Damián sintió una especie de presión en su estómago, la había estado sintiendo por más tiempo del que era consciente, pero su estado de ensoñación le había impedido reacción alguna, pero solo cuando la presión se había hecho más fuerte, fue capaz de abrir sus ojos de par en par, encontrándose con la imagen más inesperada que jamás creyó ver. Abrazada a su estómago, como los ojos cerrados, sus labios ligeramente abiertos y su rubio cabello derrumbándose como cascadas sobre su pecho, se encontraba Rose, aquella desconocida que le había permitido dormir en su vivienda. Damián abrió sus labios, sin saber demasiado bien como reaccionar, pensó en ponerse de pie, pero decidió que aquello no funcionaría, terminaría despertándola y por alguna razón, no quería hacer algo como eso —además dudaba que

