Estefan quiso asesinar a Elías cuando se enteró la mentira que usó para traer de vuelta a Iolita a la hacienda.
Treinta minutos, treinta minutos fue lo que se ausentó para hablar con Solange y decirle que cuadrara todo para partir en el crucero de la siguiente semana, un cambio de planes que alegró a la muchacha. La razón fue que reportaron la temporada de huracanes de alta peligrosidad y prefería que hiciera el viaje en una fecha más segura.
Al regresar a la alcoba de Pieter la sorpresa fue que Santacoloma acababa de informarle a Lita Kernel que estaba muerto y ella volvería.
Su voz expresó la ira que lo embargó.
—¿Cómo se te ocurrió semejante pendejada?
El insulto lo lanzó Estefan que no sabía si matar de manera lenta o rápida a Santacoloma que lucía como si hubiese dicho que el sol salía de noche. Lo bueno de todo eso era que Iolita sin esperar la reacción de su marido anunció su regreso a El Edén para el entierro, ahora sólo quedaba ver cómo iban a convencer a Solange de irse de viaje cuando se enterara que su abuelo había fallecido, así fuese de mentiras.
El celular mostró el nombre de Janeth, Yanni que estaba a su lado y logró leerlo, le sonrió e intentando mejorar el ambiente se ofreció a responder. Pujol lo fulminó con la mirada, saliendo del despacho contestó simulando total calma.
Los minutos se hicieron eternos para Elías que sin Estefan presente pidió disculpas por lo dicho, pero relató lo que escuchó y todos le dieron la razón en la decisión tomada. Al ingresar el castaño los observó para contar que Janeth aconsejaba enviar oficialmente el comunicado a Manjarrez y Karina, ya que Iolita no volvió a la reunión y eso le acarrearía problemas graves con Cortés.
Sin decir más, siguieron a Pieter que escribió al diario de uno de sus amigos para que se diera a conocer lo que pidió esa semana, así como mandar a un grupo de periodistas para que Ana y Estefan relataran su supuesta muerte.
Dimas Cantor fue uno de sus compañeros de estudio en el colegio, y al igual que él, continuó la tradición familiar, en este caso, un periódico. Sabía que el hombre lo seguiría sin chistar a donde le pidiera y si necesitaba dar credibilidad a su muerte, que mejor que la noticia impresa, más en un pueblo como en el que vivían y el gremio en el que laboraban.
Satine subió las escaleras cansada por el trabajo, quería bañarse y acostarse a dormir, más tarde pediría algo o comería cualquier tontería al despertarse sin importar la hora.
Entró a su alcoba para desnudarse y meterse de una a la ducha, agradecía que el agua caliente le diera la oportunidad de relajar sus músculos, y más cuando el jabón que compró si cumplía con el letrero de relajante con todas las de la ley.
Cerró la llave cuando escuchó gritos que al afinar el oído se dio cuenta provenían de la habitación de Pieter, con rapidez se colocó una bata sobre la piel húmeda y cogió una toalla para secar su cabello, abrió la puerta y vio a un furioso Estefan que salir del cuarto del patriarca haciendo caso omiso a la voz de este que le pedía regresar. Al rato Elías, Irwing y Tappan surgieron con gran tranquilidad, lo que la dejó extrañada.
—¿Qué hicieron para desatar la furia del demonio castaño?
Yanni se giró con intención de responder, pero la visión de Satine secándose el cabello y con una simple bata de baño, lo dejó sin palabras. Al ver la expresión del galeno, la pelinegra revisó su atuendo, su cara se calentó y deseó salir corriendo, ese muchachito tenía el poder de descolocarla por completo.
Aprovechando el estupor de Yanni, Coral procuró mantener la imagen indolente que bien había trabajado frente al castaño, así que despectivamente devolvió la mirada y dio vuelta para meterse de nuevo en su cuarto y no volver a salir de allí hasta media noche o nunca de ser posible por la vergüenza que acababa de pasar.
Tappan le echaría la culpa al pesado ambiente que generó Pujol cuando le preguntarán el porqué de su atrevimiento, pero si no aprovechaba el valor ganado por la subida de adrenalina, la situación entre él y Satine no dejaría de ser incómoda y de miradas robadas. Era consciente de su atrevimiento, que Coral lo golpearía, pero en esos meses se enamoró como un adolescente, tanto que la evitaba para no tartamudear o quedarse viendo como sucedió en ese instante.
El gemido ahogado por la forma como detuvo la puerta con su brazo, y el reclamo por la manera como interrumpió en la alcoba no le acobardaron, abrazó a Satine que lanzó un gemido por las frías manos que se posó en sus muslos. Tappan con fuerza la sujetó, para dar vuelta y antes de cerrar la puerta hacer un guiño travieso lanzado a Elías y Salguero anunciándoles que se verían mañana.
Desapareció tras la puerta, y una vez fuera de cualquier mirada indiscreta, Yanni desató su pantalón con una mano mientras con la otra preparaba a quien le sujetaba con los abrazos ajustados a su cuello y las piernas enredadas en la cintura.
La caricia íntima hizo que Satine tratara de separarse del castaño, pero lo único que consiguió fue ser apresada contra la cama, que el galeno la besara con lujuria y la terminara de desnudar.
Yanni conocía el pasado de Satine, sus amores de una sola noche, pero también que desde que llegó no volvió a tener ningún amante. Según Hugo por más que insistieran, la respuesta de Coral era una rotunda negación. Incluso cuando uno de sus amantes trató de chantajearla con divulgar lo “perra” que era, se mantuvo en su decisión.
El galeno se dejó acariciar por la azabache que disimuladamente hizo fuerza para retirarlo, pero la diferencia de estatura y fuerza era una notable desventaja para ella, esa noche Tappan quería que la ojimarrón lo comparará con cada uno de los amantes del pasado, y se diera cuenta que ninguno podría satisfacerla como él, pero también que notara en las caricias y besos que le robaba que estaba enamorado de ella.
Cansado de no poder rozar directamente esa piel, el ojimiel se separó para terminar de desvestirse, tiempo que Satine aprovechó para invertir los papeles, ahora era ella quien besaba al castaño demostrando su experiencia; el plan de la azabache era sencillo, distraerlo y meterse al baño para huir de la tentación que hace días el médico le significaba. Por eso entre jadeos le solicitó colocarse un preservativo.
—Estoy limpio y sé que tú también.
—Sí, pero hay otras sorpresas que quiero evitar.
Con una sonrisa lasciva tomó la cintura de Satine para volver a la posición inicial. No era el momento para decirle a la chica que había averiguado su vida, que sabía del deseo que tenía por un bebé, y como el malnacido del que fue su prometido le obligaba a tomar anticonceptivos para no quedar embarazada.
También que conocía el reporte médico y la probabilidad de esterilidad si seguía consumiéndolos. Por tal motivo, Yanni la acarició y le prometió que él era diferente, habló con ella por primera vez sin sentirse torpe o con temor, le declaró su enamoramiento y le pidió por una oportunidad, la cual no debió comenzar de esa manera, pero eso era lo que tenían. La carcajada de Satine le demostró que la chica le guardaba un secreto.
—Por esta noche me gustaría conocerte, si me convences te juró que la espera valdrá la pena.
Yanni la besó, se acomodaron uno junto al otro permitiendo que sus pieles se tocaran, pero sin dar el siguiente paso, la charla dio inicio y con esta la posibilidad de una segunda oportunidad para Satine y el verdadero amor para Tappan.
Elías sacó su billetera para mirar con tristeza las boletas para el concierto de la Orquesta Sinfónica a la que quería asistir, se los entregó a Irwing que ya los tenía prometidos a uno de sus socios más importantes y que no pudo conseguirlos por lo limitado del número emitido.
La apuesta era simple, si Tappan se le declaraba a Satine en las siguientes dos semanas, le entregaría los boletos y lo acompañaría al concierto de rock de una de las bandas que más le gustaba. Si el plazo era superado, el ganador sería Santacoloma, iría al concierto de la filarmónica que odiaba, y compraría el apartamento que quería para cuando se fueran a vivir juntos.
Aunque esto último no era necesario, Irwing tan pronto como Elías dijo que lo quería había hecho los papeles y sería uno de los regalos de boda. Amaba a ese hombre de tal manera que si le pedía la luna, vería la forma de bajársela.
No obstante, cuando casi tenía las boletas en sus manos, Santacoloma le observó para borrar de una sus ilusiones.
—Doble o nada.
—¿Qué propones? —no podía negarse a una apuesta que tenía ganada. Empero la sonrisa de Elías le dio mala espina, al querer retractarse vio el pase VIP para bastidores.
De inmediato recordó las palabras ilusionadas de Fermín ya que su hija ingresaría al Conservatorio y quería un consejo del famoso director de orquesta, así que ese papel se convertía en el mejor regalo de cumpleaños para su preadolescente.
—¿Qué me darás a cambio si yo gano? —cuestionó Santacoloma antes de decir cuál sería el motivo de la apuesta.
—La luna de miel en Italia para la época que tú desees.
Tentadora oferta, eso implicaba que la boda se haría cuando él quisiera y sin oposiciones.
Los castaños chocaron las manos, y sólo en ese instante Elías dijo la jugada.
La carcajada de Salguero inundó el corredor, su amante estaba loco, para Estefan, Iolita era una persona tan débil y ridícula que no se fijaría en ella ni siendo la última mujer en el planeta.
—Pujol está enamorado de esa persona a la que llama Poisson… —Irwing se dio cuenta de la trampa en la que cayó, de todas maneras, vio como Elías le entregaba las boletas y el pase VIP—. Eres imposible ¿Lo sabías?
—Quiero la felicidad de mis amigos, a Iolita la vi crecer, nos separamos y luego la encontré cuando Pieter sufrió el primer colapso. Amó a ese hombre como mi padre, a Estefan como mi hermano, el primero merece tener a su familia viva, un bisnieto y dejar por lo que su familia trabajo a ellos. El segundo ser capaz de superar el pasado, y ver las cosas desde otra perspectiva.
Pujol odiaba a Lita por muchas razones, a su parecer todas equivocadas. Escuchó la historia y la realidad de la joven, y a pesar de saberla, asumió que la culpa la tenía ella. Era necesario que comprendiera que la vida era más que la hacienda y la vinícola, pero también darle herramientas a Solange para no juzgar a las personas como buenos o malos, un error que su amigo cometió al permitir que la chica emitiera juicios de una desconocida por lo que oía a medias de las deudas y los pagarés.
—Bien, pero no intervendremos ni a favor ni en contra de ninguno de los dos, como hicimos con Tappan y Satine.
—¡Por eso te amo! —proclamó Elías regalándole un beso casto en los labios a su novio—. Es momento de que Hugo entre en acción, él también debe saber lo que se nos viene encima.
Irwing sonrió dejándose llevar escaleras abajo, sintió lástima por Pujol cuando se enterara que amaba a la misma persona que tanta repulsión le causaba.