Está acostumbrada a ver a Britany interactuar con su marido, ¿por qué le va a molestar que otra mujer se acerque a él? —Creo que lo mejor será sentarnos, no hay que despertar la curiosidad de los demás clientes. Comenta Luciana, ocultando su incomodidad, mientras mira a la modelo, la cual se atreve a sostenerle la mirada como si tuviese retándola. Es muy temprano, así que el restaurante no tiene muchos comensales. Pero eso no lo sabe la mujer, que le molesta ver cómo una chiquilla intenta coquetear con su marido. Esta es una reacción inesperada. Digo, Luciana ya ha visto cómo otra mujer se roba la atención de Guillermo, ¿por qué molestarse con Patricia? ¿Por qué ella y no Britany? ¿Tú lo sabes?
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