Después de eso, me atormento durante un año entero, convirtió mi año de secundaria en un infierno, solo porque no acepte ser su maldita segunda opción. El andaba con una y con otra, pero admitía que yo le gustaba ¿Como alguien podría ser más imbécil?
Y lo que más dolió, fue en la manera que me gustaba; me gustaba mi mejor amigo.
Parecía que ya lo había olvidado todo, hasta tuve un novio y poco a poco, fui olvidando. Al contrario de Adam, que estaba soltero y solo se molestaba en ser un imbécil, la mayoría de las veces, era contra mí; me hacia la vida imposible, me trataba como basura. No importaba, ya que tiempo más tarde, me fui de la ciudad cuando mis padres se divorciaron.
No volví a ver a Adam sino hasta tres años después, cuando decidí volver con mi padre en mi último año de preparatoria.
Adam solo me ignoraba, vaya que, si lo hacía, o al menos lo intentaba. Yo me había convertido en la idiota que lo miraba tras una cortina, esperando a que algún día, este volviera a mí.
No sabía porque había decidido destrozarme de esta manera.
¿Así de masoquistas somos con nosotros mismos? Que, aunque sabia que el era malo, me gustaba.
Capítulo 1
Salía de ducharme, olvidé la toalla sobre el sofá y corrí por la habitación. — ¡m****a! — masculle antes de tumbarme en el suelo, Adam estuvo a punto de verme mientras miraba su ventana. No era una casualidad que la ventana de Adam diera a mi habitación, sus padres eran los dueños del edificio y al volver de la facultad, alquilo ese departamento.
Se removió la camisa y la tumbo sobre su cama. Luego llevo su cuerpo hasta la ventana apoyando los codos del marco, seguí observándolo tras la cortina. —Es un puto Aquiles— pensé.
Robábamos cervezas del quiosco, nos escondíamos bajo su cama, nos reíamos de los gatos cogiendo sobre el techo y le escupíamos a las personas en la planta baja. Estuve ahí cuando se rompió la pierna montando su primera motocicleta. Todo había cambiado desde aquella vez, cuando decidí irme y no se lo dije. De vez en cuando sus ojos se detienen en mí, como si tuvieran una fusión de melancolía y cólera. No lo culpo, yo también sentía lo mismo.
—¿Iras a la fiesta de esta noche? —me preguntó. Le negué con la cabeza y luego soplé el esmalte salmón de mis uñas.
—¿Porque no irás? — me preguntó la otra. Platicaba con Romina y Sabine, rubia y castaña de ojos claros, guapas; mis amigas.
—Hoy tendré una cena con los padres de Aarón— revise la hora en mi móvil, recogí mi mochila y camine hasta el aparcamiento del instituto.
Un amigo me beso la mejilla y me refugio entre sus brazos. —Hay está — su aliento roza mi piel. Roger es moreno, su piel es como un chocolate claro.
—¿De qué hablas? — pregunto apartándolo y remojando mis labios.
—Él está allí, sentado en su motocicleta — asiente. —Tiene rato mirándote.
Adam se detenía en el aparcamiento para recoger a una mujer del edificio de sus padres. El parecía muy interesado, y eso dolía, aunque parecía no importarme. No sabía que había regresado de la facultad hasta que nos encontramos en el montacargas; hablaba por celular, y aun creo que su teléfono no tenía pila.
—No entiendo porque no tomaste la iniciativa— yo tampoco lo hacía, supongo que lo más indicado era decir que era una cobarde. — es tan estúpido. El volvió de la facultad y tú también regresaste, ¿no es lo más lógico que se hablen?
—No sé de qué me estás hablando — Rodee los ojos desinteresada. —Me tengo que ir— No esperaría otra palabra al respecto.
Giré sobre mis talones y me perdí entre el interior del auto.
Me tomé una píldora y me recosté de la almohada grisácea de mi cama. Me duché y me vestí formal; un vestido azul con lentejuelas, plataformas y moño.
Camino a casa de mi novio, solo pensaba en lo rápido que iba con Aarón, ya hacia apenas unos meses que nos habíamos conocido y ya tenía que cargar con la responsabilidad de conocer a sus padres. Tenía la maldita obsesión de comerme las uñas cuando me sentía nerviosa. Y no sabía porque lo hacía, es decir, en primer lugar, yo no quería conocerlos. — Truc, truc, truc, truc — ¿Escucharon eso? fue el Volvo quedándose a un extremo de la calle, había olvidado llenar el tanque.
Ni un solo auto se detuvo. Entrecerré mis ojos al ver la luz de una motocicleta que cruzo sin siquiera desacelerar en algún reductor de velocidad. El olor a combustible me enfermaba al igual que el sonido de esas llantas derrapar a mis espaldas. Acelere mi paso, pero igualmente este siguió insistiendo hasta que mis pies se cansaron. Sabía quién era, reconocería claramente esa moto donde fuera, pero el orgullo me consumía.
Las luces de la motocicleta se esfumaron y Adam se estaciono. —¿Piensas caminar toda la noche? — me pregunto. Su voz era una fusión grave y algo seca.
— No, mi novio vendrá por mi— le respondí mirando alrededor en torno a mi desinterés.
Adam rio retirado el casco de su cabeza. — ¿No crees que se olvidó de que existías? — articulo esculpiendo una perfecta sonrisa.
Apreté la embocadura y las paletas de mi nariz se abrieron. Su comentario en realidad me había herido. No tenía ni una llamada en mi móvil, nada, ninguna señal de Aarón. Si de verdad quería que asistiera ¿porque ni siquiera se había preocupado un poco en llamarme antes de la cena?
— Ese no es tu problema— musite entre dientes. No le permitiría decir más basura. — Es mejor que te vayas antes de que el venga.
— ¿Y dejarte sola? — nuevamente rio. — No dejare que vuelvas sola a casa. Nadie vendrá por ti—bajo del vehículo y se acercó a mí de manera inminente.
Trague grueso, no sabía cómo sentirme, hacía años que ya no hablábamos. —Pierdes tu tiempo Adam, ya vete —mi voz se quebró, como si lo contrario emanara de mí.
Devolvió el casco a su cabeza. —Tonta, ¿te vas a quedar a mitad de la nada?
Suspiré y mordí mis labios. —subiré m*****o imbécil— encasillé el casco sobre mi cabeza y me subí amarrando mis brazos de su torso. Era tallado, pero su piel estaba tan fría como la noche.
Las calles rodaban al igual que los destellos transitorios de los focos. Era la primera vez en muchos años que había subido a una motocicleta y créame, no me importaba desgarrar ese feo vestido o despeinar ese ridículo moño.
—¿A dónde vamos? —cuestione como si de verdad me importara a donde me llevara.
Me enseño el perfil de su rostro y me sonrió. —Ya verás— a lo que yo asentí mientras observaba como el matiz de la ciudad se perdía.
Llegamos a la vieja estación de la ciudad frente al cartel de paso. Nos estaciono junto a un foco y luego se bajó llevando consigo un par de cervezas hasta el mirador del cartel. Le seguí el paso, subiendo por las escaleras. Nos acomodamos al borde de la baranda, no sé porque, pero tenía unas ganas inmensas de abrazar a Adam.
—Te ibas a sentir muy estúpida si me dejabas ir— sugirió. Se a lo que se refería con esa estúpida ironía.
—¿Como tú lo hiciste conmigo? —masculle. —¿Estas molesto porque me fui?
—No— escapó de sus labios. —estoy molesto porque te fuiste sin decírmelo. Cambiaste tu m*****o número, te llevaste tus cosas y me entere tres días después de que te habías ido— todo en sus ojos andaba mal. —Fui a buscarte a la ciudad y resulta que ya te habías ido de nuevo— destapó una lata de cerveza. —¿Como esperas que me sienta Christine? Si prácticamente te valí v***a, quiero creer que el divorcio fue el culpable de esta m****a.
—Adam, por favor, no metas al divorcio en esto, fue tu culpa también. Estabas a punto irte a la facultad y te la pasabas tan ocupado intentando ser un grandísimo idiota, que nunca respondiste a los mensajes de voz que deje en tu contestadora.
—No, Christine, te alejaste. Conseguiste un novio, fuiste muy feliz ¿no? — la cólera en sus palabras era visible e hizo una breve pausa. — Por eso me olvidaste.
— Si, tuve un novio, pero sabes muy bien que tú también te alejaste; te alejaste solo porque no quería ser tu plato de segunda mesa. No te olvide, tú lo hiciste conmigo.
Restregó sus manos contra su cara. —Ella no era nada para mi Christine, tú lo eras todo— seco la humedad bajo sus ojos. —Solo lo siento ¿sí? fue hace tres años. Era un estúpido adolescente esperando a que algún día yo empezara a gustarte— su mandíbula se tensó.
— Me gustabas Adam— baje la cabeza. — Solo quería que fueras solo mío, que las cosas hubieran sido diferentes. Yo no era quien para quitarle el novio a nadie.
Tomo un rápido sorbo de la lata. — Fue una estúpida relación de secundaria, no significaba nada, ni antes, ni ahora, ni lo significaría después.
—Solo creí que así era, parecía muy importante en ese entonces. Uno en la secundaria no piensa las cosas claramente. — respire hondo. —Pero me dolió ver que te volviste una basura que solo intentaba molestarme.
Empuño sus manos. —Solo tenía tanta rabia, solo eso. ¿Crees que no sé qué fui una basura contigo? — suspiro dejando caer sus hombros. —hacíamos todo juntos, te extrañe y créeme que no es fácil admitirlo. Fue una completa m****a como lleve las cosas.
No sabía lo que Adam sentía. No me gustaba pensar en lo que habría ocurrido si hubiera hecho esto o que aquello de forma diferente. Las cosas ocurrieron de una manera tan anómala, pero ahora podíamos hablar cómodamente y olvidar los estúpidos que fuimos en la secundaria.
— ¿Que nos ocurrió Adam? — el embutió sus brazos bajo mis axilas y nos abrazamos fuerte. No ocurriría nada entre nosotros, ya no, solo tenía en cuenta una amistad y los dos sabíamos que, al concretar vidas separadas, seria así. —¿Porque fuimos tan estúpidos?
— Ojalá tuviera la respuesta.
Mi móvil comenzó a vibrar, Adam me soltó, era Aarón. —¿Es tu novio? — verifico levantándose.
— Si, es el. Está preguntándose en donde estoy — no tenía ganas de irme, pero tampoco podía evitarlo.
— Se supone que no deberíamos estar aquí— dijo con un tono algo acogido. —Creo que ya lo hiciste sufrir lo suficiente. Vamos, te llevo hasta allá.