Iolita esperó pacientemente que la reunión terminara, se despidió de los socios que entendieron la razón de que saliera tan intempestivamente del salón. Recibió las condolencias por la pérdida de Pieter y se retiró para preparar el viaje. Una ventaja de que Matías no la dejase salir de la casa, era esa, podía volver al refugio de su cuarto cada vez que lo necesitara.
La verdad no era indispensable llevar mucha ropa, la mayoría podría comprarla de ser necesario en el pueblo que hace tantos años no visitaba, con ese pensamiento ingresó a la habitación de Matías, abrió el armario y eligió lo que casi siempre usaba en los viajes a lugar con el clima de la región donde se hallaba El Edén.
Cuando tuvo todo arreglado se dispuso a revisar en la laptop los vuelos con cupos disponibles, preferiría que sólo ella y su esposo fueran, pero sabía que su madre no perdería la oportunidad de presentarse como la nueva dueña de la fortuna Kernel, un título que le correspondía a ella, pero que con las deudas adquiridas prácticamente tuvo que ceder a Cortés.
Cuando iba por la tercera aerolínea, la puerta se abrió de un solo golpe y fue cerrada de la misma manera, se levantó con cuidado tratando de mantener la distancia con el ojimiel que le miraba con una mezcla de ira y dolor. Sin querer se fue acorralada, al buscar una salida, el golpe llegó directo a su cara haciendo que se cayera, acababa de salir del hospital, por lo visto Cortés quería volver a enviarla allí.
Apoyó sus manos en el suelo para poder levantarse, peor error, ya que tomándole del cabello, su esposo le arrastró tirándola en el piso donde volvió a golpearle con su rodilla rompiéndole la nariz.
—Maldita zorra desgraciada—. La frase llegó con una patada en su vientre—, no te bastó con arruinar mi vida separándome de Olivia, sino que además asesinaste a mi hijo.
Las patadas no se detenían, si Iolita se cubría el rostro y el vientre, su espalda era inmediatamente atacada.
Al ver los zapatos de Matías alejarse se irguió para ver cómo salir de ese lugar, limpió la sangre de su nariz y buscó una explicación a lo que ocurría con el objetivo de distraer a su pareja. La risa macabra de quién consideraba el amor de su vida le causó mayor temor al notar el abrecartas que sostenía en la mano.
—Pensé que podía tener una segunda oportunidad contigo, ¡te la iba a dar! —Iolita trató de caminar lo más despacio posible hacia la puerta, desde que entró no entendía nada de lo que Matías decía, pero sin duda corría peligro—. Saliste de la reunión desesperada por huir, no creo en la muerte de tu abuelo, ¿Sabes por qué?
Iolita negó con la cabeza, sentía el sabor de la sangre en su boca, si la abría lo más seguro es que terminaría escupiéndola y eso alentaría a Matías a otro ataque por ser débil.
—Tu madre me contó la verdadera razón del s******o de tu padre, ¡Ella los encontró juntos en tu cama! ¡Fuiste capaz de meterte en medio de la relación de tus padres!
Lita abrió los ojos sorprendida por el descaro de Karina, esa mujer estaba loca. Alejandro la amaba hasta la locura, tanto que le perdonó la infidelidad que tuvo, y ese maldito día en que se suicidó lo único que hizo fue entrar a su alcoba y despedirse de ella.
—Pero no contenta con eso tuviste que meterte en la mía y provocarle un aborto a Olivia.
Esa si no la sabía, Olivia desapareció por seis meses, nadie sabía dónde estaba, escuchar a Matías relatar como al enterarse de su embarazo la enviaron a Estados Unidos, que ella logró devolverse para explicarle que pasó y que pudieran darse la oportunidad de ser padres, pero que al entrar a la casa donde vivían los vio juntos, la llevó a un aborto espontaneo y a volver al país donde vivió hasta hace un año que decidió que era tiempo de enfrentarlos.
Antes de poder alcanzar la salida, Matías se interpuso sosteniéndolo por su muñeca, el dolor causado le hizo darse cuenta de lo hinchada que la tenía.
—Por eso creo que es tiempo de que experimentes el dolor que ellas dos sintieron por tu culpa.
Cortés levantó el cortapapel dirigiéndolo hacia el vientre de quién lo miraba horrorizado, por instinto Iolita cubrió con su mano libre el lugar que creyó en algún momento albergaría su bebé.
—¡Suéltala!
La voz de Carolina fue fría y decidida, Matías la ignoró, él quería venganza porque Lita era la causa de todo lo malo que le ocurrió a los seres que amaba, a Karina que se portaba más como su madre que la mujer en la puerta, además que amó a Diego hasta acompañarlo en sus momentos más tristes en la cárcel. A Olivia que fue exiliada por su propia familia, y a quien la muerte de su bebé casi ocasiona la de ella también por el tamaño del feto. No asesinaría a Lita, pero toda la vida lo recordaría junto con el daño que causó.
Carolina respiró profundo, su hijo no estaba bien de la cabeza, le dolía no haberse dado cuenta antes, al comprender que no la soltaría por las buenas, tomó la decisión, un disparo a los pies de Matías generó que el hombre frente a ella se diera cuenta de lo que iba a hacer.
Cortés tiró el abrecartas y observó el estado de su esposa, el terror en los ojos de Lita era demasiado. La abrazó y pidió perdón, ¡Dios! ¿Qué iba a hacer? Agradeció mentalmente que su madre apareciera, debía controlar mejor su ira, casi termina con la posibilidad de destruir a los Kernel totalmente, la muerte Pieter no significaba nada si su legado continuaba con la empresa y la hacienda, además, eso le pertenecía a Karina, se lo prometió hace mucho tiempo.
—No sé qué te dijo la víbora de tu suegra o de tu amante, pero contigo o sin ti, mañana Lita viaja a El Edén —Carolina respiró profundo y terminó su sentencia—. Tan pronto se lea el testamento, los papeles de divorcio se harán efectivos, no quiero que sigas con ella, porque la próxima vez que la toques, así seas mi hijo, voy a enviarte a prisión.
Matías pidió disculpas y permitió que Lita con ayuda de Janeth que acaba de subir, saliera de la alcoba mientras Carolina seguía apuntándole. El dolor en la mirada de su madre era demasiado, pero muy por el contrario a lo que cualquiera pensara, a él no le importaba. Hace años ella no inspiraba ese sentimiento, menos cuando supo que por su consejo fue que Diego terminó muerto en prisión.
La puerta se cerró y Cortés exhaló el aire que ni siquiera se dio cuenta que tenía retenido. Debía actuar con más prudencia, avanzó hasta la cama y miró lo que Lita hacía con el portátil, no había necesidad de buscar pasajes, sacó el celular y marcó a uno de sus amigos, unos minutos fueron necesarios para arreglar el transporte. Le debían tantos favores, que conseguir un vuelo chárter no fue inconveniente, menos por el número de personas que lo utilizarían.
Era momento de actuar más con la cabeza y menos con el corazón, y para eso debía mantener las emociones controladas, los golpes no eran los únicos que doblegaban, había otras formas y menos visibles. No quiso salir más de la alcoba, necesitaba descansar para lo que se venía, envió un mensaje a Karina y otro a Olivia, mañana en el aeropuerto se encontrarían, no era bueno que las vieran salir con ellos, daría la orden para que las dejaran subir incluso si él no hubiese llegado. Se despidió y entró a bañarse, listo para acostarse se percató de la pequeña maleta, dio un vistazo rápido y asintió, al menos su cónyuge conocía bien sus gustos.
En otra habitación, las manos de quién parecía su madre revisaron las nuevas heridas en el rostro y los brazos de Lita, no podía viajar así, los ojos azules se cristalizaron.
Tal vez el dolor de saber que no iba a estar en la ceremonia fúnebre de su abuelo, le hizo hablar.
—Hace diez años me convertí en la niñera de Matías, esa mañana me llamaron de un bar diciendo que debía pagar una deuda por lo que consumió, yo… —Carolina era consciente que necesitaba decir lo que pasó, y entender que ella no fue la culpable de la muerte del bebé que esperaba Olivia, por eso la dejó hablar en lo que Janeth organizaba el equipaje—. Llegamos a su habitación y él fue quién me besó —Carolina la abrazó con fuerza, escuchó como Matías no recordaba nada de lo ocurrido. Cuando despertó al verla completamente desnuda y con marcas de lo sucedido, se alejó diciendo que eso era un error—. Me marché, perdí mi virginidad con quien amaba, no me importó, igual su corazón siempre sería de Olivia, una semana después apareció en mi casa y me pidió intentarlo.
Iolita comenzó a reír desconcertado a su suegra, que limpió las lágrimas que salían junto a la risa nerviosa de la azabache.
—No eres culpable de nada, si Olivia escapó fue porque se sintió desplazada, en seis meses imposible que no consiguiera un maldito teléfono, si hay alguien culpable es ella y los Bonares.
—La busqué, Dios sabe que traté de dar con su paradero, pero los señores Bonares no querían saber nada de mi o de Matías, decían que su hija no sería manchada por el pasado de los Cortés.
La discusión habría seguido de no ser por el sangrado que Carolina vio en su nuera, el vientre estaba humedecido, sin dudarlo dio por terminada la disputa y como pudo llevó a Iolita a la cama, llamó al médico que la atendió la última vez, procedió a darle unos calmantes, nunca había sentido el reloj moverse tan lento, incluso si Janeth fue capaz de controlar la hemorragia, debían saber cuál fue la causa de que ocurriera.
Horas después la chica dormía mientras ella se preguntaba hasta donde la maldad de alguien podía llegar. No se consideraba la mejor madre, sin embargo, procuró que Matías no odiara a su padre a pesar de sus errores, trató de hacerle ver cómo los Kernel le apoyaron y que el dinero robado por Diego les fue cedido por Pieter permitiéndoles tener una vida cómoda y con lujos. Por eso no comprendía el resentimiento de Karina contra su propia sangre.
Las palabras de Matías acusando a la chica de incesto e infidelidad eran irrisorias, todo el que conociese a Lita sabría de inmediato que eran mentira, entonces ¿Por qué para su hijo no era evidente la manipulación?
La luz del celular mostró el contacto de Ana, respondió para contarle a su amiga lo acontecido. La historia de Valbuena también fue impactante, ese día a ambas les había ido muy regular; sin embargo, preguntó para confirmar lo dicho por Matías sobre la razón del s******o de Alejandro.
—Es una larga historia, tan solo puedo decirte que el testamento se leerá en ocho días, por favor que Poisson venga.
—El médico dijo que podría viajar, pero el maquillaje apenas si cubrirá los nuevos golpes, además, hoy tuvo una hemorragia muy fuerte...
—¿Un aborto? —la angustia en la voz de Ana le demostró a Carolina que su amiga continuaba sintiéndose culpable por no poder cuidarla como debía, si Iolita supiera cuántas personas la querían.
—No está embarazada, gracias a Dios. A pesar de que llegué a tiempo, Matías alcanzó a herirla, superficial, pero sangró demasiado.
La charla siguió por otros minutos, al finalizar optó por buscar algo de comida. En el corredor Karina le esperaba.
La solicitud de la mujer para ver a su hija, Carolina la negó argumentando que estaba bajo el efecto de un tranquilizante.
Desafortunadamente, la chillona voz de Karina reclamándole por no permitir algo que era propio de una madre, fue el detonante para que Manjarrez la abofeteara. Esa palabra no se la merecía la mujer que tenía enfrente.
—Te sientes furiosa conmigo porque tuviste que adoptar a esa desgraciada para suplir que tu hijo me quiera más que a ti —rió Karina ya sin la falsa imagen de mujer preocupada que mostró al principio en un teatro que no convencía a nadie—. Ahí tienes la razón por la que Diego siempre me prefirió a mí, porque él sí reconoce lo que es una verdadera hembra.
Karina dio media vuelta advirtiéndole que mañana el viaje a El Edén se haría, así que procurara tener a la estúpida de Iolita lista antes de las diez, para salir con Matías rumbo al aeropuerto.
Carolina volvió a meterse en la alcoba de su nuera, le dolía la cabeza y no quería pensar en nada.
No obstante, Janeth que escuchó la conversación se quedó pensando en la última afirmación de Karina, una tan simple, pero demasiado sospechosa.