Después de que Rogelio se fue, Grecia fue directo a la habitación, donde Doris lloraba en silencio, al ver a su amiga aseguró. “Se acabó”. Grecia entendió de inmediato y se acercó a su amiga abrazándola.
Unos días pasaron…
Grecia seguía preparando a las animadoras, ahora ya con Jimena más metida en la organización, daba su opinión y cambiaba cosas, Grecia las aceptaba sin decir nada, los cambios que hacía no le beneficiaban al equipo y en el futuro se iría para abajo, el próximo concurso estaba en puerta y las estrellas no estaban listas por el cambio de coreografías o pasos. Doris tampoco se quejó, le dio la oportunidad de que hiciera lo que quería.
En el otro lado de la cancha, Noa entrenaba acoplándose al equipo, en momentos buscaba a Grecia con la mirada, no había tenido la oportunidad de hablar con ella en persona solo por mensaje o llamada, deseaba verla y abrazarla, cuando quería hacerlo siempre aparecía Jimena para interrumpirlos, sentía que Grecia se alejaba de él poco a poco.
Jenni hizo lo que Grecia y Doris le recomendaron, salió del equipo, por ella entró una mujer amiga de Jimena y fue directamente nombrada como capitana, algunas de las estrellas estaban molestas, ya que no hizo pruebas y solo entró por ser amiga de la hija del dueño, todo estaba yéndose al demonio.
La fama de Noa iba en crecimiento, le fue excelente en los primeros partidos jugados, era toda una celebridad.
Por la noche Grecia y Doris cenaron, cada una se fue a dormir, Grecia se dio un largo baño, estaba exhausta de todo, verificó el calendario y se dio cuenta que pronto sería fin de mes, ella realizaba un viaje varios fines de semana, pero con todo lo que estaba pasando se retrasó. Decidió ir al siguiente día. Se acostó en su cama y durmió profundamente.
Más tarde por la madrugada, alguien entró a su habitación, levantó las sábanas y se acostó rodeando a Grecia por la cintura, pequeños besos la despertaron. Grecia abrió los ojos y se encontró con Noa. “Hola”.
Grecia no dijo nada, en el fondo estaba feliz de verlo. Miraba detenidamente su rostro tomándolo con sus manos.
Noa besos sus labios. “Te extrañe”. Siguió besándola hasta que el ambiente se puso algo pesado, el calor empezó a subir, Grecia dejó que el subiera y siguiera el ritmo. La noche se hizo larga.
Por la madrugada Grecia despertó, se levantó de la cama buscando su pijama, se dio una ducha y se alistó tratando de no hacer ruido. Noa despertó ligeramente. “¿Qué hora es?”.
Grecia revisó su teléfono. “Las 6 am”.
El bostezo, volvió a la almohada y se durmió
Grecia hizo una pequeña maleta y salió dejando una nota. “Regreso el lunes”.
Doris salía de la cocina con pan tostado en un plato y café. “¿Te vas?”.
Grecia se acercó a su amiga dándole un abrazo. “Si”. Le robó uno de los panes a su amiga mordiéndolo. “Me quedaré el fin de semana”.
Doris bostezo. “Salúdamela, dile que pronto iré a visitarla”.
Grecia informó del visitante. “Noa está durmiendo”. Doris comprendió y regresó a su habitación.
Más tarde Noa despertó, buscó a Grecia y no la encontró, se vistió saliendo de la habitación, Doris miraba televisión. “¿Dónde está Grecia?”.
Doris sin girar a verlo comía palomitas. “Ella salió de viaje a visitar a su familia”. Grecia solo tenía una madrastra y un hermanastro a los que casi nunca mencionaba. Como Doris no quiso informarle la dirección volvió a la habitación, busco entre las cosas de Grecia y encontró recibos de cosas que se enviaron a una dirección en otro estado.
Salió del departamento y después de pensarlo un poco condujo hasta esa dirección. El auto que traía era nuevo y se lo prestaron en la universidad, habían sido muy atentos y amables desde que llegó, dándole de todo a placer.
Al llegar a un suburbio, observó algunas casas, vigilo y dio algunas vueltas hasta encontrar la dirección, en ese momento un taxi llego, Grecia bajo cargando su maleta y pago al chofer, después caminó hasta la puerta de la pequeña casa, Noa se estacionó bajando del auto, caminó hasta ella.
Busco las llaves en su bolso y al sacarlas abrió la puerta, fue cuando escuchó la voz detrás. “Grecia”.
Grecia se giró perpleja. “Noa ¿Qué haces aquí?”. Una mujer salió a recibirla. Era alta y muy delgada, tenía el cabello rubio, llevaba ropa fina y joyas. “Estás aquí”. Después miró al hombre detrás de Grecia. “¿Quién es?”.
Noa imagino quien era la mujer. “Buenas tardes señora, soy Noa amigo de Grecia”.
La mujer dudó en darle la mano, al final por cortesía aceptó. Los tres entraron a la casa, el lugar era pequeño pero acogedor, lo curioso es que había cosas de niños, juguetes, un triciclo.
De las escaleras bajó un joven. “¡Grecia!”. Se lanzó a abrazarla, ella sonrió al tacto. “Hola Lalo, estás muy alto”.
Él estaba feliz de verla. Giro su rostro a Noa. “¿Tu? Eres Noa Santiago”.
Noa amablemente saludo. “Hola”. Estrecharon las manos.
En las escaleras estaba de pie una pequeña niña, escondida entre la pared mirando a la gente, Grecia sonrió al verla. “Hola pequeña”.
El rostro de la niña se iluminó. Bajó corriendo y se lanzó a los brazos de la mujer.
“Es bueno verte”. Grecia dijo aspirando su olor, amaba a la niña. “Hola tía”. Mencionó tiernamente la niña.
Los ojos de Grecia estaban iluminados al ver a la pequeña. “Ema ¿Cómo has estado?”.
“Bien”. Contestó la pequeña volviendo a abrazarla.
Noa en silencio miraba toda la escena.
Lalo tomó a la niña en sus brazos. “Es hora de la merienda y esta pequeña debe comer”. Al cargarla, le hizo cosquillas en el vientre, la pequeña soltó una carcajada, saltando en sus brazos. Lalo invitó a Noa. “¿Quieres acompañarnos?” Noa aceptó. “Claro”. Camino detrás de Lalo intrigado por todo lo que pasaba.
Grecia se quedó con Julia, su madrastra. “¿Es el hombre con el que sales?”. Preguntó la mujer mayor.