El despertador suena indicándome que son las 5:30, tengo que levantarme, es mi rutina diaria ya que tengo que organizar todo antes de irme a trabajar.
En esto se resume mi vida, despertar temprano y acostarme tarde, comer poco ya que a veces no tengo tiempo y casi no tener tiempo para mi, no me quejó trabajo en "Miller Enterprais" una de las empresas más importantes del país cabe mencionar, soy la secretaria del señor Miller.
La secretaria perfecta suelen decir muchos, apreció mucho mi trabajo y me costo bastante llegar a donde me encuentro, por ende trato de hacer las cosas lo mejor posible y darle a mi jefe el mejor trato en lo que cabe.
Llevo 3 años trabajando con un sexy hombre, pero a las vez frío y serio, aunque ese porté le quede de maravilla.
No voy a mentir, con mi jefe no es que tenga la mejor relación posible, la mayoría del tiempo discutimos y aún me cuestiono el porque aún sigo trabajando allí.
Luego de arreglar mi departamento, me doy una ducha rápida y me pongo una camisa blanca bastante discreta, un pantalón fino y unos odiosos tacones negros, recojo mi pelo en un moño y me coloco mis lentes de pasta negra que cubren parte de mi rostro haciéndome parecer un poco anticuada, pero así me gusta... El sobresalir no existe en mi vocabulario.
Me subo al bus y saludo al señor Mario, todos los días es lo mismo así que ya lo conozco perfectamente al igual que el a mi.
Llego al imponente imperio, el cual trata de un edificio de 65 pisos, todo es en cristal, en la recepción saludo a Mary y sigo hasta el ascensor, el cual gracias a Dios esta vacío, marcó el último piso y se escucha el típico ruido y comienza a moverse, siento mi cuerpo estremecerse y el nerviosismo habitual recorre mi cuerpo... Nunca me acostumbrare a esto.
Llego a la recepción y me dirijo a mi oficina, normalmente soy la primera en llegar y todo esta en silencio, y como no, sí aquí solo trabajamos el señor Miller y yo. Observo el lugar y como cada día su decoración me deprime, no digo que sea fea pero que todo sea en colores neutros es un poco deprimente.
Soy más de colores... Vivos.
Cuando abrí la puerta de mi oficina, la cual tiene un poco más de color, me percato de la figura de mi imponente jefe, sentado en MI silla como si fuese suya. A quien engañas si sabes que todo es de él.
-Buenos días, señor Miller. ¿Qué se le ofrece? - digo con fingida amabilidad y eso él lo sabe, además es muy extraño que este aquí, ya que como dije anteriormente, siempre llego primero y es muy raro que se aparezca en mi oficina.
Siempre llama cuando me necesita, no recuerdo la última vez que lo vi pisando el mismo lugar que piso en este instante.
-Si me dijera que tiene de bueno el día, le respondería. Además lo dices de una manera tan fría que me amargas más la existencia, pero como no estoy aquí para esto y no dispongo de mucho tiempo, iré directo al grano, necesito un favor de usted. - me miro sin expresión alguna y yo ni me inmute, ya estoy acostumbrada.
-Su existencia no se la amarga nadie, usted mismo se hace el honor, y usted dirá.
-Necesito que se casé conmigo.
Ok, esto no me lo esperaba. Mi jefe Don señor-No me importa nada, me esta proponiendo matrimonio y de la manera menos romántica posible.
Algo anda mal. No lo digo por lo del romanticismo; si no que mi Jefe... Mi jefe, ósea él... Me está proponiendo ¿Matrimonio?
Quizás solo escuche mal.
-¿Puede repetirme lo que me dijo? -dije algo cohibida.
Su rostro serio me miro con algo de burla, para luego responder. Pude jurar ver un avisto de una sonrisa en su cara, pero descarté la idea rápidamente.
-Señorita Harrintong en todos los años que lleva trabajando aquí, nunca había tenido que repetirle nada.
Me quedo en silencio, pues a decir verdad, el tiene razón.
-Pero de todos modos le repetiré, cásese conmigo.
Si, había escuchado bien y en este momento me encontraba en Pre-Shock.
¡Atención a todo! Pueden llamar a la CIA, algo malo esta pasando aquí. O ¿Dónde están las cámaras?
-Pero señor, yo no lo amo... Además soy su secretaria, usted es mi jefe. No cree que esto no estaría bien, además que dirán las perso...
Coloco un dedo sobre mis labios, impidiéndome seguir hablando.
¿Cuándo se había acercado tanto?
-Oh, créame señorita Harrintong yo tampoco la amo y no me importa el que dirán... Esto es solo negocios.
-Pues lamento informarle que no se podrá, eso sería una negligencia de mi parte si acepto, mi ética no me lo permite.
-Me importa un comino lo que usted piense, lamentó informarle que si no acepta... Moveré todas mis influencias y créame que tengo muchas.
-¿A qué quiere llegar con todo esto?
-A que si no acepta, quedará despedida y no encontrará trabajo en otro lugar, no quería llegar a estos extremos, pero no me da opción.
-¡Usted no puede hacer eso!
-No me rete señorita Harrintong, puedo hacer eso y mucho más. Tómele el lado bueno, podría pagar la costosa operación de su pequeño hermano y por la que ha estado trabajando duro durante todos estos años.
Lagrimas de impotencia, rabia y enojo trataban de bajar por mis mejillas, pero claro que no saldrían. ¿Cómo supo eso? Mi pequeño hermano Jack, el cual necesitaba una maldita operación para poder caminar y vivir una vida normal, por esa operación había trabajado durante estos 3 malditos años. Y ahora él quiere arruinar todo.
-¿Cómo supo usted eso? - ¿Es lo único que se te ocurrió preguntar?
-¿Cree usted que contrató personas en mi empresa sin conocer su vida? No, verdad. Ahí tiene su respuesta.
Este hombre me sacaba de quicios cada día más. ¡Ya no lo aguantaba!
-No quiero aceptar, quedaré con una mala reputación, prácticamente si es por negocios, supongo que nadie puede enterarse... ¿Tuvimos una relación todo este tiempo? Qué falta de moral y respeto de mi parte, ¡No soy una ramera!
-La empresa es mía, la vida es mía, todo esto es mío... Ya se lo había dicho, me importa un carajo lo que digan. Y nunca dije que usted fuera una.
-No puede.
-Ya lo hice. Futura señora Miller.