El tormento en los sueños

1158 Palabras
El silencio era espeso, casi sólido, la habitación donde Clara se encerraba se había convertido en un templo de lo prohibido. En el suelo, un pentagrama imperfecto, dibujado con tiza mezclada con cenizas humanas, Adrian suavemente bajo la luz tenebrosa de docenas de velas. Cada una despedía un humo denso, con un olor metálico, como si la cera misma hubiera sido bañada en sangre. En el centro, Clara permanencia desnuda, la piel marcada con símbolos que nadie más podía descifrar. El sudor corría por su espalda, pero sus ojos estaban secos, tan fijos y brillantes como carbones encendidos. Entre sus manos sostenía una fotografía arrugada, el rostro de aquella mujer que alguna vez creyó intocable, la amante de Esteban. --- Aquí tienes su imagen, encuentrala y castigala, ---- dijo Clara con voz ronca casi irreconocible. Las llamas de las velas se inclinaron al unísono, como si una respiración invisible hubiera recorrido el círculo. Las sombras, dispersas en las paredes, comenzaron a reunirse, reptando unas sobre otras, como lombrices negras. Formaron columnas, brazos, garras, no tenían rostro, pero había algo en su movimiento qué transmitía hambre. El aire se cargó de electricidad, el suelo vibró bajo las rodillas de Clara, ella cerró los ojos, dibujo un símbolo y colocó la fotografía en el altar. La amante dormía aquella noche, plácidamente, triunfal, había logrado que Esteban dejara a su esposa, ahora le pertenecía, el sueño se volvió pesado, profundo. Al principio,soñó con algo trivial, un pasillo blanco, puertas cerradas a ambos lados, silencio absoluto. Caminaba con los pies descalzos, y casa paso resonaba hueco, como si no hubiera paredes, como si todo fuese eco. De pronto las luces parpadearon, una por una se fueron apagando detrás de ella, obligandola a avanzar. El aire comenzó a enfriarse, y una sensación de persecución se apoderó de su pecho. ---¿Hola?,--- su voz tembló Nadie respondió, solo el eco interminable, entonces lo escucho, un roce como de uñas contra el metal, primero lejano, luego más cerca, hasta convertirse en chillido qué atravesó el pasillo entero. El suelo bajo sus pies se volvió pegajoso y cuando bajo la mirada gritó. Estaba parada sobre un río de sangre, intento correr, pero no había a dónde, la sangre subía cubriendole los tobillos, luego las rodillas. ---¡Déjenme salir!,--- grito la garganta desgarrada. Las luces se apagaron dejándola en la oscuridad total, y en medio de esa oscuridad, algo la tocó, una mano fría, demasiado huesuda,acariciaba su brazo, otra mano se cerró en torno a su ello, no apretaba del todo, pero igual le faltaba el aire. Ella forcejeo, intentando gritar, pero lo único que salio de su boca fue silencio, las sombras la rodearon como una manada de lobos hambrientos,no tenían rostro, pero sus murmullos eran miles, todos hablaban al mismo tiempo, todos repetían lo mismo... ---¡Culpable!,--- ---¡Culpable!,--- ---¡Culpable!,---- Las voces se metieron en su cabeza, le perforaron los pensamientos, la mujer cayó de rodillas, con las manos en los oídos, intentando callar lo imposible. Y entonces, del techo algo goteo sobre su rostro. Sangre... Miró hacia arriba y vio cuerpos colgados, invertidos, meciendose en el vacío, reconoció un rostro pero ese rostro no debía estar allí había muerto, todos con los ojos abiertos fijos en ella. El pasillo se lleno de risas.... las sombras comenzaron a desgarrar la piel de los cadáveres qué caían sobre ella. quedando pegado a sus brazos y cara. El olor a hierro era tan fuerte que sintió que iba a vomitar. Corrió, desesperada, hasta que encontró una puerta al final del pasillo se abrió sola, una luz roja emanaba del interior, sin pensarlo entró. Mientras tanto Clara abrió los ojos dentro de su círculo, el fuego de las velas estaba alto, y las sombras se agitaban como serpientes rabiosas. Podía escuchar, coml un eco lejano, los gritos de la amante en su sueño. El pentagrama brillaba en el suelo, marcando su piel con calor, Clara sonrió, apenas un gesto, y levantó la fotografía. --- Sientan su miedo, alimentense,---- Las sombras respondieron, se abalanzaron contra las paredes, trepando como animales, proyectando figuras monstruosas. El aire era tan espeso que parecía humo sólido. Clara respiró hondo, no tenía miedo, aquello era poder. En el sueño, la mujer había entrado en la habitación roja, allí no había muebles, solo un suelo cubierto de símbolos extraños, en el centro había un espejo alto, manchado qué reflejaba algo que no correspondía. Se vio a sí misma, pero no estaba sola, detrás de su reflejo había una figuras oscuras, decenas de ellas, sus manos posadas en sus hombros, en su cara, en su vientre. Sonreía, pero la sonrisa era demasiado torcida. De pronto su reflejo comenzó a sangrar, primero los ojos, luego la boca, todo el cuerpo, se desplomó contra el cristal, dejando un rastro viscoso y del espejo salió un brazo n***o qué la sujeto del cabello. ---¡ Suéltame!,--- grito con lágrimas en los ojos. El espejo vibró, coml si fuese agua, el brazo tiro de ella con una fuerza inhumana, hundiendola poco a poco. Sintió como su pise desgarraba, coml las uñas invisibles se clavaban en su carne. Su grito se perdió en la negrura. Clara cayó de espaldas sobre el pentagrama, jadeando, las velas se apagaron de golpe, dejando solo un humo denso en la habitación. A su alrededor, las sombras desaparición, una por una, como si hubieran regresado a su guarida. Solo quedo silencio... En sus manos, la fotografía de la amante estaba chamuscada, reducida a cenizas que se desmoronaba entre sus dedos. Clara sonrió, sabía que esa mujer no volvería a dormir tranquila, sabía que la había marcado. Y ahora, con cada noche, el tormento se repetiría. Porque el pacto exigía víctimas y Clara estaba dispuesta a entregarlas. En el apartamento la mujer despertó con mi,Esteban estaba a su lado la veía con horror, sus brazos, cara y cuerpo, estaban arañados, tan profundo que salía sangre de ellos. ---¿ Que me pasó?,--- pregunto con miedo en su tono. --- Fatima, tu misma te lo hiciste mientras dormías, intente despertarte pero no pude,--- respondió Esteban --- Fueron los demonios, --- dijo ella llorando. --- Vamos, Fatima, estamos grandes para creer en eso,-- dijo Esteban Se levantó y salió de la cama dejando a la mujer sola en la habitación. La mujer podía sentir que la observaban, --- Alejensen, --- decía. Esteban mientras tanto se preparo un café, sin prestar atención a la mujer en la habitación, estaba cansado y le esperaba un largo día en la oficina. Se fue furioso al escuchar a la mujer gritar sola en la habitación, se subió a su auto al mirar por el retrovisor, le pareció ver a Clara en el asiento trasero, su cabello cubriendole parte del rostro, con una sonrisa siniestra, giro de golpe, pero no había nada, estaba solo. --- Maldita sea me estoy volviendo loco,--- dijo Esteban golpeando el volante del auto.
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