PRIMERA PARTE~El Miedo~ Capítulo 7

1225 Palabras
Niall Se ve demasiado hermosa, tan sexy y sin lugar a dudas, se mueve como una diosa en la pista de baile. Lo único que está sobrando en esta hermosa visión, es el idiota que baila con ella, que reconozco como el mismo idiota que se la llevó hoy del trabajo... Y en la fiesta de su padre, ¡Si, también bailaban esa noche!. Y ya no lo soporto más... Me prometí ese día en la casa de Eduardo, no sucumbir al deseo que sentí con sólo mirarla... Es su hija y él más allá de ser mi mentor y amigo de mi padre... Es también un buen amigo mío. No puedo, por mucho que me tiente la idea, jugar con ella. Además es demasiado joven y seré yo quién le enseñe el trabajo en la compañía... Está tan prohibida para mí y mis instintos, que creo que ese es el motivo por el que ha nacido está necesidad de al menos mantenerla cerca. Pero hoy vi algo parecido a los celos en sus ojos y sus palabras estaban cargadas de reproches. Esa mujer no es nadie, ni lo será... La mujer de un socio, que está obsesionada conmigo y preferí alejarla de Josefa, antes de que su presencia la desestabilizara. Si, está un poco loca y necesitamos cerrar ese acuerdo con su marido, necesitamos su influencia para entrar en un mercado tan difícil... Sé que despierto cosas en ella, llámenme arrogante, pero conozco de sobra mi atractivo. Debo aprovecharlo a veces. Sólo no contaba con que Josefa se pusiera difícil y me negara la posibilidad de llevarla a su casa, menos por ese niño insignificante. Entonces, han sido las dos semanas más difíciles de mi puta existencia. Ella potencia uno de mis defectos: Soy posesivo, siempre lo he sido y a pesar de que hace mucho tiempo no tengo una relación estable (me acomoda más las cosas de una noche, si es muy buena en el sexo, puede extenderse hasta en una semana... Más de eso nunca) Bueno, está muchachita me tiene esclavizado, quisiera atarla a mí y que no pueda ver a nadie más y sé que suena enfermizo, pero ¿Has sentido alguna vez, que la sola presencia de alguien, hace más respirable el aire, más fresco?. ¿Qué tienes Josefa?¿Porqué justo ahora pierdo el control y camino directo hacía ti?¿Porqué no puedo controlar mi impulso de atraerte a mi cuerpo?¿Porqué necesito tan urgentemente sacarte de este lugar y llevarte lejos de la mirada de todos estos buitres que te miran con cara de querer comer de ti? Cuándo me doy cuenta ya es demasiado tarde... La he llevado afuera de la discoteca y la he subido a la parte trasera del auto. Mi chófer ha entendido y empieza a manejar con destino a mi casa en la playa. No suelo llevar mujeres a mi casa o a mi departamento, pero Luis me ha visto comportarme como otro hombre, desde que apareció Josefa. Está sentada frente a mi, sus piernas expuestas, demasiada piel expuesta... su respiración agitada y un poco de sudor en su frente. La vi bailar por horas... Es obvio que este acalorada... Pero ese dulce rubor en sus mejillas y el brillo de sus ojos... Eso no es el calor del baile y la pista... Es deseo, puro y duro y yo lo conozco bien. -¿A dónde vamos, Niall? - A un lugar donde podamos hablar... - ¿Paso algo? - Muchas cosas. - Niall... - Shhh... Hermosa...- Estiro mi mano, ya no lo resisto, ni una milésima de segundo más... Si debe arder el infierno, que arda con toda la fuerza que sea capaz.- Ven aquí...- No lo duda ni por un segundo, sabe exactamente lo que quiero de ella y me lo da. Levanta un poco su vestido y se sienta en mi regazo, acomodando cada una de sus piernas al costado de mis caderas. El primer contacto es sublime y lo sé por que su cabeza se echa hacía atrás y sus ojos se cierran, mientras un pequeñísimo gemido, se escapa de sus labios entreabiertos. - Mirame hermosa- Sus ojos se clavan en los mios, mis manos recorren sus muzlos suaves y cálidos. Un tenue movimiento de sus caderas, me transporta, estoy duro y listo. Mi mano tiembla un poco mientras va a tomar la delicada tira que sujeta su vestido a sus hombros y su piel se estremece con el roce de mis dedos mientras deslizo la tela exponiendo sus blancos senos. Son pequeños y firmes... Perfectos y suaves. Sus pezones se endurecen ante mi mirada y mi mano tiene vida propia al dirigirse a acariciar sólo con la yema de mis dedos. - Niall... - Josefa...- Mi boca se prepara para besar esos senos perfectos, pero contra todo pronóstico, termino atrayendo su boca a la mía y la sensación es electrizante, no soy un hombre de besos... Mis labios y mi boca pueden darle un placer delirante a cualquier mujer, pero un beso es más íntimo... No lo sé, másde sentimientos... Pero justo aquí y ahora, los labios de Josefa me hacen sentir, como si fuera un vaso de agua fresca en el desierto. Mi mano en su nuca, nos guía, sus manos en mi rostro, me acunan... su sexo cubierto sólo por una fina capa de encaje acaricia mi sexo por sobre la tela de mi pantalón. Mi cuerpo quiere fundirse con de ella y el camino parece eterno, por lo que trato de enfriar un poco mis pensamientos. Estoy definitivamente perdiendo la razón. Miro por la ventana y por suerte estamos sólo a unos 10 minutos de llegar. El cuerpo me domina y su aroma es intoxicante, siento mi sangre hervir, mientras pruebo uno de sus deliciosos pezones. No hay nada aquí que se pueda enfriar, sólo nos queda dejarnos caer en picada al infierno. Sus gemidos son suaves, a pesar de que sabe de sobra que Luis no puede vernos, ni escucharnos. Cuando voy por su cuello con mis labios y una de mis manos se vuelve atrevida y hace a un lado su diminuta tanga, su cuerpo parece recibir una descarga eléctrica que la sacude... - Dios... Niall... Por favor...- Su voz es una melodía suplicante, erotismo puro. - Ya vamos a llegar, hermosa.- Su boca busca la mía y siento que podría hacer combustión instantánea, sólo con sus besos. - ¿Sabes que esto está mal? - Ya no podía soportarlo más, Josefa... - Creo que yo tampoco... El auto se detiene, justo en el momento en que mis dedos entran en contacto con su humedad. - Hemos llegado, por fin.- Siento la puerta del auto cerrarse mientras le acomodo el vestido. Y luego la puerta del garaje, Luis nos ha dado privacidad. - Vamos, hermosa. La ayudo a bajar y pongo el código en la puerta, mientras Josefa me espera ansiosa. Tomo su mano y la hago entrar. Me inclino a besarla y aprovecho para levantarla y enrollar sus piernas a mi cintura. Y la llevo a mi habitación, no estoy pensando, pero dios, si de sentir se trata... No me detengo hasta que puedo dejarla caer suavemente sobre mi cama. Y por más que lo intento, no puedo encontrar una razón por la que echar marcha atrás o arrepentirme.
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