Capítulo 3

4301 Palabras
La realidad es que me quería en esa fiesta por una simple razón. Mat esta consiente de que Charlie va a asistir a esa fiesta con Heather a su lado. Se que le duele, pero no puede seguir disimulándole la cara a esos dos. La aceptación, es la fase que tiene que atravesar el rubio para llegar a ser libre del dolor que siente al ver a Charlie junto a Heather. Estoy al tanto de todos los truquillos de Char, ocasionalmente abandona a su novia para ir a acostarse con otras chicas; Esa porrista no es ingenua y sabe que no es suficiente para el rubio, y con alguien tan vacío como él cualquiera lo pensaría así. La verdad es que sigue amando a Mateo, pero es tan materialista como una diva, se embelese de los regalos caros del rubio rico. Es algo desesperanzador ver a mis mejores amigos con resentimientos por problemas muy tontos. Quisiera contarle a Mateo sobre mi Prometedora Invisibilidad en casa, pero por lo visto ya tiene muchos problemas para que acumule aún más. No digo que todas las chicas sean interesadas, pero en el caso del rubio adinerado, no ha faltado una caza fortunas. No sé cómo me sentiría si todos los que me rodean me ambicionaran solamente por mis vienes y por lo que pretendo ser. Me gusta ser original y sencillo, sin doble cara. Si conservar pocos amigos y que no logre mantener una novia me hace un perdedor, prefiero permanecer así que a coexistir como alguien que no soy, así de simple son mis convicciones. Si eso es lo que complementa la felicidad de Charlie, solo d***o buenas cosas para su futuro. (…) -El pantalón n***o de mezclilla y la camiseta blanca estampada me sientan bien para la fiesta neón en casa de Rachel - delibere de pie frente al espejo. No sé a causa de que, pero desde el comienzo del año, me he inquietado más de la cuenta por mi aspecto. Bajaba las escaleras emperifollado y me detuve al oler un delicioso aroma a galletas. Me recordó los viejos tiempos, cuando éramos niños y mi madre tenía tiempo para cocinarnos sus postres; incluyendo esas ricas galletas de chocolate acompañadas con leche caliente. Al ingresar a la cocina, mi padre sostenía una bolsa de plástico con una caja de galletas dentro. -Me desenmascaraste- bromeo colocando las manos en alto -Convenceré a Mabel de que las galletas fueron hechas por tu madre, ella se molestó con nosotros porque presume que ya no los tomamos en cuenta, ¿crees en sus calumnias? Tú me lo habrías comentado si estuvieras molesto ¿verdad? - -No lo hacen- murmuro. -Y pues no, su olvido ya me es irrelevante, y ni siquiera me agobio en comentártelo- -Si, si lo hacemos. No seas arrogante, solo quieres molestar con tu complicidad con Mabel y su loca idea de que nos estamos desintegrando- balbuceo. - ¿y a dónde vas tan bien vestido? – cambia de trama para interrogarme. -Voy a una fiesta en casa de los O’Brien- garantice. - ¿Y me imagino que quieres mi auto? - coloca las llaves sobre el mesón. -Ahora lárgate, el aroma de esa colonia me da torticolis- Tomé las llaves y me subí al auto. Analizaba la situación y comprendo que mi padre solo quería deshacerse de mí para no proporcionarme las mismas largas explicaciones que de costumbre; hasta Mabel ya empezaba a especular que somos el núcleo de una familia desequilibrada. Encendí el motor y conduje hasta estacionarme al frente de la casa de Rachel O’Brien.  (…) La música ensordecía fuera de la casa, golpetee la puerta y me recibió aquella atractiva morena, me dejo pasar luego de plantearme un beso en la mejilla. Los colores de la ropa realzaban increíblemente con la luz neón. Mateo estaba apoyado en una esquina sosteniendo un vaso rojo; estaba seguro de que quería embriagarse para olvidar a la pareja del momento. Me saludo de un apretón, pero su mirada estaba dirigida a un punto en específico, estaba sobre Heather, que bailaba muy entusiasta con Charlie. Me coloque de pie frente a Mateo obligándolo a desviar la mirada de la feliz pareja. -Olvídalo, no puedo quitármela de la mente- -No te des por vencido, yo encontrare algo que te hará olvidarla para siempre- asegure. Me distancie de él, mi objetivo no estaba cerca, volvería en un rato con una linda sorpresa para el rubio deprimido. Escarbaba entre el gentío que bailaba en la pista, no podía encontrar a Rachel. Desde que conoció a Mat, siente una atracción muy fuerte. Me lo confeso ebria antes de que la fiesta de año nuevo concluyera. Se sintió muy mal al recordar que me lo contó a mí, yo que soy el mejor amigo del rubio. Me hizo prometer que no le contaría nada, se sentía hondamente agobiada ya que, en ese transcurso de tiempo aun andaba con Heather. Detuve por un segundo mi búsqueda al unirme a la pista a bailar un rato con algunas chicas. Pero ya era hora de que siguiera con mi objetivo central: Rachel. Me senté por un rato en un sillón, estaba muy agotado. Al concentrar mi vista en la pista, distingo a un chico que se me hace muy familiar, características que solo puede tener un Phoenix. Derek se divertía más que nunca junto a su mejor amigo Tadeo. Se conocen hace muchos años, donde transita uno, no puede faltar el otro. Son el alma de la fiesta a donde se planten; me cae muy bien el chico Carter. Ellos juntos, son una bomba sin riendas. Me resulta algo extraño que vengan a una fiesta de adolescentes en vez de divertirse en una donde consigan chicas de fraternidades y el alcohol no tenga límite. - ¿Qué están haciendo Derek Phoenix y Tadeo Carter en una fiesta de preparatoria? -Derek se inmoviliza y se sobresalta al distinguir mi presencia. Capítulo 5: Cupido Rompecorazones - ¡Bailar, beber y disfrutar camarada! - Choco los puños con Tadeo. -Las fiestas de la facultad son bajísimas. Derek me comento que te quedabas todo el tiempo estorbando en casa, ¿Qué te hizo venir a esta fiesta y que ni siquiera tengas un trago entre manos? – -Presumía que estabas en casa, no sabía que ahora eras fiestero. Creía que solo ibas a fiestas para acompañar a tu noviecita Chelsea -añadió Derek. -No estaba enterado de que las fiestas en la facultad eran insuficientes para unos fiesteros empedernidos. No Derek, por favor evitemos hablar de Chelsea, y no tengo un trago en la mano porque ahora intento hacerle un favor a alguien- planteo mientras circulo la pista con la mirada. -Tan bajo han caído muchachos, no sé cómo se atreven a venir a una fiesta de niños, solo faltan los payasos y la piñata- bufoneo. Ellos se carcajean. -Ya Derek, dejemos de molestar a Holden con sus exnovias gustosas - suelta una risotada. Tadeo revisa el móvil y comunica: -Un gusto encontrarnos pequeño Phoenix, mi p******a y yo, seguiremos la fiesta en otro lugar- Nuevamente revisa el móvil, a mi parecer para confirmar su asistencia a la otra fiesta. Me despedí de los individuos y me abandonaron en la pista para trasladarse hasta el estacionamiento. Derek intentaba bajarme los zumos platicando sobre mi pasado con Chels Wood, pero no importa ya han dejado de parecerme ofensivo sus comentarios; me causa demasiada risa que diariamente Derek intente que discutamos por la mínima cosa. Al volver a concentrarme en mi objetivo central, afortunadamente encontré a la bella morena platicando con Chelsea y con Miriam. -Hola Holden- me detengo un segundo para asegurar que esas palabras han salido de la boca de Chelsea. -Hola. Chelsea- - ¿Como estas? – -Bien- -Eso es estupendo- muerde su labio inferior y me detallada de pies a cabeza. - ¿Quieres bailar? – -No creo que sea buena idea que te vean bailando conmigo-intento repugnar. - ¿De que estas hablando? ¡vamos! -Me toma de la mano y nos dirigimos hasta la pista. Una canción de reggae comienza a sonar. Chelsea empieza a mover sus caderas de un lado a otro y pega su espalda contra mi pecho. Yo promuevo a seguirle el paso para no repeler su intemperancia. Coloca sus manos sobre mí y recorre mi torso con erotismo. Bailamos al ritmo de la música, me divierto un buen rato. Chels acerca sus labios a pocos centímetros de los míos e intento apartarla hasta que consigo abandonarla en la pista. No sé que ha intentado hacer, pero ahora no estoy para sus manipulaciones ¿o de la noche a la mañana le he vuelto a gustar? No, no lo creo. Me dirigí nuevamente hasta Rachel para proponerle mi idea. - ¿Estas ocupada? - observaba mi sonrisa entusiasta -Mateo está solo Rach, esta es tu oportunidad para quitarle el trono a Heather. Te llevare con él para que platiquen a ver que surge, ¿te parece? - -Por supuesto que no Holden -expuso. -el sigue babeando por Heather, no va a olvidarla. La ha estado observando desde que llegaron. Ya olvidé todo eso y, además, esa porrista es una de mis mejores amigas-la observo con un puchero. -Está bien, pero estoy segura de que el chico que me gusta está pensando en todo el mundo menos en mi- añade. -Eres hermosa, tienes una gran personalidad y sabes dar las mejores fiestas, claro que está pensando en ti. Solo dale una oportunidad de demostrarte que esa relación puede ser. Heather olvido a Mateo, y tú tienes la oportunidad. Te distingo muy sola desde que terminaste con Char – La tome del codo y buscamos a Mateo en la misma esquina donde lo deje apoyado. Mi mandíbula descendió hasta el suelo al ver a Mat besando a la prima de Rach. La morena me empujo para apartarme e intento detenerla, pero fracaso en el intento y se apresuró hacia las escaleras. Me esfuerzo en deducir lo que ha pasado al alejarme del rubio. Perseguí a Rachel por las escaleras, se encerró en una alcoba. Golpetee varias veces la puerta, me sentía culpable porque yo la convencí de que le expresara los sentimientos que sentía al ebrio. Me sentía tan abatido que me acomodé frente a su alcoba, escuchaba atraves de la puerta el inmenso silencio que habitaba en su dormitorio. Me levanté y me propuse a buscar nuevamente al rubio despiadado para reclamarle por su osadía; lo descubrí borracho en un sillón, a mi parecer estaba al límite del alcohol. Razone que buscaba lo mismo que yo para él: olvidar a Heather con otra chica. Aunque fue en el momento equivocado, yo también cometí un desliz, mi primer error fue intentar que Rachel coqueteara con un chico en estado de ebriedad solamente para que Mateo disolviera ese despecho en ella. Rodeo mis hombros con su brazo y lo ayude a caminar hasta el auto. Lo recosté del asiento t*****o, encendí en motor y salimos de la casa de los O´Brien. Lo traslade hasta la entrada de la casa, su madre lo esperaba con la luz encendida, Mateo se metería en muchos problemas si la señora Jules lo examinaba en ese estado. El remordimiento en mi cabeza no me dejaría tocar el timbre de la entrada; tome al embriagado trasladándolo de regreso y reacomodándolo en mi auto. Subir las escaleras hasta mi alcoba con un chico ebrio e inconsciente y que mis padres no nos sorprendieran, fue tan dificultoso como ver a un nerd convertirse en estrella pop. Me tumbe en mi cama con la misma ropa de la fiesta, me sentía sumamente agotado por encajar bajo el papel de Cupido Rompecorazones. Exhale sacando todo el aire y acomode mi cabeza hacia un lado; Mateo babeaba mi almohada al estar profundamente dormido. (…) Al despertar, la madre del rubio lo esperaba en mi casa. Teníamos que ingeniar algo, le prometió a la señora Jules comportarse bien y que regresaría temprano a la residencia. La culpa me circula por las venas, le sugerí que hiciera todo lo posible para olvidarla. Jamás se me ocurrió que tomaría tan apecho mi consejo y que la olvidaría con la espuma de las cervezas. Lo único que me alegraba de todo esto, es que, Mateo se divirtió y se olvidó de todo lo que le pesaba. - ¡Despierta Mateo! -exclame agitado. -tu mama está aquí, te está buscando para llevarte a casa ya que desapareciste toda la noche. Vi su auto estacionado en la acera- Precariamente se levantó de la cama sujetando su cabeza. El chico era impresentable, si su madre lo encuentra así: es hombre muerto. Las ojeras le rodeaban los ojos, no lograba estar de pie por si solo y las pupilas de sus ojos verdes apagadas. Estábamos en problemas; el por embriagarse y yo por ocultarlo en mi casa. Retenía a Mat de la camiseta para introducirlo en la ducha, encendí la regadera y empapé su cara para que reaccionara. Le preste mi chamarra y uno de mis pantalones deportivos. prometió a su madre comportarse bien y que regresaría temprano a la residencia. La culpa me circula por las venas, ni siquiera le dije que dejara de beber, tan solo creí que sería bueno que olvidara todo con la espuma de las cervezas. — ¡Despierta Matt! —escandalicé agitado golpeando su rostro con un par de dedos. —Tu mama está aquí, te está buscando para llevarte a casa. Vi su auto estacionado en la acera. Precariamente se levantó de la cama sujetando su cabeza. El chico era impresentable, si su madre lo encuentra así: es hombre muerto. Las ojeras le rodeaban los ojos, no lograba estar de pie por si solo y las pupilas de sus ojos verdes; apagadas. Estábamos en problemas; el por embriagarse y yo por ocultarlo en mi casa. Retenía a Matt de la camiseta para introducir su cabeza en la ducha, encendí la regadera y empapé su cara para que reaccionara. Le presté mi chamarra y uno de mis pantalones deportivos. La señora Jules lo individualizaba mientras bajábamos las escaleras. A mi parecer estaba muy molesta; mi padre y mi madre estaban junto a ella. Se me puso la piel de gallina. Aspiré hondo y me prepare para los gritos de la mama de Matthew. — ¿Dónde estabas anoche? — chasqueó la lengua cruzando las piernas. —Estaba muy preocupada, me comuniqué con la mama de Jonas y me dijo que estabas aquí. Quedamos en un acuerdo la noche anterior. — Señora Jules, yo le explicaré. Me pase de copas anoche, Matt me trajo a casa y se quedó a asegurar de que yo me encontrase bien; lo siento, no quería que se molestara con él por mi culpa. —Entonces, eso lo cambia lo todo— tartamudeó tomando con orgullo a su hijo del hombro. La señora Jules le facilitó las gracias a mi madre por avisarle. Choqueé los puños con Matt para despedirnos y los Jules salieron de mi casa. Mis padres se encogieron de hombros y se dirigieron a la cocina como si nada hubiera pasado. Me quede inmóvil por algunos segundos, esperaba que retornaran a darme un castigo por beber más de la cuenta. Nunca paso, así que subí las escaleras hasta mi alcoba; sostuve una ajetreada mañana y tenía que prepararme para el instituto. Al final de la hora, Matt y yo caminamos un rato por los pasillos. Oportunamente nos cruzamos con Rachel. Nos saludó como de costumbre y Matt siguió su rumbo hasta los casilleros mientras yo permanecí junto a ella para platicar un poco. —Gran fiesta Rach. Te veías realmente hermosa ayer. Solo intentaba ser cortes. Desaparecí de la fiesta y no me despedí de ella. Quería ser lo más amable posible porque esperaba que estuviera un poco molesta. —Gracias Hol, pero no entiendo porque te fuiste tan temprano, quería bailar contigo— empujó mi hombro y yo me sobe para hacerle creer que en realidad me había hecho daño. Acerqué mi boca a su oído y me aseguré que no hubiera nadie cerca. —Es que creí que Damiano sospechaba de mí. Ya sabes, con lo de la guitarra y todo eso. —No te preocupes, ella no sabe nada Hol. Es buena persona y la trataste muy mal. Quiero que hagas las paces con ella y que intentes ser su amigo. Por favor, no conoce a nadie— suplicó. Rachel era realmente una buena persona y también era verdad lo que decía, me había portado muy mal con ella y al final, no tiene que ver en nada de esto. —Bien, lo haré— vilmente entusiasmada, me plantó un beso en la mejilla y se trasladó hasta un salón. Y yo seguí mi rumbo hasta mi próxima clase. Marchando por los pasillos camino a la cafetería, me topé con Damiano; estaba concentrada depositando algunos libros en su casillero. Al caminar hacia ella, solo pensaba en lo que me había dicho Rachel. —Vamos libros, métanse por mí— susurraba para ella misma. —No presiones a los libros para que se introduzcan a en tu apretado casillero, si ni siquiera los hombres quieren…— me detuve cuando su boca se abrió. — ¿Puedes callarte?— bufó. Me miró de reojo y volvió a concentrarse en los libros. Ella seguía furiosa por lo que ocurrió en la fiesta y no esperaba menos, pero no me iba a rendir así de fácil, tenía que seguir intentándolo. Algo me decía que no era fanática del contacto visual, así que me le quede viendo para que me prestara atención. — ¿No tienes que ir a almorzar con tus amigos? La ayudé a sujetar algunos libros que había dejado en el pasillo. —Habitualmente no tengo que almorzar con ellos todos los días. Usualmente Matthew se esconde en algún lugar del instituto y Charlie, bueno el solo le presta atención a Marnie. Algo podría cambiar hoy— me detengo a pensar. Talló un mohín en sus labios y guío sus ojos hasta los míos. —Algo siempre cambia, pero por favor te ruego que no me hables de tus problemas Hormonales. No, no ¿Qué? Espera, ¿Acaba de decir problemas hormonales? Lo obviaré. —Al hablar de cambios, me refería a que tal vez tú quisieras sentarte junto a mí a comer en la cafetería. —Bueno, no lo sé— empinó sus ojos hacia el suelo y reflexionó por algunos segundos. —Desde que llegué, mis opciones han estado limitadas entre el gimnasio y el baño. Creo que no me caería mal comer en la cafetería solo por esta vez. Acomodados lado a lado en una de las mesas de la cafetería, Damiano y yo hablábamos sobre cualquier cosa. Era una buena chica. Tan solo esperaba que ella no arruinara mi trabajo. Si Rachel quería que hiciera las paces con ella, estaría dispuesto a hacerlo. Ella no encajaba en este instituto, Damiano es muy real, no le importa si las personas la juzgan, no teme a ser quien en realidad es y por eso, ya le hablaba por mi cuenta. Por favor, ¿Cómo podría enterarse que yo era el chico con la máscara? Ni en un millón de años lo sabrá, no podrá reconocerme. prometió a su madre comportarse bien y que regresaría temprano a la residencia. La culpa me circula por las venas, ni siquiera le dije que dejara de beber, tan solo creí que sería bueno que olvidara todo con la espuma de las cervezas. — ¡Despierta Matt! —escandalicé agitado golpeando su rostro con un par de dedos. —Tu mama está aquí, te está buscando para llevarte a casa. Vi su auto estacionado en la acera. Precariamente se levantó de la cama sujetando su cabeza. El chico era impresentable, si su madre lo encuentra así: es hombre muerto. Las ojeras le rodeaban los ojos, no lograba estar de pie por si solo y las pupilas de sus ojos verdes; apagadas. Estábamos en problemas; el por embriagarse y yo por ocultarlo en mi casa. Retenía a Matt de la camiseta para introducir su cabeza en la ducha, encendí la regadera y empapé su cara para que reaccionara. Le presté mi chamarra y uno de mis pantalones deportivos. La señora Jules lo individualizaba mientras bajábamos las escaleras. A mi parecer estaba muy molesta; mi padre y mi madre estaban junto a ella. Se me puso la piel de gallina. Aspiré hondo y me prepare para los gritos de la mama de Matthew. — ¿Dónde estabas anoche? — chasqueó la lengua cruzando las piernas. —Estaba muy preocupada, me comuniqué con la mama de Jonas y me dijo que estabas aquí. Quedamos en un acuerdo la noche anterior. — Señora Jules, yo le explicaré. Me pase de copas anoche, Matt me trajo a casa y se quedó a asegurar de que yo me encontrase bien; lo siento, no quería que se molestara con él por mi culpa. —Entonces, eso lo cambia lo todo— tartamudeó tomando con orgullo a su hijo del hombro. La señora Jules le facilitó las gracias a mi madre por avisarle. Choqueé los puños con Matt para despedirnos y los Jules salieron de mi casa. Mis padres se encogieron de hombros y se dirigieron a la cocina como si nada hubiera pasado. Me quede inmóvil por algunos segundos, esperaba que retornaran a darme un castigo por beber más de la cuenta. Nunca paso, así que subí las escaleras hasta mi alcoba; sostuve una ajetreada mañana y tenía que prepararme para el instituto. Al final de la hora, Matt y yo caminamos un rato por los pasillos. Oportunamente nos cruzamos con Rachel. Nos saludó como de costumbre y Matt siguió su rumbo hasta los casilleros mientras yo permanecí junto a ella para platicar un poco. —Gran fiesta Rach. Te veías realmente hermosa ayer. Solo intentaba ser cortes. Desaparecí de la fiesta y no me despedí de ella. Quería ser lo más amable posible porque esperaba que estuviera un poco molesta. —Gracias Hol, pero no entiendo porque te fuiste tan temprano, quería bailar contigo— empujó mi hombro y yo me sobe para hacerle creer que en realidad me había hecho daño. Acerqué mi boca a su oído y me aseguré que no hubiera nadie cerca. —Es que creí que Damiano sospechaba de mí. Ya sabes, con lo de la guitarra y todo eso. —No te preocupes, ella no sabe nada Hol. Es buena persona y la trataste muy mal. Quiero que hagas las paces con ella y que intentes ser su amigo. Por favor, no conoce a nadie— suplicó. Rachel era realmente una buena persona y también era verdad lo que decía, me había portado muy mal con ella y al final, no tiene que ver en nada de esto. —Bien, lo haré— vilmente entusiasmada, me plantó un beso en la mejilla y se trasladó hasta un salón. Y yo seguí mi rumbo hasta mi próxima clase. Marchando por los pasillos camino a la cafetería, me topé con Damiano; estaba concentrada depositando algunos libros en su casillero. Al caminar hacia ella, solo pensaba en lo que me había dicho Rachel. —Vamos libros, métanse por mí— susurraba para ella misma. —No presiones a los libros para que se introduzcan a en tu apretado casillero, si ni siquiera los hombres quieren…— me detuve cuando su boca se abrió. — ¿Puedes callarte?— bufó. Me miró de reojo y volvió a concentrarse en los libros. Ella seguía furiosa por lo que ocurrió en la fiesta y no esperaba menos, pero no me iba a rendir así de fácil, tenía que seguir intentándolo. Algo me decía que no era fanática del contacto visual, así que me le quede viendo para que me prestara atención. — ¿No tienes que ir a almorzar con tus amigos? La ayudé a sujetar algunos libros que había dejado en el pasillo. —Habitualmente no tengo que almorzar con ellos todos los días. Usualmente Matthew se esconde en algún lugar del instituto y Charlie, bueno el solo le presta atención a Marnie. Algo podría cambiar hoy— me detengo a pensar. Talló un mohín en sus labios y guío sus ojos hasta los míos. —Algo siempre cambia, pero por favor te ruego que no me hables de tus problemas Hormonales. No, no ¿Qué? Espera, ¿Acaba de decir problemas hormonales? Lo obviaré. —Al hablar de cambios, me refería a que tal vez tú quisieras sentarte junto a mí a comer en la cafetería. —Bueno, no lo sé— empinó sus ojos hacia el suelo y reflexionó por algunos segundos. —Desde que llegué, mis opciones han estado limitadas entre el gimnasio y el baño. Creo que no me caería mal comer en la cafetería solo por esta vez. Acomodados lado a lado en una de las mesas de la cafetería, Damiano y yo hablábamos sobre cualquier cosa. Era una buena chica. Tan solo esperaba que ella no arruinara mi trabajo. Si Rachel quería que hiciera las paces con ella, estaría dispuesto a hacerlo. Ella no encajaba en este instituto, Damiano es muy real, no le importa si las personas la juzgan, no teme a ser quien en realidad es y por eso, ya le hablaba por mi cuenta. Por favor, ¿Cómo podría enterarse que yo era el chico con la máscara? Ni en un millón de años lo sabrá, no podrá reconocerme.
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