Eres un imbécil-Gruñe.
- ¿Imbécil dices?, niego ser un imbécil solo por bromear con una chica hermosa-rodeo su espalda con mi brazo. Me zarandeo un poco cuando la rueda comienza a circular.
-Estoy de acuerdo, no lo eres- aísla mi brazo de un atropello en vista de que a comenzando a ruborizarse -Pero si concurres a ser alguien muy deslumbrado, por poco no sales con signos vitales de ahí. Deberías compensarme por sacarte de un lio con mi medio hermano Mike-
-De acuerdo. Gracias Beatriz por zafarme de una riña con tu hermano el grandulón- imito a un robot. -pero recapitula que tienes una deuda que saldar conmigo por devolverte los cigarrillos-
-Yo no te correspondo nada, tú tienes una deuda de vida conmigo por…-interrumpo.
-Favor por favor- extiendo mi mano para ofrecerle un apretón de cierre de negocios. -Hablando de favores, requiero uno para después.
-Se me manifiesta encantadora tu propuesta, habla- comenta. Sus pupilas se expanden.
- ¿Vas a asistir al baile de bienvenida? -adiciono.
-Si, si voy a ir al baile-afirma.
-Vamos a ir al baile juntos-corregí. -Te voy a deber un favor grandísimo, pero valdrá la pena, te lo aseguro-
Bea confirmo mi propuesta. Esta chica me gusta, seria pintoresco acompañarla al baile. Percibíamos desde lo alto a las demás atracciones. Mi cobardía se esfumo, me sentía agradable y lujurioso junto a Beatriz. Dialogamos soserías por un buen rato hasta que el portero ejecuto la seña para notificarnos que ya era la última vuelta. Al alcanzar nuevamente lo alto, no lograba desistir de admirarla, ella contemplaba a las personas que cursaban bajo nuestros pies. No podía renunciar a la oportunidad de hacer de esta una noche inolvidable que quizás marque en mi vida un camino diferente junto a ella. La invadí de la cintura aproximándola hacia mí hasta que conseguí que nuestras narices se tocaran sutilmente, acerque mi boca a la suya apoyándola con exquisitez y le robe un beso húmedo en los labios. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, se oponía, pretendía no desistir, pero me golpeo el rostro con su mano huesuda. Me aparte restregando el golpe en mi cara, ella me sonreía tocando sus labios. Presumo que no lo tenía previsto. -No. es muy pronto Holden- susurra bajando la mirada. Le devolví la sonrisa y la entendí completamente, yo soy un desconocido para ella. Nos conocimos la semana pasada y ya quería estar sobre ella, no lo pensé bien; en mi cabeza lo imaginaba mejor. Levante su cara con mi pulgar y le proporcione una caricia en la mejilla.
La rueda se detuvo, correspondía que bajáramos de la atracción. Curioseaba a esa melena pelirroja descendiendo de los escalones mientras yo le seguía el paso. -lindo t*****o- pensé. Alcance su mano entrelazando nuestros dedos. Quería presionar a esta chica, tenía que esforzarme para que no me olvidara. Ella se dejaba llevar, me inspeccionaba de reojo mientras caminábamos lado a lado. Charlie y Heather nos localizaron entre la m******d, Heather me proponía ladeando la cabeza que les anunciara a la chica de pie junto a mí.
-Ella es Bea, la pelirroja más candente del lugar- la bermeja magullo una de mis costillas con el codo.
-Un placer conocerte Bea- coincidieron. -Se ven lindos juntos- difunde Charlie guiñándome un ojo. Bea se decolora al escuchar a mi amigo.
- ¡Beaqueen es hora de irnos! -exclama Mike subiendo a la motocicleta.
Ella jadea al tener que desprender mi mano de la suya. Profeso que la estaba pasando bien, pero no puedo impedir que se vaya, se entrometerá en un lio con el musculoso si la retengo junto a mí. Se despide de mis amigos y se retira. No puedo dejar que se vaya así como así, algo tiene que pasar. La persigo para sujetar su mano, la llevo hacia mí para plantearle un último beso en los labios, ella aparta sus labios de los míos y me proporciona un abrazo que disfruto cada segundo. No lo sé, a mi parecer fue muy espontaneo. Percibo su respiración en mi cuello, mi cuerpo no quiere soltarla, pero tengo que dejarla ir. Nos separamos, ella camina hacia el estacionamiento donde la esperan, se gira para examinar mi fisionomía, me despido sacudiendo la mano mientras se subía a la motocicleta con Mike; los contemplaba alejarse hasta que se perdieron en la autopista.
(…)
Regrese a casa encandilado, no puedo olvidar lo que ha pasado en la tarde. Saboreo mis labios para sentir ese sabor a frutilla que Bea ha dejado sobre mi boca. Cierro mis ojos para inmortalizar ese mágico momento; será eterno mientras florezca en mi memoria. Me retracto al olvidar pedir su número. Ambiciono hablarle, contarle más sobre mí y estimo saber más sobre ella. No me sentía invisible junto a Beatriz, ella es una chica que me hizo sentir algo diferente, no consigo explicarlo con palabras.
En la cena, mis padres se encontraban de mal humor como de costumbre; Mabel jugueteaba con los espaguetis y Derek estaba lúgubre. Me siento afligido al entrar a casa y que no curioseen como había estado mi día. Anteriormente, ya hace muchos años, la atmosfera de la casa era feliz, familiar y llena de amor. Todo se malogro con el tiempo. La realidad no sé que nos pasó, ¿fue mi culpa? O necesitábamos alguna razón para ser felices. Me han invitado a cenar en otros hogares, poseía demasiada envidia de esas familias ilustres. Ellos se distinguían muy felices, compartían sus risas, sus bromas, se semejaba a una escena de una película y yo, el espectador que se entontece con tan maravillosos escenarios. Añoraba que mi vida, concurriera como en esos hogares.
Capítulo 8: Problemas Hormonales
Antes de acostarme a dormir, Derek entro a mi dormitorio inculcando mi armario. Presumo que quiere que le preste una camisa para alguna de sus sobresalientes fiestas. No me importa que tome prestada mi ropa sin pedirla, lo que si me molesta es que localice camisetas muy sucias en mi armario luego de su uso. Eso es tan impertinente, agradezco que solo tengo un hermano hombre; si Mabel también lo fuera, profeso que ya me hubiera vuelto loco. Pero el mayor patán de los Phoenix no arruinaría mi tranquilidad, al menos no por esta noche. Solo pienso en lo que paso hoy en la rueda de la fortuna, no puedo creer que me esté enamorando de Bea. Tengo muy claros mis sentimientos y actualmente quiero mucho más que una amistad con Beatriz Jensen. Solo el tiempo aclarara si es correspondido o si solo es una ilusión de adolescentes; aún queda mucho tiempo para concretar si quiero o no seguir con esto.
(…)
Comúnmente mi padre nos lleva al instituto, pero hoy es el día libre de Derek y le solicitó el auto a mi padre para ahorrarle transportarnos hasta allá. ¿acaso cree que Mabel y yo somos tan bobos? No puede ser. Sus intenciones son demasiado predecibles, quiere el auto para transitar un rato por la ciudad a hacer quien sabe que. En general el clima en la ciudad es cálido, pero estamos en tiempo de lloviznas que se presentan de la nada. Para nuestra mala suerte, poco antes de aproximarnos al plantel, comenzó una fuerte llovizna y Derek Se detuvo cerca de la entrada del instituto.
- ¿Por que te detienes aquí? -examina la mediana de ojos azules.
- ¿Cómo que por qué? aquí es la parte de la película adonde bajan del auto y se mojan en la lluvia entusiastas- Mabel y yo cruzamos miradas.
-No me voy a bajar aquí, conduce hasta la entrada-protesta.
- ¿O evacuan el auto ahora mismo o los llevo de vuelta a casa? La hora corre, propongo que tomen una decisión rápida, ya están llagando tarde irresponsables-
No podía cesar de reír al contemplar a Mabel discutiendo con Derek. Aunque es un despiadado obligándonos a mojarnos en la lluvia, sabe cómo hacer enfadar a la pequeña molestia. Yo no iba a debatir con ellos, así que me largué del auto y trotaba con todas mis fuerzas para no empaparme. No obstante, no valió la pena que me apresurara ya que el agua no paso desprevenida en mi ropa, fue un esfuerzo con un resultado predecible. Transcurría por los pasillos completamente mojado en dirección a la clase de Literatura. No concurría nadie por los pasillos, y no esperaba menos debido a que habíamos llegado sumamente tarde. No me atrevía a entrar a la clase en tal aspecto, decidí que me quedaría sentado en uno de los banquillos junto al muro a esperar que mi ropa se secara un poco.
— ¡Qué es lo que quieres! — descargó arrebatando mi mano de su espacio. De lo poco que la conozco, sé que no le gusta que invadan su espacio. Ni siquiera tolera que le hablen muy cerca porque intentara alejarse. Era otra de las cosas que no entendía de ella.
Mordí mis labios y respiré hondo con las paletas de mi nariz abiertas. —Tan solo quiero saber ¿Qué fue lo que escuchaste?
— ¿Escuchar qué?— articuló furibunda e irascible. No podía estar haciéndose la tonta.
Tomé un trago de la mesa y lo llevé hasta el fondo. Sequé la humedad de mi frente e intenté relajarme; quizás ya sabía todo y me estaba tomando el pelo. —Sé que estabas tras la puerta escuchando.
—Ya te lo dije. Subí al segundo piso y escuché música. Disculpa por arruinar tu noche de sexo con Rachel si es eso lo que te molesta.
¿Sexo? ¿Con Rachel? ¿Qué?
Yo tenía razón. La gente pensaría que hacíamos mucho más que escuchar música. Con la sociedad de hoy en día, pensarían que yo era un héroe y Rachel una r****a; no quería que eso pasara. Si lo permitiera, yo sería igual que esos imbéciles.
No me importaba lo iracunda que estuviera, pero de alguna manera tenía que saber y algo me decía que mentía. —No te creo.
—No me importa— tronó. Vi como sus ojos se humedecían y cerraba los parpados para intentar contenerlas. Tomé aire para decirle que lo sentía, pero lo dejé escapar por mi nariz; lo mejor era callar, había lastimado a una chica. —Si quieres que entienda que no pertenezco aquí, bueno, lo lograste.
Estaba en una ciudad nueva, en un instituto nuevo con personas nuevas; no conocía nada y se sentía una forastera. Eso me hizo sentir mal. Sobré todo yo, que sabía lo que era ser invisible. A mí me gustaba pasar desapercibido, pero creo que a ella le gustaría llamar la atención.
Me encontré con Matt; lo descubrí borracho en un sillón al límite del alcohol.
Rodeé mis hombros con su brazo y lo ayudé a caminar hasta el auto. Lo recosté del asiento t*****o, encendí en motor y salimos de la casa de Rachel. Ni siquiera me dio chance de despedirme.
Lo trasladé hasta la entrada de la casa, su madre lo esperaba con la luz encendida. Matthew se metería en muchos problemas si llegara en ese estado. El remordimiento en mi cabeza no me dejaría tocar el timbre de la entrada; tomé al embriagado trasladándolo de regresó y reacomodándolo en el auto para llevarlo a mi casa.
Subir las escaleras hasta mi alcoba con un chico ebrio e inconsciente y que mis padres no nos sorprendieran, fue tan dificultoso como ver a un nerd convertirse en estrella pop.
Me tumbeé en mi cama con la misma ropa de la fiesta, me sentía sumamente agotado. Exhalé sacando todo el aire y acomodé mi cabeza hacia un lado; Matt baDamianoba mi almohada al estar profundamente dormido.
prometió a su madre comportarse bien y que regresaría temprano a la residencia. La culpa me circula por las venas, ni siquiera le dije que dejara de beber, tan solo creí que sería bueno que olvidara todo con la espuma de las cervezas.
— ¡Despierta Matt! —escandalicé agitado golpeando su rostro con un par de dedos. —Tu mama está aquí, te está buscando para llevarte a casa. Vi su auto estacionado en la acera.
Precariamente se levantó de la cama sujetando su cabeza. El chico era impresentable, si su madre lo encuentra así: es hombre muerto. Las ojeras le rodeaban los ojos, no lograba estar de pie por si solo y las pupilas de sus ojos verdes; apagadas. Estábamos en problemas; el por embriagarse y yo por ocultarlo en mi casa.
Retenía a Matt de la camiseta para introducir su cabeza en la ducha, encendí la regadera y empapé su cara para que reaccionara. Le presté mi chamarra y uno de mis pantalones deportivos.
La señora Jules lo individualizaba mientras bajábamos las escaleras. A mi parecer estaba muy molesta; mi padre y mi madre estaban junto a ella. Se me puso la piel de gallina. Aspiré hondo y me prepare para los gritos de la mama de Matthew.
— ¿Dónde estabas anoche? — chasqueó la lengua cruzando las piernas. —Estaba muy preocupada, me comuniqué con la mama de Jonas y me dijo que estabas aquí. Quedamos en un acuerdo la noche anterior.
— Señora Jules, yo le explicaré. Me pase de copas anoche, Matt me trajo a casa y se quedó a asegurar de que yo me encontrase bien; lo siento, no quería que se molestara con él por mi culpa.
—Entonces, eso lo cambia lo todo— tartamudeó tomando con orgullo a su hijo del hombro.
La señora Jules le facilitó las gracias a mi madre por avisarle. Choqueé los puños con Matt para despedirnos y los Jules salieron de mi casa.
Mis padres se encogieron de hombros y se dirigieron a la cocina como si nada hubiera pasado. Me quede inmóvil por algunos segundos, esperaba que retornaran a darme un castigo por beber más de la cuenta.
Nunca paso, así que subí las escaleras hasta mi alcoba; sostuve una ajetreada mañana y tenía que prepararme para el instituto.
Al final de la hora, Matt y yo caminamos un rato por los pasillos. Oportunamente nos cruzamos con Rachel. Nos saludó como de costumbre y Matt siguió su rumbo hasta los casilleros mientras yo permanecí junto a ella para platicar un poco.
—Gran fiesta Rach. Te veías realmente hermosa ayer.
Solo intentaba ser cortes. Desaparecí de la fiesta y no me despedí de ella. Quería ser lo más amable posible porque esperaba que estuviera un poco molesta.
—Gracias Hol, pero no entiendo porque te fuiste tan temprano, quería bailar contigo— empujó mi hombro y yo me sobe para hacerle creer que en realidad me había hecho daño.
Acerqué mi boca a su oído y me aseguré que no hubiera nadie cerca. —Es que creí que Damiano sospechaba de mí. Ya sabes, con lo de la guitarra y todo eso.
—No te preocupes, ella no sabe nada Hol. Es buena persona y la trataste muy mal. Quiero que hagas las paces con ella y que intentes ser su amigo. Por favor, no conoce a nadie— suplicó. Rachel era realmente una buena persona y también era verdad lo que decía, me había portado muy mal con ella y al final, no tiene que ver en nada de esto.
—Bien, lo haré— vilmente entusiasmada, me plantó un beso en la mejilla y se trasladó hasta un salón. Y yo seguí mi rumbo hasta mi próxima clase.
Marchando por los pasillos camino a la cafetería, me topé con Damiano; estaba concentrada depositando algunos libros en su casillero. Al caminar hacia ella, solo pensaba en lo que me había dicho Rachel.
—Vamos libros, métanse por mí— susurraba para ella misma.
—No presiones a los libros para que se introduzcan a en tu apretado casillero, si ni siquiera los hombres quieren…— me detuve cuando su boca se abrió.
— ¿Puedes callarte?— bufó. Me miró de reojo y volvió a concentrarse en los libros. Ella seguía furiosa por lo que ocurrió en la fiesta y no esperaba menos, pero no me iba a rendir así de fácil, tenía que seguir intentándolo. Algo me decía que no era fanática del contacto visual, así que me le quede viendo para que me prestara atención. — ¿No tienes que ir a almorzar con tus amigos?
La ayudé a sujetar algunos libros que había dejado en el pasillo. —Habitualmente no tengo que almorzar con ellos todos los días. Usualmente Matthew se esconde en algún lugar del instituto y Charlie, bueno el solo le presta atención a Marnie. Algo podría cambiar hoy— me detengo a pensar.
Talló un mohín en sus labios y guío sus ojos hasta los míos. —Algo siempre cambia, pero por favor te ruego que no me hables de tus problemas Hormonales.
No, no ¿Qué? Espera, ¿Acaba de decir problemas hormonales? Lo obviaré.
—Al hablar de cambios, me refería a que tal vez tú quisieras sentarte junto a mí a comer en la cafetería.
—Bueno, no lo sé— empinó sus ojos hacia el suelo y reflexionó por algunos segundos. —Desde que llegué, mis opciones han estado limitadas entre el gimnasio y el baño. Creo que no me caería mal comer en la cafetería solo por esta vez.
Acomodados lado a lado en una de las mesas de la cafetería, Damiano y yo hablábamos sobre cualquier cosa. Era una buena chica. Tan solo esperaba que ella no arruinara mi trabajo. Si Rachel quería que hiciera las paces con ella, estaría dispuesto a hacerlo.
Ella no encajaba en este instituto, Damiano es muy real, no le importa si las personas la juzgan, no teme a ser quien en realidad es y por eso, ya le hablaba por mi cuenta. Por favor, ¿Cómo podría enterarse que yo era el chico con la máscara? Ni en un millón de años lo sabrá, no podrá reconocerme.