Regreso a mi habitación y busco rápidamente mi celular. Suelto un suspiro cuando Nina me responde.
—¿Pecas? —Su voz suena somnolienta y reviso la hora, son la una de la madrugada.
No me he fijado en el horario al llamar, pero me importa poco.
—¡Maldita traidora! —Le grito—. ¿Por qué no me dijiste que las supuestas vacaciones fueron una idea de Paolo Richi?
—Pecas, yo puedo explicarlo.
—Claro que lo vas a hacer. ¿Sabes la clase de hombre que es Nicolás White?
—¿Quién es él? —Toqué mi cabeza. Me doy cuenta de que mi amiga no está enterada de nada—. Explícate, que no te entiendo. ¿Estás bien?
—Lo estaré cuando me vaya de aquí, mañana a primera hora.
—Oye tranquila, Richi dijo que sería buena idea. Él es el jefe. Pero si no te funciona estar ahí, conozco un amigo que es sexólogo y te puede orientar.
Entorno los ojos. No quiero saber de sexólogos y tampoco quiero seguir discutiendo, así que le cuelgo diciéndole que la vería mañana para matarla.
Me dispongo a quitarme el vestido y lavarme la cara. Hago mis maletas para salir de aquel lugar en cuanto amanezca.
Al otro día, ya estoy lista y estoy a punto de salir. Sin embargo, al abrir la puerta me encuentro con Nick.
Mi corazón se agita al verlo, y estoy más convencida de irme de ahí. Me odio por ser tan hormonal con Nick a mi lado.
Aún puedo recordar lo del baño y la sensación en mi vientre vuelve a aparecer.
Me mira de pies a cabeza y luego desvía sus ojos a la maleta que tengo en mi mano.
—¿Te vas? —Sus palabras tienen un atisbo de decepción.
Lamento mucho que ya no sea su burla, pero no iba a soportarlo más.
—Sí. —No digo nada de lo que pienso y solo camino hacia el ascensor—. No te preocupes, no pediré rembolso por los días que no estaré hospedada.
—Mark, ayuda a Addison con su maleta. —Nick habla y Mark sale de la nada, haciendo que me sobresalte.
¡Joder! ¿Dónde estaba escondido?
El grandulón toma mi maleta con mucha agilidad y me acompaña al ascensor.
Nick entra también y el espacio es demasiado incómodo. Su aroma embriagador junto con su porte de macho alfa hacen que quede pasmada en miles de pensamientos que no debería tener.
No dice nada, y es mejor. Pero la pregunta de por qué fue a mi habitación surge.
—¿Para qué fue a buscarme? —pregunto por qué soy curiosa.
—Quería invitarte a dar un paseo. Sé que no has conocido todo el hotel.
No lo había hecho, pero ya no podía estar más en ese lugar, junto a él.
No digo nada y cuando se abre el ascensor salgo a toda prisa. No miro hacia atrás, pero Nick vuelve a hablar.
—Ha sido un placer conocerte, Addison. De verdad. —Hace énfasis en “De verdad”.
Su mirada se clava en mí por un segundo y estoy a punto de responderle cuando una chica se acerca a él.
—¡Por fin te encuentro! —La chica es rubia, de estatura media, delgada y labios rojos y carnosos. Lo besa en la mejilla—. ¿Estás listo?
Vale, ella debía ser la novia oficial. Sea como sea me quedo perpleja porque él no me quita los ojos de encima, ni se molesta en contestarle.
La chica se da media vuelta para ver qué es lo que le está robando la tención de Nick y me mira con recelo.
Me cae mal al instante y no tiene nada que ver con Nick, a quien sigue abrazando.
—¿Y tú eres? —pregunta.
Me siento incómoda, y me siento culpable por haber tenido pensamientos y reacciones extremadamente indeseadas hacia su novio. Una irracional punzada de celos me apuñala. ¡Esto es ridículo!
Le sonrío dulcemente y le respondo:
—Nadie importante.
Me doy media vuelta y salgo del hotel. Mark me entrega las llaves de mi auto.
—Su equipaje ya se encuentra dentro.
—Gracias. —respondo. Mi humor no está muy bien que digamos.
—Por cierto. —Mark extiende su mano—. Olvidó su celular en su habitación.
Lo tomo agradecida. No sé en donde tenía la cabeza al olvidarlo. Después de que Mark se alejara, suelto un enorme suspiro y cuando mis pulmones me agradecen el aire fresco, prendo el auto para marcharme de ahí.
Cuando regreso a casa me encuentro con mi hermano. Él está haciendo algo en el garaje.
—¡Por fin apareces! —Me dice un poco molesto.
—¿Tú te desapareces sin decir nada y yo sí tengo que avisarte a ti?
Lucas limpia sus manos con una franela y señalo la motocicleta que está enfrente de mí.
—La compré y la estoy reparando.
—¿Entonces ya has comprado un ataúd? —Le digo mirándolo mal.
—Tranquila hermanita, que no va a pasarme nada. —Lucas se acerca a mí y me da un beso en la mejilla—. Mejor dime por qué vienes tan molesta.
Está más que claro que mi cara me delata en seguida, era imposible que fingiera que no está pasando nada.
Así que tuve que contarle todo respecto al libro erótico. Lucas me mira gracioso y entorno los ojos.
—Ya, perdón. No creí que escribir algo relacionado con sexo fuera tan complicado.
—Como sea, tengo que hacerlo. Solo que ahora me pondré a pensar cómo. La ayuda de mi jefe no fue la que quería.
—¿A qué te refieres?
—Digamos que el hotel donde fui tiene un dueño interesante. —Lucas alza una ceja, curioso.
—Cuenta.
Nunca imaginé que mi hermano fuera un chismoso. Incluso le brillan los ojos.
—Pues él…
—Pues él… —Me imita y luego señala el interior de la casa—. ¿Quieres tomar algo?
Asiento. Necesito algo que lubrique mi garganta. Ahora estamos en la cocina mientras tomo un poco de jugo de naranja.
—Ahora sí, cuéntame, ¿qué tiene el dueño de ese hotel que te tiene tan intranquila?
—Estaba muy bueno —digo resignada. Lucas quiere volver a reír y lo señalo como advertencia.
—Está bien, me calmo. Sigue.
—Nick White es muy guapo y él lo sabe. Se portó como un cretino, arrogante y maldito, pero al mismo tiempo, me hacía desearlo. Solo estaba jugando conmigo. Por eso Salí corriendo de ahí.
—Bueno, y ¿por qué no simplemente te acostaste con él si te gustaba tanto?
—¡Lucas! —Lo reprendo.
—¿Qué? Necesito enseñarte más habilidades de ligue. —Toma de su jugo de naranja y me mira con una ceja alzada.
—Tiene novia.
—Eso cambia las cosas.
—Lo sé. Lo más extraño es que ningún hombre había despertado ciertos deseos en mí. —Confieso y recuerdo todo lo que viví en ese hotel.
—Vaya hermanita, imagino lo patética que te viste. —Lucas dice con una gran sonrisa y lo miro molesta.
—No sé ni por qué te cuento esto. Iré a mi cuarto a bañarme y luego saldré para la editorial.
Después de eso, la semana siguiente pasó con normalidad. Nina y yo platicamos sobre lo ocurrido en el hotel y estuvo de acuerdo conmigo, cuando le dije que no podía tener ningún acercamiento con Nick White.
Seguí en la búsqueda de mi inspiración, pero no tenía nada, y las esperanzas se estaban yendo poco a poco, dejando entrar a la desesperación.
Esa mañana estoy en la editorial. Tengo algunos asuntos que resolver con respecto a la edición de mis libros pasados.
Camino por el pasillo, directo a la salida, cuando mi celular comienza a sonar. Lo saco de mi bolsillo, miro la pantalla y casi me caigo para atrás al ver el nombre de “Nick”.
Me quedo pasmada por unos segundos hasta que mi cerebro se repone del susto y el corazón se me acelera en el pecho. Pero, ¿Qué demonios?
Yo no guardé su número, ni mucho menos le di el mío. En cualquier caso yo no lo habría guardado con su nombre de pila. Sostengo ferozmente el celular en mi mano y miro hacia todos lados por si acaso, el sonido ha llamado la atención de alguien.
¿Qué querrá? Nick llama de nuevo y sedo ante mi curiosidad.
—Hola —respondo. Me doy un golpe en la frete porque quería oírme segura y llena de confianza en mí misma, pero fallé.
—¿Addison? —Su voz ronca tiene el mismo impacto que el sábado en mis débiles sentidos. Al menos por teléfono no puede ver como tiemblo.
—¿Quién es? —Mucho mejor. Profesional y tranquila.
Nick se ríe y me hace bajar la guardia.
—Sé que sabes la respuesta a esa pregunta. Mi nombre aparece registrado en tu celular. —Maldigo en silencio—. ¿A caso tratas de hacerte la interesante?
Entonces caigo en cuenta. ¡Qué maldito!
—Metió su número de teléfono a mi celular. —Ahora lo entiendo, pero, ¿cómo lo hizo? Repaso los acontecimientos y recuerdo que Mark me entregó mi celular antes de irme.
¡Le dijo a él que lo hiciera! No puedo creer que hiciera eso.
—Necesito poder localizarte.
Oh, no. ¿Qué pretende con esta llamada? Aún sigo muy enojada por haber husmeado en mi celular.
—Si es que lo mandó Richi, lo siento mucho, pero no necesito su ayuda. —Mi tono parece enfadado, así que no lo siento en lo absoluto. Necesito ayuda, pero estoy negada a aceptar que él me ayude.
—¿De verdad no la necesitas? —Sabe que miento. Me ha atrapado.
—Si —miento. Quiero añadir que nunca podría aceptar la ayuda de un arrogante, sexy y guapo hijo de puta como él, pero me abstengo.
Lo escucho suspirar.
—Porque siento que en realidad tratas de evitarme, Addison. —Mi nombre suena aterciopelado en sus labios y me provoca un estremecimiento familiar. ¿Cómo sabe eso?
Lo odio por provocarme sentimientos nada deseables en mí, y el hecho de saber que tiene una relación con alguien, no ayuda.
—¿Por qué haría algo así? —Trato de sonar nada interesada. Eso debería callarlo, pero no lo hace y sigue.
—Porque sientes atracción hacia mí.
—¿Disculpa? —le reclamo.
Su soberbia no tiene límites. ¿A caso no conoce la vergüenza? El hecho de que haya dado en el clavo no es relevante.
Tendría que estar ciega, sorda y tonta para no fijarme en ese hombre. Es perfecto y está claro que lo sabe.
Doy vueltas en aquel pasillo. Quiero meterme debajo del suelo y no salir jamás.
—He dicho que…
—Sí, lo he escuchado —lo interrumpo—. Lo que no puedo creer es que lo haya dicho así.
¿El tipo tiene una persona especial en su vida y está flirteando por teléfono conmigo? ¡Era un maldito infiel! Tengo que terminar esta llamada antes de que se salga de control.
—Ya le dije que no necesito su ayuda, gracias. —Cuelgo y me quedo mirando el teléfono.
Luego vibra otra vez con la notificación de un mensaje de texto.
“No lo has negado. Quiero que sepas que el sentimiento es mutuo. N.W.”