Narra Sabrina. Después de todo este tiempo, mi hija siempre estuvo viva, miro a Regina y siento que me voy a desmayar. Las lágrimas salen de mis ojos, pongo la mano sobre mi boca, intentó procesar lo que está pasando. –¿Tu… tu eres mi hija?–Ansiosa. Ella se acerca a mi y me da un abrazo. –Si mamá.–Llorando.–Tu eres mi madre. Le respondo al abrazo y cierro fuerte los ojos, mi hija está viva y está aquí conmigo, no lo puedo creer. La felicidad embarga por todo mi cuerpo. –Perdón si nunca te lo dije mamá, es que estabas tan vulnerable, perdoname mamá. –No importa mi vida, lo importante es que te encontre.–Emocionada.–Al fin estás conmigo. Escucho aplaudir a Ágata y no puedo evitar sentir odio por ella, aunque ella sea mi hermana, es la responsable de mi amargura. –Al fin madre e h

