Capítulo 4: Problemático y silencioso

1927 Palabras
Samuel llamó decenas de veces a Trevor esa noche, él había sentido en carne propia el desamor y perdió la esperanza cuando Coraline parecía no recordarlo ni por casualidad. Por eso, su hijo le preocupaba, porque sabía lo doloroso que había resultado que la niña de sus ojos se hubiese besado con otro. Pero todo se volvió peor cuando Trevor llegó esa noche, casi a la medianoche… y en silencio. Coraline estaba en su cuarto, Samuel le dijo que él hablaría con Trevor porque entre los dos había mucha confianza. Pero esa noche y el resto de las que siguieron, Samuel aprendió una lección valiosa, y es que, por más que sufra un adolescente, si no quiere contarte, no lo hará. Y así, los días han pasado desde aquel maldito beso y, lo peor de todo, es que Trevor se siente un idiota por no haberle dicho antes lo que sentía. Quiso callar para no arruinar la amistad, pero al final la amistad entre los dos se ha arruinado de todas maneras por culpa del niño bonito de Sandor Greyson. Es perfecto. O eso dicen las chicas que pululan a su alrededor como abejas en la miel. O como dicen algunos de los chicos, como moscas en la mierda, porque a Trevor no le cabe la menor duda que tras esa fachada de niño lindo, estudiante modelo y esgrimista destacado, solo hay un imbécil. Llega a la escuela en silencio, serio y sin mirar a nadie. Se acerca a su casillero, saca algunos libros y cuando cierra la pequeña puerta metálica, ve a Ariana parada a su lado, mirándolo con incomprensión. —¿Cómo estás? —Bien —responde sin interés y ella frunce el ceño. —No me mientas, dime qué te pasa , porque tú no eres así… —Ariana, no quiero problemas y tu novio acaba de llegar —ella se gira y ve cómo Sandor los ve con seriedad mientras saluda a sus amigos—. Es mejor que vayas con él, lo que me pase… se me pasará luego. —Trevor… hace dos semanas que no hemos hablado, desde ese día… —Sí, del día de tu competencia. —¿Estás enojado porque tengo novio? —No. —Trevor, por favor… —intenta conciliar ella, pero Trevor saca todo lo que tiene dentro. —Ariana. Teníamos la confianza suficiente para decirnos si alguien nos interesaba, pero me tuve que enterar que el niño bonito de Greyson te interesaba después que te diera un beso y te tomara la mano. Y me enteré por Apolo al día siguiente que te pidió ser su novia… y le dijiste que sí —su voz tiembla, pero se aguanta como el hombrecito que siempre ha sido. —Trevor, te juro que no fue mi intención… —Ya no importa. No pienso ser el amigo tóxico que hace un escándalo porque su amiga tiene pareja. Y mucho menos seré el amigo que molesta, porque ya tu novio se encargó de hacerme llegar el recado con bastante sutileza, no me quiere cerca de ti. Así que, es mejor que terminemos la conversación ahora —Sandor llega con ellos, pasa un brazo por los hombros de Ariana y le dedica una mirada que intenta ser intimidante al chico frente a él. Pero a Trevor le… ¿Cómo decir de manera educada que le importa una mierda su expresión intimidante? —¿Pasa algo, preciosa? —le dice a Ariana y Trevor solo le da una sonrisa de medio lado a Ariana, como diciéndole «te lo acabo de decir». Antes de que ella responda, Trevor solo se va de ahí a su clase, con los puños apretados y queriendo correr lejos de todo, gritar su dolor y dormirse hasta hacerse viejo. Pero no puede. El resto del día se dedica a estudiar, sin mirar a nadie hasta que llega su práctica de lucha. Uno de sus compañeros se acerca y le dice. —Esta noche mi hermana dará una fiesta, está de cumpleaños su mejor amiga y quiere darle una sorpresa. ¿Vienes o a tu amiga no se le pega la gana? —Voy —es todo lo que responde y se va a correr para calentar un poco. Tras terminar la práctica, se va a casa sin ducharse, porque ya no tiene que hacer tiempo para esperar a nadie. Se sube al coche que lo traslada a todos lados y por la ventanilla ve a Ariana despedirse de Sandor antes de su subirse al auto que la transporta a ella. Baja la mirada porque tampoco es masoquista. Su madre lo saluda, intenta acercarse para darle un abrazo y él solo le hace un gesto con la mano, dejando claro que no quiere ninguna muestra de amor. Al llegar a su cuarto deja su bolso en el suelo, mira la fotografía que tiene al lado de la cama en donde está abrazado con ella en las primeras vacaciones de invierno que pasaron juntos y suspira, se mete a la ducha y, cuando sale de su cuarto vestido, se encuentra con Samuel. —¿A dónde vas, hijo? —A una fiesta. Mañana no hay clases, me invitaron y quiero ir —Samuel lo mira extraño, se acerca a él e intenta hablar con él. —Hijo, he querido hablar contigo desde hace días, ¿crees que podamos hacerlo ahora? —Sobre qué. —Ariana y su noviazgo… —No quiero hablar de eso, papá. Mejor me voy… —Tienes hasta la 1 de la mañana —le dice Samuel con seriedad y Trevor lo mira con el ceño fruncido—. Y la próxima vez, quiero que me pidas permiso para salir, porque sigues siendo menor de edad. —Papá… —pero Samuel no le da tregua, porque una cosa es que esté preocupado de su dolor y otra que lo deje hacer lo que quiera. —Nada de alcohol, peleas ni cosas estúpidas. Y si quieres tener sexo, en el botiquín del auto hay preservativos. —¡Papá! —Yo sé las estupideces que se pueden hacer por despecho y, aunque no me quieras decir nada, sé lo que estás sintiendo. Cuídate hijo, te amo. Trevor solo asiente con las mejillas sonrojadas y se marcha sin decir nada. Samuel se pasa las manos por el cabello y, su tuviera una bola de cristal, no habría dejado ir a Trevor a esa fiesta. Pero ya es tarde. Al llegar a la casa, Trevor se encuentra una fiesta llena de comida, gaseosas y música perfecta para bailar. En cuanto lo ven algunos compañeros del equipo, van hacia él para saludarlo. —¡Capitán! Al fin podemos compartir contigo —Trevor mira todo y nota un grupo de chicas que lo observan con descaro—. Si quieres diversión, cualquiera de ellas está dispuesta a hacerlo contigo… y creo que todas juntas también. —No soy un imbécil —les dice con seriedad—. Solo vine a pasar un rato, no quiero liarme con nadie. Nadie responde, solo caminan hacia la salida a la terraza y comienzan a hablar de la próxima competencia. El tema poco a poco se va desviando a otros y a Trevor se le hace extraño el hablar de otras cosas con los chicos cuando nunca lo hizo porque no quería incomodar a Ariana. De pronto, cuando va a servirse algo de beber, nota que hay algo más fuerte y decide probarlo. La garganta le quema, pero no le desagrada, todo lo contrario. Lo adormece, lo hace sentir bien y al inicio piensa que lo hace olvidar el infierno que está pasando. Una chica se acerca a él, le pide bailar y él acepta, sin notar que unos metros más allá está Ariana. —Vaya, parece que tu amigo ya tiene con quien pasar el rato, amor. Y tú preocupada por él —Ariana siga la mirada de Sandor y cuando ve a Trevor con la chica pegada a su cuerpo, bailando y riendo, siente algo en las entrañas. Esa sensación de que quieres vomitar del coraje, las ganas de ir a sacar de los cabellos a la chica que se restriega por todos lados. Y la sensación se vuelve peor cuando la ve girarse para quedar de espalda a Trevor y comienza a hacer un baile poco decoroso, uno que el chico no rechaza, sino que posa una mano en la cadera y se mueve al mismo ritmo. —Vámonos —dice Ariana dejando su refresco. —Pero, preciosa, acabamos de llegar. Al menos bailemos un poco, ven… Sandor tira de ella, la obliga a pararse justo al lado de Trevor y, sin esperar a nada, la besa antes de comenzar a moverse. Ariana abre los ojos algo molesta, pero Trevor responde a la provocación de la peor manera. Gira a la chica, pasa una mano por su nuca y la besa sin cuidado. Algunos de los compañeros de equipo lo aplauden, porque es la primera vez que lo ven besando a una chica, incluso llegan a pensar que es su primer beso. Pero no es así. Y tal vez ese es el único consuelo que le queda a Ariana en ese momento, porque cuando Trevor se aparta de la chica y la mira, ella solo siente que las lágrimas le escuecen, sin saber en realidad por qué. A Trevor, esa actitud lo hace sentir medianamente bien, como si se estuviera liberando de ser el chico perfecto para ella, porque ya no es necesario que lo sea. Ya tiene a otro que la haga sentir especial y feliz. Ariana decide irse sola, no tiene ganas de ver a Trevor actuando como idiota, cuando en realidad solo está haciendo lo mismo que hizo ella, solo que menos sobrio. A la una de la mañana, Samuel frunce el ceño cuando su hijo no llega, porque es demasiado puntual. Llama al chofer y cuando este le dice que Trevor sigue en la fiesta, Samuel toma sus llaves y va por él. Y es lo peor que podría hacer, pero al mismo tiempo lo mejor. Cuando llega, su niño bueno, tierno y caballero, está con tres chicas bailando a su alrededor, con un vaso de algo y animado por el equipo de lucha. Lo toma del brazo sin preocuparse si lo avergüenza o no, porque en ese momento su seguridad es más importante. —¡¿Qué haces?! —le reclama con la lengua enredada y, al ver a Samuel, abre los ojos—. Papá… —Es mejor que no digas nada. Y cuando lleguemos a casa, te irás directo a tu cuarto, sin escándalo, porque te aseguro que no querrás que tu madre se entere de que estás borracho. —No estoy borracho. —¿Ah no? ¿Entonces portarte como un idiota es natural en ti? —Me estaba divirtiendo, a las chicas les gustó, no veo qué tiene de malo —Samuel le abre la puerta del copiloto y los dos se miran casi a la misma altura. —Que tú no eres así, hijo. Por favor, habla conmigo… —No tengo nada que decir —responde metiéndose al auto y Samuel solo asiente. —Bien… pues estás castigado. No tienes permiso para fiestas y, de ahora en adelante, yo iré por ti a todas tus actividades, hasta que me demuestres que eres un adolescente responsable. —Gracias… —sisea Trevor y Samuel cierra la puerta, pensando que está poniendo atajo a la rebeldía de su hijo… No tiene idea de lo equivocado que está.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR