Caminaba deprisa, como si era perseguida, como si alguien le vociferaba que se moviera con precipitación. Cuando salía a comprar heroína, lo hacía con la compañía de René, era él el que la había sumergido en un mundo como aquel, y se había ido de su vida, dejándola hundida allí, en la más profunda oscuridad, una de la que dudaba salir algún día, tal vez después de muerta, y, deteniéndose a pensar, aquello no sucedería dentro de mucho tiempo si seguía como seguía. A medida que caminaba, sintiendo como sus extremidades palpitaban por la adicción, no podía extraerse de la cabeza, la imagen de aquel sujeto, de Damián. Le seguía pareciendo inverosímil el hecho de que él la hubiese salvado de morir, y se decía a sí misma que las pocas horas que él había pasado en su vivienda, era lo más cerca q

