Pacto

1165 Palabras
El cuerpo del carnicero se desplomó como un costal vacío, la sangre aun goteaba, sus ojos desorbitados fijos en algo que ya no estaba en este mundo. Clara desnuda, respiraba agitadamente, con la piel marcada por símbolos oscuros que se habían encendido como brasas vivas durante el ataque. El frio en la frigorífica era tan denso que hasta el aire parecía sólido y cada exhalacion de ella formaba un vapor blanco que flotaba entre las sombras. Un pentagrama apareció bajo el cuerpo del hombre, llevándose su alma, Clara lo observó todo en un trance febril, no había miedo en su expresión, sino una mezcla de extasis y abandono. Sabía que lo que acababa de hacer no era solo un asesinato, era un ritual cumplido, una ofrenda a la sombras. De pronto, las sombras se deslizaron alrededor de ella, se erguian desde los rincones, reptaban por las paredes,bajaban del techo como hilos líquidos de oscuridad. No tenían forma definida, pero sus rostros se insinuaban, bocas abiertas sin labios, ojos vacíos, sonrisas deformes qué se diluian antes de ser reconocidas. Rodeaban a Clara como un circulo viviente, murmurando en un idioma que no pertenecia a ningún hombre. --- He cumplido, lo hice... lo ofrecí...,--- susurro con la voz ronca, inclinando la cabeza. Las sombras bibraron, un murmullo colectivo qué lleno la habitación con un zumbido grave. Clara sintió que sus huesos se estremecían con ese sonido, como si cada nota resonara en su médula. De la mancha de sangre que cubría el pentagrama, emergio algo, una silueta más alta, más densa, con un contorno humano pero imposible de asimilar a un cuerpo real. Su rostro era un vacío, un agujero n***o en el espacio, pero de él emanaba una sensación sofocante de autoridad. Clara tembló, quiso retroceder, pero sus pies permanecieron clavados en el piso helado. ---Con sangre... con miedo...se abre la puerta, --- dijo la figura, con una voz que parecía formada por miles de voces al mismo fuerzas donde ya no quedaban. ---¿Entonces...? ¿el pacto... esta hecho?,--- pregunto, levantado la barbilla con un atisbo de desafío.tiempo. El eco de esas palabras retumbó en su cabeza hasta el punto de casi hacerla perder el sentido, Clara apretó los dientes, buscando La sombra mayor extendió lo que parecía una mano, un brazo alargado, huesudo, hecho de humo denso. En sus dedos goteaba un líquido oscuro, como un aceite que absorbía la luz. La sombra la rozó en el pecho, justo sobre su corazón, el contacto fue un incendio helado, un ardor que se propago por todas sus venas. Clara grito, no de dolor, sino de algo más profundo, coml si parte de su humanidad estuviera siendo arrancada. Los símbolos en su piel brillaron con un fulgor rojo vivo, luego n***o, y finalmente quedaron tatuados en un tono oscuro, como cicatrices marcadas para siempre. ---El pacto esta sellado,--- sentenció la figura. Clara cayó hacia adelante, apoyándose con las manos sobre el suelo cubierto de sangre. El cuerpo del carnicero estaba tan cerca que podía sentir el calor que aún se escapaba de su carne. Su rostro aplastado contra el piso mostraba una mueca de terror congelado, un reflejo perfecto del destino que ella había aceptado. Las sombras se movieron de nuevo, girando a su alrededor en una danza silenciosa, la más grande hablo otra vez, sus palabras como un decreto... ---Tu carne será nuestra máscara, tu sangre nuestra firma y a cambio, tus enemigos conocerán el vacío, --- Clara cerró los ojos, el recuerdo de Esteban, de su amante, de las miradas de desprecio de la vecina y de tantos otros, atravesó su mente como agujas, una sonrisa torcida apareció en su rostro. El precio ya no importaba, la promesa de venganza lo eclipsaba todo. De pronto, el ambiente se agitó como si un viento huracanados hubiera atravesado la habitación, el cuerpo del carnicero fue elevado por hilos invisibles, colgado junto a los animales, balanceandose grotescamente. Clara observó la escena con una mezcla de fascinación y repulsión, era el inicio, el sacrificio que abría el camino. ---¿Qué soy ahora?,--- pregunto en un susurro quebrado. La figura oscura se inclinó hacia ella, la respuesta le fue susurrada directamente al oído, en un idioma tan antiguo que su mente apenas pudo sostenerlo, ya no era simplemente Clara. Era el vínculo, la anfitriona, la que caminaba entre dos realidades. El frío se intensificó, hasta el punto de que la escarcha empezó a trepar las paredes, Clara, sin embargo, no lo sentía como un enemigo, lo sentía como un abrazo. Las sombras comenzaron a disolverse, fundiéndose de nuevo en los rincones oscuros de la habitación, solo quedo la figura mayor, que se desvaneció lentamente, como si retrocediera a un abismo invisible. Antes de desvanecerse dejo un murmullo que aún vibraba en los huesos de Clara... ---Recuerda... cada vida alimenta la oscuridad, cada grito abre más la puerta, ---- Cuando el silencio volvió, la cámara frigorífica ya no parecía real, el hedor de la sangre era insoportable, los cuerpos colgaban inertes y el carnicero ya era un trofeo más en esa galería macabra. Clara se levantó con dificultad, sus piernas estaban débiles, pero una fuerza nueva recorría su interior, camino lentamente hacia la puerta, sus huellas hechas de sangre se iban borrando atrás de ellas como si nunca existieran. Su cuerpo desnudo no parecía vulnerable, al contrario, los símbolos oscuros le daban un aire de poder antiguo, de sacerdotisa maldita. Al salir a la calle, la noche la recibió con un silencio extraño, no había viento, ni grillos, ni perros, solo un vacío expectante, como si el mundo mismo supiera que algo acababa de cambiar. Clara respiro hondo, en su interior, las sombras murmuraban, satisfechas, ella ya no estaba sola, cada paso, cada pensamiento, cada deseo de venganza, estaba acompañado por un coro invisible. El pacto estaba sellado y la oscuridad apenas comenzaba a reclamar lo que será suyo. Al llegar a su casa noto a la vecina escondida mirándola, cuando el rostro de Clara se giró hacia ella una sonrisa que no podía describir la horrorizo, salió de ahí lo más rápido que pudo, llego a su casa y se encerró. Clara sonreía, --- pronto serás la siguiente, --- al entrar a su casa las velas negras se iban encendiendo a su paso iluminando su camino a la habitación donde se dejó caer sobre el pentagrama, observo cada detalle de su habitación y largo una carcajada, una cargada que retumbo en la habitación, ya no se sentía oprimida, se sentía libre, libre. La mañana llegó, iluminando con los rayos de sol, el cuerpo de Clara en la habitación, Clara se levantó, fue a la ducha dejando que el agua se llevara la sangre de su cuerpo, al terminar se miró en el espejo notando los símbolos tatuados en su cuerpo, sonrío al tocarlos. Se vistió y bajo a desayunar, mientras tomaba una taza de café miraba las noticias donde decían de un macabro asesinato en la comunidad.
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