Capítulo 4

2168 Palabras
El marcador está en 22-36, el equipo contrario nos está moliendo a patadas. Mi respiración se empieza a agitar, mis pies empiezan a doler. Ni siquiera pisamos sus talones. La expresión en nuestras caras sudorosas es de perdedores. La chica pelirroja está sentada distinguiendo el juego, me mira directamente, pero esquivo su mirada ya que no quiero desconcentrarme. Perdemos el juego y nos envían a las duchas. El entrenador zarandea sus documentos contra las losas del baño. Todo el equipo lo observa con atención. Todos somos unos perdedores, decepcionamos al entrenador Foster en uno de los juegos más importantes de la temporada. Me siento cansado y derrotado, aun no puedo creer el desastre que hicimos en el gimnasio. Al desocupar mi ducha, puedo escuchar las ovaciones del público animado. Sin embargo, nos robaron el triunfo limpiamente. Hay un pensamiento que aun merodea por mi cabeza: ¿porque la pelirroja frecuenta cada uno de mis partidos? No creo que sea por mí, solo es mi invención; no obstante, ella no aparenta ser de esas chicas aficionadas al básquet, pero nunca hay que juzgar al libro por su portada. No debería seguir acudiendo, me distrae entre los espectadores. Esa cabellera pelirroja destaca entre todo el alumnado. Tránsito por los pasillos en busca de la chica de Nueva Zelanda. Es causa perdida, se ha evaporado como un espectro. Deposito mis libros en el casillero para no aparentar ser una mula de carga al final de clases. Al cerrar la puerta metálica, miro hacia mis costados ya que me siento observado; La pelirroja está apoyada a un casillero, al cruzar miradas la chica se equilibra y sigue el paso de otros estudiantes. Debo impedir que se vaya, no la pierdo de vista al perseguirla por los pasillos. Se gira sobre los talones y se detiene de pie frente a mí. - ¿Quieres secuestrarme o que? – Indaga. -Mi familia no tiene suficientes ahorros para pagar un rescate- suelta una risotada. -No, solo quería preguntarte si eres fanática del básquet-curioseo. -es que me es imposible no distinguirte entre los espectadores en cada uno de mis partidos- -La realidad, es que mis opciones están limitadas entre el gimnasio y el baño hasta que encuentre amigos. ¿tú que preferirías? – -El gimnasio está bien, así puedo verte más seguido-giño un ojo. - ¿Qué tal, si me cuentas más de ti y obtienes fácilmente al amigo que solicitas? – -Son muchas cosas que tienes que saber sobre mi- -Tengo todo el tiempo del mundo o, mejor dicho, hasta que culmine el descanso- bufoneo. Nos acomodamos en los banquillos cerca del muro. Bea comenzó a contarme muchos detalles sobre ella. Es una fanática del rock-pop, su color favorito es el n***o porque realza el color pálido de su piel. Se mudó repentinamente de Nueva Zelanda debido a que su familia buscaba una mejor forma de vida, así que no les quedo más opción que mudarse. Al llegar a la ciudad, con los ahorros de la familia, su padre compro la tienda que anteriormente frecuente. Presume que tiene un carácter fuerte. Le encantan las botas de constructor, dice que la hacen ver ruda. Su mejor amiga se llama April Jones, ya que actualmente viven en países diferentes, siguen en contacto gracias al Skype y a las llamadas telefónicas. No es una gran entusiasta de los animales, pero solo un perro sería el indicado para ella. Su comida favorita no le es irrelevante, lo importante es que sea frita. En mi opinión esta pelirroja es muy única. Al final del descanso, ya sabíamos mucho de cada uno. Le conté casi todo, le hablé sobre lo distantes que son mis padres. Mi amor odio por mis hermanos. Que me gusta hablar mucho ya que me considero muy amigable con todos. Que mi color favorito es el dorado. Que soy muy detallista si se trata de obsequios. Que tengo un perro que se llama Mostaza. Que soy fanático de grupos como: Twenty One Pilots, Years & Years, The Chainsmokers y 5 Secons Of Summer. Que mis mejores amigos son Charlie, Mateo y Marcus también estudiantes de último año. Que mi comida favorita son los perros calientes con mucha mostaza y de allí la breve explicación del porque mi perro tiene el nombre de un ingrediente; no es mi culpa, solo tenía once años cuando lo nombre de esa manera. El timbre interrumpió nuestra platica, me apresuré a mi próxima clase, no quería forzarla a charlar más conmigo. Intervengo en el laboratorio de química con Mateo. Al ingresar al salón, ya tenía las gafas y la bata instalada. Me esperaba con una sonrisa satisfactoria, chocamos los puños. Hay algo que aun rondaba por mi cabeza: ¿porque Mat estaba tan interesado en el baile de bienvenida? debería interrogarlo para que se consuma mi curiosidad. El baile de bienvenida es como cualquier otro aburrido baile, vas de gala, llevas pareja y bebes ponche o alcohol, como lo prefieras. A el ultimo baile del instituto, asistí con Chelsea Wood. Nos abrumamos de la atmosfera de la fiesta y a media noche nos escabullimos a un restaurant fino; Mat y su entonces novia Heather, nos siguieron. Una huida entre pareja, se convirtió en una cita doble en un comedor. En esta ocasión, la soledad me acompañaría toda la noche o, mejor dicho, a el rubio y a mí nos acompañaría. Al final de la hora, transitamos un rato por los pasillos, inoportunamente nos cruzamos con Rachel. Ella se veía realmente estable, esperaba otra reacción de su parte. El rubio estaba muy relajado ya que no me atreví a contarle lo que paso esa noche con la prima de Rach. Mat la saludo como de costumbre y siguió su rumbo hasta los casilleros mientras yo permanecí junto a la morena para platicar un poco. -Gran fiesta Rach, no esperaba menos. Te veías realmente hermosa ayer- -Gracias Hol. No entiendo porque te fuiste tan temprano, pretendía bailar contigo- -Es que Mateo estaba muy ebrio. Tuve que cargarlo hasta mi auto y también mentí para que no se metiera en problemas con su madre. Rachel, por favor olvidemos lo que paso ayer. Él no sabía lo que estaba haciendo, tú lo conoces bien y Mat no es así. Solo perdónalo, tú eres una de las mejores chicas que conozco y sé que te sentiste muy incómoda con toda esta situación. Siento el mal rato que te hice pasar- -Por favor, solo olvidémoslo. Todo está perdonado, no te lamentes conmigo. Fue una de las mejores noches y me abrió una puerta que ni yo sabía que existía-me proporciona un beso en la mejilla y se traslada hasta un salón. Y yo seguí mi rumbo hasta la próxima clase. Me alegraba que la hermosa Rach estuviera bien. Hay algo que todavía no me entra en la cabeza, ¿Qué puerta se abrió anoche? No entiendo su juego de palabras, pero me gusta verla contenta y no la colocare nuevamente en una situación de la cual terminara herida, eso lo aseguro. Capítulo 7: La Rueda De La Fortuna Luego de clases, acorde con Charlie en encontrarnos en la nueva feria atracciones. Me acobardan un poco las alturas, pero con una malteada gratis se me pasa todo. No puedo contar con cuantas chicas Car ha traído a una feria de atracciones para ablandarlas comprándoles algodón de azúcar y peluches característicos. Es un mujeriego empedernido, pero hay un pasado de ese rubio que pocos conocen. Andy Miller, la hermana mayor de Miriam. Se conocieron en las clases de verano de octavo. Nunca antes había visto a ese rubio más enamorado. Ella era todo lo que el ambicionaba y termino mal al enterarse que Andy estaba saliendo con Peter, un chico universitario que empleaba en una cafetería. Mateo y yo, no podíamos creer que Charlie la acosara como un cachorro feliz a todos lados. Llego hasta el punto en el que dejo de juntarse con nosotros por un tiempo. La chica termino rompiendo esa supuesta relación como a una simple hoja en blanco. Quería sorprenderla comprándole sus bocadillos favoritos en la cafetería donde fortuitamente emplea Peter, y de verdad que Andy se llevó digna sorpresa al distinguir a ese rubio de pie junto a la puerta principal con lágrimas bajando por sus mejillas mientras ella se manoseaba con otro chico. Desde entonces, Char cambio su forma de pensar. Me asustaba lo vacío que concretaba ser, consiguió demostrarle a la fija cuernos que no la necesitaba. Entreno incansablemente e ingreso al equipo de futbol, y el rubio solo la evitaba cuando pretendía platicar para intentar arreglar el desliz con el otro chico hasta que se fue a una pasantía muy lejos de aquí. Contemplaba a las personas caminar de una atracción a otra desde una banca. Charlie y Heather ya habían tardado un buen rato. Empezaba a desesperarme ¿dónde estarán esos dos? Al girar mi cabeza, estacionaban el auto cerca de la entrada. Me levante al ver al rubio y a su novia encontrarme con la mirada y dirigirse hacia mí. Luego de saludarlos, a Charlie se le ocurrió comprar tickets para subir a la rueda de la fortuna y banderillas para merendar. Al aproximarnos a la atracción, las filas para subir eran kilométricas. Si pretendíamos subir hoy, teníamos que buscar una mejor estrategia. Así que se nos ocurrió colarnos frente a unos chicos distraídos. Nos colocamos disimuladamente en la fila. Poseía un presentimiento de que esos chicos descubrirían nuestro pequeño truco y nos sacarían a patadas. Al esperar algunos minutos, la fila progresaba, presumía que ya era nuestro turno de abordar. Deje pasar a Charlie y a Heather para que se sentaran juntos. Luego, al subir los escalones el portero me inmoviliza para señalarme que debo esperar al siguiente turno ya que eran los últimos asientos. En estos instantes de mi vida, no sería una sorpresa que me abandonaran mientras ellos se besuquean en sus asientos. - ¿Estabas en este lugar antes? – Mi respiración se aceleró al escuchar al chico detrás de mí. - ¿intentas colarte en frente de nosotros? - me atropella exigiendo atención. -Presumía que era mala idea subir a la rueda de la fortuna. Ese mamut con apariencia de pandillero me va a asesinar luego de sacarme a empujones de la fila. Me va a comer el cerebro y hará un festín con mis tripas- Pensé al estar de pie frente a él, pero antes de que consiguiera expresarle algo, una párvula vocecilla me interrumpió. -Modérate Mike, el viene conmigo. No había apreciado que se ubicara frente a nosotros en la fila, le solicite que reservara el lugar. Este es el chico del que te platique-se dividieron para que la pequeña pelirroja me acompañara en la fila. No deducía lo que había acontecido antes, pero esta chica me ha rescatado de una monumental golpiza. Bajaron a las personas del ciclo anterior, y ascendimos los del nuevo turno. Proporcione mi ticket y mi nueva amiga Beatriz Jensen me seguía el paso; Sobreentendí que ella subiría conmigo a la atracción. Nos amoldamos en un rotundo silencio, no conseguía desistir de observarla. Sus labios rosados me apetecían no la había disfrutado de esta manera, pero esta chica me ha cautivado del todo. Su cabellera con ondas y ese color tan particular la forjaban aún más atractiva para mis ojos. - ¿Apeteces tomarme una foto? - chasquea la lengua. Aprieto mis labios -Desde que subimos no desertas de contemplarme, me empalagas-concreta retirando mi cara para desviar mi mirada de ella. -Es que aún tengo una indagación: ¿cómo la melena de alguien se transformó así después de comer solo una zanahoria? - bufonee. Ella cubría su boca para no reír. -Eres un imbécil-Gruñe. - ¿Imbécil dices?, niego ser un imbécil solo por bromear con una chica hermosa-rodeo su espalda con mi brazo. Me zarandeo un poco cuando la rueda comienza a circular. -Estoy de acuerdo, no lo eres- aísla mi brazo de un atropello en vista de que a comenzando a ruborizarse -Pero si concurres a ser alguien muy deslumbrado, por poco no sales con signos vitales de ahí. Deberías compensarme por sacarte de un lio con mi medio hermano Mike- -De acuerdo. Gracias Beatriz por zafarme de una riña con tu hermano el grandulón- imito a un robot. -pero recapitula que tienes una deuda que saldar conmigo por devolverte los cigarrillos- -Yo no te correspondo nada, tú tienes una deuda de vida conmigo por…-interrumpo. -Favor por favor- extiendo mi mano para ofrecerle un apretón de cierre de negocios. -Hablando de favores, requiero uno para después. -Se me manifiesta encantadora tu propuesta, habla- comenta. Sus pupilas se expanden. - ¿Vas a asistir al baile de bienvenida? -adiciono. -Si, si voy a ir al baile-afirma. -Vamos a ir al baile juntos-corregí. -Te voy a deber un favor grandísimo, pero valdrá la pena, te lo aseguro-
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