Cap 11 Conocerla

1124 Palabras
Grecia no negaría que salía con Noa. “No sabía que me seguía”. Julia la regañó, su tono era fuerte. “Debiste tener más cuidado”. Podías notar su molestia. “Ahora arregla el problema, no quiero gente desconocida aquí de nuevo”. Grecia aceptó lo que la mujer decía. Grecia aprovechó que estaban solas para informarle de sus planes. “Pronto terminara mi contrato, vendré a vivir aquí”. Julia le dejó claro que no la quería ahí. “Esta es mi casa”. Grecia no lo discutió. “Lo sé, compraré alguna cerca y empezaré una escuela de ballet”. Julia resopló. “¿Escuela de Ballet? ¿Aquí? Vas a quedar en la ruina”. “Igual voy a intentarlo”. Decretó. No le importaba lo que dijeran los demás, ella intentaría salir adelante. Julia la ignoró y fue al comedor, la sirvienta ayudó a Lalo y Noa sirviendo la comida. En Monterrey… La mansión de los Alarcón era inmensa, llena de habitaciones y elegancia por donde la vieras, Una mujer de cabello n***o largo y lacio paseaba por el jardín junto a su empleada de confianza. “Señora Isabel deberíamos de entrar”. Estaba preocupada por su condición. La mujer le dio unas palmaditas en las manos. “Hoy es un día muy cálido, déjame disfrutarlo”. Miraron ambas el cielo azul con el sol radiante. Pronto apareció una mujer también mayor “¡Isabel! ¡Isabel!”. Ambas mujeres se detuvieron esperando a la otra, llevaba ropa elegante y un paraguas floreado. “Te he estado buscando”. Estaba agitada. Cerró su paraguas examinando a las mujeres. “Martha ¿Por qué están afuera? Isabel puede enfermarse”. La empleada bajo su cabeza con vergüenza. La señora Isabel la defendió. “Déjala en paz Lorena, yo quería salir”. Lorena resopló y miró a todos lados. “Necesitamos hablar”. Isabel se quedó en silencio por unos momentos, Martha la empleada habló. Las dejaré un momento”. Se retiró dejándolas solas. Lorena al ver que la mujer se fue se acercó a su cuñada. “Mi vecina Luisa está buscando una maestra de piano, es una oportunidad única”. Lo dijo con mucha emoción. La señora Isabel abrió mucho sus ojos pensando en las palabras de su cuñada. Lorena sacó de su bolso unas fotos. “Mira, ¡Esta hermosa! Ha crecido tanto…” La señora Isabel tomó las fotos admirando a la pequeña Ema, una sonrisa apareció en sus labios. Al ver la reacción de su cuñada aprovecho y siguió hablando. “Puedes quedarme en mi casa y le diré a Luisa que eres maestra, podrás convivir con ella”. Isabel devolvió las fotos. “No puedo hacerlo”. Camino de regreso a la casa. Lorena la detuvo. “¿Por Gustavo? No crees que ya es tiempo de que dejes que te maneje”. Isabel se quedó en silencio, cuando era joven amaba tocar el piano, estaba en una escuela de artes muy reconocida y era feliz, hasta que sus padres le informaron que se casaría con el hijo de la familia Alarcón, ella ni siquiera conocía a Gustavo en ese tiempo, hasta el día de la boda. Gustavo nunca fue malo con ella, pero sí distante, ellos no se conocían mucho menos se amaban, era un matrimonio arreglado. Ella no podía tocar más ante la gente que es lo que más amaba, ahora era la señora Alarcón y debía presentarse en reuniones, fiestas y acompañar a su esposo a todos lados, lo único que la alegraba era volver a casa y tocar el piano que estaba en la gran sala, hasta que resultó embarazada, Emanuel y Farid fueron muy seguidos y eran muy traviesos, un día Farid cayó del piano y se lastimó, Gustavo decidió deshacerse de él sin consultarlo. Ella lloró mucho en su habitación, en silencio, no quería molestar a su esposo, eso era lo que sus padres le habían enseñado, ser obediente y nunca replicar. Los años pasaron y nació Jimena, su vida se volvió monótona y carente de sueños y deseos, solo comportándose como la mujer más respetada del campus más importante de la ciudad. Tenía miedo a cada paso que daba, no podía equivocarse, pasó el tiempo y ella enfermó de los nervios y de ansiedad aunado a que padecía asma, todo fue complicando su salud. Lorena siempre trataba de persuadir, hacerla cambiar, pero fue inútil, después se casó y se mudó a otra ciudad, resultó vivir en el mismo barrio donde vivía Luisa con Ema. Se hizo amiga de Luisa la madrastra de Grecia y así fue como se enteró que la pequeña era hija de Emanuel. Siempre que podía le entregaba fotos a Isabel de la niña, pero por miedo nunca se animó a ir a visitarla, además de tenerle pavor a que su marido se enterara que tenía una nieta. “Isabel, esta pequeña está creciendo muy rápido y si no lo intentas sé que te arrepentirás tarde o temprano. No te pido que le digas quién eres, solo dale clases, enséñale a tocar el piano, te darás cuenta que es una niña con un gran corazón y un gran talento”. Hizo un último intento. Isabel negó. “Dejemos de hablar de esto, ya te he dicho que no vengas a causarme problemas con tu hermano, no iré”. Ella se dio la vuelta dejando a la mujer de pie resignada, intentando por años convencerla de acercarse y conocer a la niña. En la ciudad de Rosario… Grecia se acercó a la mesa hablando. “Ven te daré un baño”. La pequeña alzó sus brazos y al estar con Grecia se recostó en su hombro. Lalo feliz le dijo. “Yo me quedaré con Noa”. Grecia espero la respuesta de Noa, él inmediatamente aceptó. “Te espero aquí”. Ellos se fueron al jardín a tomar el aire, se sentaron en unas sillas en la sombra mirando el lindo jardín, siguieron platicando de fútbol, ambos eran jugadores. Grecia ayudaba a la pequeña a vestirse después del baño, la niña levantó la mirada mientras Grecia secaba su cabello con la toalla. “¿Es papá?”. Grecia cargo a la pequeña y la sentó en sus piernas. “No. Pero… ¿Te gustaría?”. La niña lo pensó y al final levantó sus hombros en señal de indiferencia. No sabía qué contestar. “Yo solo quiero estar con mami”. Grecia la tomó en sus brazos. “Yo también, te quiero mucho, eres mi sol”.
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