Cap 12 Ten Cuidado

1161 Palabras
Grecia no quería soltarla, la extrañaba mucho y se dio cuenta que la pequeña estaba creciendo muy rápido. “No te preocupes, mamá siempre estará para ti, pronto vendré a vivir aquí”. La niña estaba emocionada. “¿De verdad?”. Grecia afirmó. “Buscaré una casa cerca de aquí, para que sigas viendo a tu nana”. La niña se levantó brincando. “¡Si! ¡Mamá vendrá a vivir conmigo!”. Grecia la detuvo poniendo un dedo en sus labios haciendo la señal de silencio. “!Shhh¡, Recuerda”. La niña se sentó y dijo bajito imitando el gesto de Grecia. “No deben saber que eres mi mami, es un secreto”. Grecia sonrió alegre de que su hija fuera tan inteligente. “Bien, vamos a terminar de cambiarte”. La niña se levantó parloteando sobre sus cuentos y muñecas, Grecia la escuchaba atenta mientras terminaba de arreglarla. Abajo… Después de charlar un buen rato de equipos quedaron en silencio, Lalo miró al hombre. “¿La quieres?”. Noa se giró y afirmó rápidamente. “Si, le pedí que nos casáramos”. “¿Aceptó?”. Lalo estaba intrigado. Grecia era su hermana mayor, a pesar que en el pasado no tenían buena relación, la vida y las circunstancias lo hicieron madurar y darse cuenta que era una buena mujer que lo apreciaba. “No precisamente…” Noa recordó la última conversación que tuvieron, ya habían pasado muchos días. Lalo al ver a Grecia bajar, se levantó de la silla. “Fue un gusto conocerte, espero volver a vernos”. Grecia se acercó. “¿Te vas?”. Se sentía triste por no tener tiempo de conversar. “Tengo que volver, las finales están en puerta, solo pase a ver a mamá y a Ema”. Lalo se despidió de ella con un abrazo. “Cuídate mucho”. Grecia se despidió. Lalo los dejó para ir a ver a su madre y a Ema. Grecia se sentó dónde estaba Lalo. Después de un largo silencio, ella declaró. “Es mi hija”. Noa no dijo nada, lo sabía desde que vio a la pequeña. Miraba su bebida mientras la movía en círculos. Grecia empezó a contarle parte de la historia. “Tenía 19 años, era joven e inmadura, además de muy ingenua”. Se rio al decirlo. Noa la escuchaba. Ella siguió. “Nadie debe saber de ella Noa”. Dijo esto con mucho miedo. Su voz se escuchaba angustiada. “¿Por qué?”. El sintió que algo no estaba bien. Grecia se observó los dedos y jugó con su anillo. “Es complicado…” “Entiendo… No diré nada”. Noa se dio cuenta que ella no quería hablar del tema y no preguntó más. Tomó su mano besándola para después declarar. “Te amo Grecia”. Ella sonrió. Se acercó a él besando sus labios. Se sentía afortunada de tenerlo en su vida, Grecia aprovechó para darle la noticia. “No puedo quedarme en el equipo, he esperado mucho tiempo para poder regresar aquí y vivir al fin con mi hija, espero que lo entiendas”. Noa no supo qué decir, eso significaba que él se quedaría en Monterrey mientras Grecia viviría aquí, volverían a estar separados. No podía dejar a los centuriones porque acababa de firmar un contrato. Ese día se quedaron en la casa, Noa durmió en la habitación de Lalo y Grecia con la pequeña. Al día siguiente salieron los tres, pasaron el día muy animado, la pequeña dejó que Noa tomara su mano mientras caminaban por la calle, Grecia sintió calor en su corazón al verlos juntos, deseaba que fuera así siempre. Al día siguiente se despidieron, Noa se puso a la altura de Ema. “Me dio mucho gusto conocerte pequeña”. La niña lo abrazó. Noa terminó diciendo. “Nos veremos pronto”. Grecia abrazó y besó a su hija sin querer soltarla, Ema le susurro. “Si quiero que sea mi papi”. Grecia observó el rostro de su hija perpleja, estaba feliz de que su hija aceptara a Noa. Siguieron abrazados hasta que Julia apareció arrebatándole la niña que inmediatamente lloro en el hombro de su nana. Grecia la consoló. “Vendré pronto”. Grecia y Luisa no tenían una buena relación, con los años se entendían poco, pero con Ema era diferente, siempre la trato y cuido bien desde que era bebe. Emma la quería mucho. Para ella era su abuela. Noa ayudó a Grecia a subir al auto. Y regresaron a Monterrey. Ella observó los complejos. “¿A dónde vamos?”. Era una parte de la ciudad muy lujosa. “A mi departamento”. El estacionó el auto y salió, Grecia miraba por la ventana el lugar. Noa abrió su puerta y la ayudo a bajar. Tomó su mano para caminar juntos, Grecia estaba algo desconfiada diviso toda el área. “Podrían vernos”. Noa negó. “No lo creo”. Levantó la mano que llevaba agarrada y besó su dorso para tranquilizarla. Ellos entraron al lugar, no muy lejos de ahí, Jimena estaba estacionada, apretaba el volante fuerte, empezó a golpearlo sin parar despeinándose. “¡No! ¡No! ¡No! ¡Por qué ella! ¡Maldita! ¡Maldita!”. Gritaba dentro del auto. Llamó a Noa desde el viernes y él no contestó, fue a buscarlo y nunca salió, no lo encontraba por ningún lado, estaba desesperada, decidió quedarse a esperar que llegara, nunca se imaginó que estaba con Grecia. Al abrir la puerta del departamento Grecia entró observando todo alrededor, era muy elegante y caro. “¿Este lugar? ¿Lo compraste?”. Noa negó encendiendo el aire acondicionado. “Es un beneficio que la universidad me ofreció por ser foráneo”. “Eso es mentira”. Grecia se burló de la idea. Noa estaba confundido. “¿Es mentira?”. “Noa… Debes tener cuidado con esa familia”. Grecia tenía miedo, Noa no conocía a los Alarcón, eran de cuidado. “Deberías investigar con los jugadores lo que te digo, nadie tiene ese tipo de privilegios en esta organización”. “¿Qué dices? Son muy amables y me han tratado muy bien”. No comprendía porque Grecia decía esas cosas. Ella trató de advertirle. “El señor Alarcón no da un paso si no tiene algo planeado a su beneficio ¿Entiendes?”. “¿Cómo crees eso? Es un buen hombre”. Noa se rió de las palabras de Grecia Grecia intentó seguir, pero Noa no la dejó, se acercó besándola. “Olvida eso, quiero tenerte en este momento”. Se apoderó de sus labios de nuevo, Grecia se perdió en los besos…
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