—¡Qué tontería, Max! ¡Tu padre ya no está! —elevó el tono. —Cariño, yo pienso igual, pero si no lo cumplo, lo pierdo todo. El patrimonio, la constructora, las cuentas... me quedo en la calle —mentí con un descaro absoluto—. Es solo un pinchazo de nada. Hazlo por nuestro futuro. —¡Estoy embarazada! ¿Para qué quiero exámenes? —protestó cruzándose de brazos. —Es solo una analítica básica y algo de rutina para enfermedades infecciosas. A mí me exigen hasta una prueba de tóxicos para asegurar que estoy limpio. Es absurdo, pero si no firmamos esto, no hay herencia —ella me miraba con recelo, buscando la trampa. —No me gusta nada esto —insistió. —¿Quieres que llame a Gutiérrez para que te lo aclare? —saqué mi móvil. Ella asintió y llamé al abogado. Él, que es un hacha, usó unos términos lega

