CAPÍTULO X Perlita caminó por el jardín bañado de candente sol, y moviéndose con disimulo, se detuvo frente a un gran lecho de azucenas. Sabía que cualquier persona que la estuviera observando desde una ven tana del Kasbah, creería que estaba admirando las flores Pero en realidad lo que hacía era observar la orilla del jardín que daba hacia el muro sur del Kasbah. Había ahí una gran profusión de buganvillas púrpura y dos preciosos árboles de granada en flor. Decidió no acercarse más, sino fijar en su mente la posición exacta de los árboles y el lugar donde suponía que la cuerda colgaría la noche del miércoles. Era sólo la segunda vez que paseaba en el jardín. Aunque lo hacía sola, como correspondía a una novia que meditaba en las delicias del matrimonio, tenía la certeza de que era ob

