Capítulo doce

1352 Palabras
Sasha consiguió vivir en el pueblo adjunto y las niñas tomaban clases en casa. Él ya no quería perder a nadie y allí tan lejos, ella no estaba, lo que lo distraería y haría que él pudiera concentrarse en sus hijas, ni de volver a enamorarse. —Ya dentro de poco entraré en secundaria—comentó Britt. —Sí, antes—dijo llevándose las manos a la nuca. —¿Nos dejarás ir?—inquirió Tabitta. Él negó con la cabeza y ambas hicieron puchero. —¿Porque no podemos ser normales?—refunfuñó Brit. —Porque no, porque yo no estoy preparado y porque no tengo ayuda para cuidarlas del mundo de afuera y son lo único que me queda y ya has visto el rostro de tu hermana, ¿te parece que no le harán daño afuera? Brittany miró las quemaduras de su hermana Tabitta. Ésta última salió despedida llorando. —La iglesia será su única casa—espetó él reticente. —Genial papá, haces llorar a Tabitta. —Ella sabe la realidad... —Quizás termines por perdernos a nosotras también. —Sabes que si alejas a Tabitta de mí, volverá. Brit se llama al silencio y se marcha en busca de su hermana. La encontró en su cuarto y se recostó sobre el quicio de la puerta. —Eres normal, Tabitta. Él no lo dice enserio. —No es normal nada en ésta familia... —¿Porque lo dices? —Por mamá... —Ella está muerta, Tabitta. Tabitta negó con la cabeza limpiándose las lágrimas. —Ella aún sigue aquí. Y yo quiero conocerla. Brit le siguió el juego y fue a abrazarla. —Está bien, pero lo haremos juntas. Fuera de ésta iglesia, cuando nuestras vidas ya no sea de su incumbencia. Tabitta asintió con la cabeza. —Sabes que algún día tendremos que mudarnos, él no nos dejará marcharnos de aquí. —¿Y la buscaremos? —Lo harás tú. Yo no tengo razones para buscar a nadie, para mí ella está muerta. —Tú sabes lo que sucedió en la iglesia... —No, no lo sé Tabitta—dijo levantándose de repente—.No lo se porque éramos pequeñas, y no pienso seguir alimentando el drama de papá. ¿Vale? Tabitta suspiró cabizbaja. —Algún día quiero verla, y le creo a papá... —Cree en lo que quieras, pero entonces no te llevaré a donde vaya. —¿Me abandonarías? —Sabes que tendré que irme primero—dijo viendo por una ventana de la iglesia—.No puedo llevarte conmigo al principio. ¿Que haríamos? Las palabras le aparecían en la cabeza, cuando apenas pudo se mudó al pueblo contiguo, pero jamás visitó la iglesia de la que hablaba su padre, ni tampoco quiso encontrarla. Pero tampoco volvió por su hermana, de alguna manera había canalizado en ella todos los malos recuerdos y aunque Tabitta no era normal, su padre la comprendía de un modo que ella no, así que solo los dejó, allí, y con el tiempo, Tabitta también terminó sus estudios, pero no se veían de seguido. El trabajo le mantenía ocupada y aunque ella era artista le gustaba su trabajo igual o casi más que a su amiga Serena. Pero aquellos comienzos con su hermana solo eran cosas del pasado, pero un día decidió visitar de sorpresa a su padre, a quien consideraba un loco, pero tenía una cita en el pueblo; Gerald. —¿Que tal todo por aquí?—dijo apareciéndose en la iglesia. Su padre la vio sorprendido y dejó caer su cigarro. —¿No nos habías abandonado? —Nunca abandoné a nadie, solo necesitaba salir de ésta locura... —Si eso te mantiene tranquila—dijo su padre volteando nuevamente. —¿Y Tabitta? —En su cuarto. Ella mascando chicle se dirigió a su antiguo dormitorio que compartía entonces con su hermana. —No inventes, ¿enserio?—espetó Tabitta al verla. —Ha pasado tiempo... —Demasiado—replicó Tabitta. —Lo siento, sé que dije que volvería por ti... —¿Porque has vuelto?—dijo su hermana parándose con turgencia—.La verdad. —Tengo una cita con alguien de aquí. —¿Enserio? Es demasiado, incluso para ti, caer tan bajo. Sabía que lo que fuese, el motivo por el que regrese, sería malo de todos modos, porque en teoría había abandonado a su hermana y Tabitta la esperó, tanto tiempo, hasta que dejó de hacerlo y aceptó la vida de encierro con su padre. Sabía también que él no le dejaría ir a la iglesia del pueblo contiguo, pero su hermana estaba allí. —¿La visitaste?—murmuró ella a Brit. Brit hace una mueca con el ceño fruncido. —Nunca fui a verla, Tabitta. —¿Que? ¡Vives allí! —Te dije que no me interesaba escuchar las locuras de papá, para mí no significa nada ir a esa iglesia. —¿No has intentado siquiera encontrarla? —No está en los mapas...como ésta. —Entonces lo has intentado—comentó insistente Tabitta. —Sí, pero no es lo que crees. Tengo una vida allí, Tabitta. Y me mantiene cuerda, y estoy bien sin las cosas de papá. —No son solo cosas de papá... —Sí, lo son—le dijo tomándola del rostro—.Solo son delirios. Amen de lo dicho, se dirigió afuera. —¿A donde vas si apenas vienes?—inquirió su padre. —Bueno, hace mucho no te doy explicaciones. —Entonces vienes a usar la iglesia como si fuera un hostel. —¿La iglesia, tus reglas? Él asintió con la cabeza. —Entonces buscaré donde dormir. —No seas tan extremista. Te he extrañado, sigo siendo tu padre. —Solo vine a ver un chico, papá. Él se lleva los brazos hacía arriba estirándolos. —Bueno, supongo que está bien. Siempre serás bienvenida aquí... Ella asintió con la cabeza y le sonrió, pero antes de salir de la iglesia se encontró con Tabitta otra vez. —No pierdas tiempo—espetó Tabitta. Su hermana la miró con extrañeza. —¿Que dices? —Que es nuestro padre y no lo ves hace tiempo, solo no te arrepientas de querer haberlo conocido más, porque yo sí me quedé a conocerlo más—dijo alejándose. Brit se quedó con la mente en blanco, pensando en que quizá, aquel fue su duelo, alejarse de él y de su hermana, pero no habían razones para no entenderlos, si estaban locos o no, era la familia que le quedaba y extrañaría a su padre si le pasara algo. Haciendo caso a su hermana, se devuelve a la iglesia para ver a su padre mientras fumaba. —¿No debería estar prohibido fumar aquí? —No es solo la casa de Dios, también es la mía—replicó él. Ella se acerca y lo abraza. —¿Nunca has ido a verla, cierto?—le murmuró ella. —¿No estábamos todos locos para ti? ¿Porque ahora te interesan esas cosas? —Porque sí es importante para ti... —Lo haré cuando esté listo—espetó. Él la mira a los ojos. —Vamos, que de tontos y locos todos tenemos un poco—dijo alejándose nuevamente. —No está bien no irse a los lugares donde uno fue feliz. —No estoy huyendo si eso es lo que crees... —Papá, creo que aún no me has perdonado que viva en la misma ciudad y que nunca haya visitado la iglesia. —No es cualquier iglesia—corrigió él. —Lo sé, entiendo. —Pero te equivocas. Siempre supe que no irías allí. —¿Porque?—preguntó ella extrañada. —Porque no te dio miedo regresar a aquel pueblo. —¿Y a ti sí?—replicó ella con gesto de rareza. Él terminó su cigarro. —No eres la única que tiene miedo de volver a ese lugar. De pronto la conversación fue interrumpida por Tabitta que le comentaba a su padre que Ares iría a verla con el tal Gerald.
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