Capítulo once

1210 Palabras
Todo acontecimiento tiene una razón y todo, absolutamente todo, tiene un efecto mariposa, como las personas pasan de distintas maneras el duelo. —¿Así que te mudarás?—le preguntó Alice al ver a Sasha armando sus maletas en la iglesia del pueblo. —No voy a quedarme aquí. —¿Y tus padres? —Cumpliré pronto la mayoría de edad. —Sabes con certeza que la respuesta no es alejarnos. —Nos volveremos a encontrar aquí mismo—dijo él viéndola al rostro. —¿En ésta iglesia?—inquirió ella con risa burlona. Sasha no sonreía y tan pronto dejó aquello tomó seriedad ella lo ayudó con su equipaje. —Siempre deseé tener esto—espetó Alice. —¿De que hablas? —Tendremos una familia...será nuestra. —Aquí nunca seremos felices—espetó Sasha terminando de recoger sus cosas—.Tú también deberías recoger tus pertenencias. —¿Porque?—preguntó ella desentendida. —Porque no volveremos a éste pueblo estúpido. Solo nos ha traído desgracias. Mientras que en el mismo pueblo, el pastor debatía con Tabitta en la mesa. —Ese chico...—le dijo a su hija. —¿Lo conociste? —Sí, le he pedido que se alejara. —Papá... —No creo que vaya a hacerme caso, está muy enamorado de ti—espetó finalmente el pastor. —Sí, creo que es el correcto. —No se si lo es, pero no te voy a detener de amar a alguien. Tabitta abrazó a su padre y fue corriendo a encontrar a Ares. —Está enamorada—dijo su hermana llegando, Brittany. —¿Y tú? —Ella me escribió... —¿Y te preocupaste por su sensibilidad?—dijo terminando de comer. —Papá, ¿Aún no puedes olvidarlo y tratarme como tu hija? —Nos abandonaste—dijo cabizbaja recostándose en una pared—.Hay agua bendita, por si quieres. —¿Podrías dejar esa actitud y la blasfemia? —No es blasfemia si le dedico mi vida. —No lo haces por él, lo haces por ella—replicó Brit. Él desvió la mirada. —¿La has visto? Ella negó con la cabeza. —Sabes que ella está para ti. —Pues yo estoy por ustedes, así que puedo vivir sin ella un tiempo más. —¿Eso lo dices tú o solo te lo crees? Tabitta vive encerrada. Mi madre murió, ¿está bien? Eso es lo único que sé. —Pues te mudaste a ese pueblo, hija mía. —Nunca fue por la iglesia. —¿Y porque fue?—dijo acercándose más y acorralándola. —Tengo mi vida allí, trabajo en una galería—dijo ella turgente. Él encendió un cigarrillo. —¿Pintas? —Vendo—aclaró ella. —La peor parte. —Soy buena en eso, ¿si? —Nadie dirá que no, supongo. —Tú lo piensas, en el fondo. Que soy una fracasada. —No, solo pensé que abandonabas a tu hermana y a mí y que te marchabas lejos, lo cual hiciste. —¿Y tú que haces papá, exactamente? ¿Cuidar a Tabitta para luego irte? Esto no es una película, es la vida real. No hay nadie en esa iglesia. —¿Lo sabes? —No, pero puedo imaginármelo. —No tienes derecho a juzgarme si no conoces los planes de Dios. —¿Y tú sí los conoces? —No, pero soy tu padre—le detuvo en seco. Ella desvió la mirada y volteó sus ojos en blanco.. —¿Puedo quedarme unos días, cierto? —Supongo, bienvenida—atinó a decir él con ironía—.Es tu casa, no importa cuanto te alejes de ella. Ella se echa puertas para dentro con sus maletas torpemente y volvió a mirar las vitrinas de los ángeles y echó un suspiro deteniéndose en una de ellas. —¿Ella no la ha visto, cierto?—preguntó Tabitta al llegar interrumpiendo en escena. —No, solo creo que está preocupada porque su hermana se ha enamorado. —¿Porque es tan importantes para todos?—esbozó quéjica. Él dejó su cigarro en su boca y la tomó de los cachetes. —Es porque eres tan especial para todos pero siempre hay gente estúpida maltratando a todo el mundo, solo no queremos que ése sea tu caso. —Ares no es así—espetó Tabitta. —Eso espero, tienes toda la libertad... —Yo sí quiero verla—dijo sin rodeos. —¿A quien? —A mamá... —Quizás no sea el momento. Ella echó un suspiro. —¿Cómo es que Brit puede vivir en el mismo pueblo y yo no puedo ir allá? —Porque Brit no la quiere ver—aclaró el pastor. —Pero yo sí quiero verla, papá. ¿Cuanto más vas a esperar por ella? —Hija...—la tomo del hombro—.Llega un punto en la vida en el que sabes que es el momento correcto. —¿Y cómo lo sabes? —Porque lo sientes. Como si te estuviera llamando. ¿Tu madre te llama? Ella niega con la cabeza. —Es porque no son los planes de Dios. —¿Porque siempre dices cosas como esas? Como si fueras realmente a conocer sus planes. —Porque yo he sido un joven enamorado como ustedes, pero yo tuve que conocer a Dios antes que conocer el infierno, porque sin él no hubiera habido oportunidad de verla una vez más. —¿Por eso lo extiendes tanto? ¿Porque solo será una vez? El pastor se llama al silencio. —Los ángeles no se presentan en la vida humana, éste no es su lugar. Solo está aquí porque no hemos tenido la oportunidad de cerrar el capítulo. —¿Y que esperas para cerrarlo?—inquirió Tabitta. —Que sus hijas estén bien, que ustedes ya no me necesiten. —¿Entonces todo se trata de criarnos? —Se trata de ser un buen padre, que creo que lo he sido. Brit apareció y se recostó sobre el quicio de la puerta. —¿Otra vez esa leyenda de fantasmas? —Si es de fantasmas, ¿porque no lo has ido a comprobar?—la retó Tabitta. Brit se llamó al silencio también. Lo cierto era que, Brit siempre habría querido ir, pero tenía mucho miedo. Hace tiempo había dejado de ser una persona de fe, tenía miedo de no poder verla, de no sentirla como no sentía a Dios y que todo eso la lleve a sentirse mal. —No todos queremos ver muertos—dijo Brit con gesto hiriente. Su padre solo salió a fumar afuera. Era una pelea de hermanas, sabía que era normal como sabía que no todas sus hijas serían de fe cristiana. Brit siempre buscó la racionalidad y pensaba que su madre había muerto y no había nadie en aquella iglesia, que solo era un cuento de niños, mientras que Tabitta se aferró tanto a aquella idea que tenía el sueño irrisorio de ir alguna vez a ver a su madre, como si fuera a ir a Disneylandia. Pero como dijo el pastor, los planes de Dios se dan cuando son el momento, no cuando querramos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR