Me dolía todo, no podía créelo, ese maldito lunático, había llegado a medianoche, y estaba tan helado, parecía haberse recién bañado
Y de la nada, solo se había montado encima de mí y me había devorado de nuevo de principio a fin, mientras yo sentía que no podía más
Juro por todos los cielos, que no lo había disfrutado tanto como esperaba hacerlo, la segunda vez, fue terriblemente traumático
Ya estaba cansada y él parecía no querer detenerse, mientras yo solo gemía tanto de dolor, como no negaré un poco de placer
Pues este maniático super atractivo, sin duda haría feliz a cualquier mujer en la cama, por lo que cuando aquel me observaba con aquellos ojos azules, casi lilas, tan burlones
Yo solo podía derretirme en sus manos expertas y su boca venenosa que me había devorado por completo
― Te estás retorciendo mucho mi querida gran luna…
Entonces me tensé, ¿de verdad me hablaba? ¿Qué no se había ido? Estaba tan sorprendida que solo pude quedarme quieta
En lo que de nuevo escuche su voz, aquella que había salido ronca y un poco adormilada y había comprendido que este se había quedado dormido a mi lado
Algo que me sorprendió un poco más, pues luego de haber sido despertada por este nuevamente, yo solo me había quedado dormida de inmediato al terminar
Por lo que imaginaba que solo se había marchado, pero aquí estaba, justamente tras de mí y eso me tenía ciertamente bastante nerviosa y hasta incómoda
¿Qué no podía tener un poco de paz? Además, según la historia, este imbécil, ni siquiera fue a la noche bodas con Inara, ella la burla de los sirvientes
Pues al no tener el cariño del alfa, no era siquiera era considerada, la gran luna
―Voy a contar hasta tres, uno, dos…
Abre los ojos, abre los ojos, lo hice de inmediato, me gire en la cama y lo observe a los ojos, mientras él parecía divertido ante mi gesto lleno de tenacidad
Sobre todo, por qué luche contra mis deseos de cerrar los ojos de nuevo, debido no solo al cansancio, también al hecho de que la luz me incomodaba demasiado
―Buenos días mi gran luna
―Buenos días mi gran alfa…
Y ahí yacía el lobo más hermoso que jamás había visto, sus ojos casi lilas, llenos de diversión, su cabello rubio, platinado, revuelto y su expresión tan varonil
Si yo fuera un escultor, sin duda alguna, lo nombraría mi musa, pues él era perfecto en cada una de sus facciones, su cuello, su rostro, cada una de sus expresiones
El autor, sí que tenía una buena imaginación, ¿sería gay? No creo que un hombre, pueda describir tan bien una belleza masculina, por lo menos no un hombre heterosexual
Sin duda alguna el autor lo adoraba lo suficiente, no solo para darle aquella fuerza increíblemente monstruosa que, en la novela, describían
Su tenacidad con la espada y la manera de manejar una manada tan grande como la gran manada, o sus adyacentes, él era alguien digno de admirar
Según la historia, él era alguien que era amado por la diosa, hasta el punto de que está solo ignoraba lo terrible y ruin que podía ser esté demente
― ¿Por qué el gran alfa sigue aquí?
La pregunta había surgido sin más, este levanto una ceja y me observo como si me pregunta fuese la más estúpida del mundo
Mientras yo apreté mis labios y las ganas de golpearme iniciaron desde muy temprano, debido a mi completa estupidez
―Fue molesto salir de la cama, he irme a mi habitación…
No parecía molesto, mientras yo solo asentí y no hice o dije nada más, si lo hacía corría con el riesgo de arruinarlo
Por lo que había preferido, quedarme en silencio, y esperar a que este me diera la libertad que tanto deseaba esta mañana
En pocas palabras, solo deseaba que se marchara y esperaba con tantas ansias que preferí quedarme en silencio, y no proporcionarle más maneras de entretenerse
― ¿Quieres que me vaya ahora?
― ¿Qué? ¿Acaso soy tan blasfema en hacer algo como eso? Jamás, si mi gran alfa desea quedase, yo estaré encantada de acompañarle, es más, si desea que haga o diga algo, yo…
El río divertido, me observo de nuevo como si fuese un juguete curioso con el que se había topado, mientras yo estaba tan nerviosa que hasta podría morir del miedo
―Tu rostro lo dice todo, no eres muy difícil de leer, es más, diría que es todo lo contrario…
¿Eres fácil de leer? Eso no me gustaba, ¿sabía acaso cuantos insultos pasaban por mi cabeza en un instante? Era verdaderamente, vergonzoso, algo como aquello
Por lo que lo observe aterrorizada, mientras él solo tomaba asiento en la cama y aún desnudo, logro que mis mejillas se tornaran de un color completamente carmesí y alejará la mirada al instante
Logrando que de nuevo riera de mí, maldita sea, pase de ser la gran luna, al bufón, pero no importaba si con ello, aseguraba tener vida, hasta poder escapar
―La gran luna es muy perezosa, es un poco triste que sea de esta forma…
Aquel se levantó sin más, mientras yo buscaba una manera de saber que tan tarde estaba como para que este dijera cosas como aquellas
Pero el gran, alfa, al ser como era, sonrió divertido y hablo con un tono jocoso y lleno de lo que parecía un reto
― ¿Sabes mi nombre gran luna? La verdad es que tengo bastante curiosidad, muy pocos lo saben…
El nombre del gran, alfa, por supuesto que lo sé, todos lo sabían, pero nadie se atrevería a decirlo, nadie con deseos de vivir
―Por supuesto que lo sé mi gran alfa, pero ¿Qué persona desdichada y tonta se atrevería a decirlo, con esa boca tan impura?
―Tú… Quiero que lo digas, quiero probar algo en ello…
Apreté mis labios, ¿me matará por decir su nombre? ¿Era acaso una clase de trampa? Maldito imbécil, como te odiaba
No, no lo hagas, recuerda que él sabe muy bien leer los rostros, debe saber que lo insultas, actúa normal, piensa normal, solo hazlo
― ¿Y bien? ¿Debo iniciar a contar?
―Zadkiel Winter… Gran alfa de las manadas de la luna y todas sus aledañas…
Él se quedó por unos segundos en silencio, no mostró una sonrisa socarrona, no mostró un solo gesto de molestia, solo se quedó en silencio
―Dilo de nuevo
―Zadkiel…
Él levantó una mano y con un gesto me detuvo, no me dejo continuar, solo escucho su nombre, mientras seguía en silencio
Lo hizo por unos segundos, sentía que mi cabeza daba vueltas, que estaba a punto de desmayarme y de paso, solo morir en sus manos
Pues no sabía si era algún tipo de prueba y había fallado, no sabía que había hecho mal, pero aquel luego de unos segundos
Solo asintió, se dio media vuelta y camino hacia la salida, justamente mientras yo seguía con mi mirada, cada paso que este daba y me preguntaba ¿Qué significaba aquello?
¿Estaba molesto o no lo estaba? No podía preguntarle, no podía siquiera respirar, solo podía rogar a que saliera de la habitación y se marchara, pero
Antes de salir, tomo una cuerda, y una campana sonó de manera estruendosa, y las puertas de la habitación habían sido abiertas sin más
―Mi gran alfa…
Un grupo de mujeres había entrado a la habitación, mientras yo estaba tan nerviosa y ansiosas que comencé a temblar, pues ¿Qué haría con todas aquellas?
Ciertamente, estaba tan ansiosa que solo pude observar todo, desde la cama, mientras cubría mi desnudo cuerpo con la delicada sabana que tenía sobre mí y no sabía cómo había llegado allí
―Odio que se vea aburrida, su cabello lleno de nudos y odio que tenga cosas puntiagudas en su cabello, además del hecho de que no me gusta nada de lo que fue enviado con ella, quiero que sea un poco menos aburrida
―Como usted desee mi gran alfa, yo lo arreglaré…
Baje mi mirada y note mi cabello rojo, estaba completamente suelto, ciertamente, me sorprendió, pues ¿Cómo había sucedido esto?
Yo no me había quitado aquellos miles de alambres que la servidumbre de la manada Dark Moon me había llegado a poner en la cabeza
Mi cabello, tenía algunos nudos, y estaba completamente liberado de los incómodos moños que las sirvientes habían hecho con tanta fuerza hasta el punto de doler la cabeza
¿Fue él? ¿Él los quitó? No, era imposible, jamás el gran, alfa haría algo semejante, jamás…
―Bien… Entonces no me decepcionen… No me gusta que lo hagan…
Camino por la alfombra de la habitación completamente descalzo tenía una bata de color rojo, note como dos de las sirvientes caminaron hacia él
Parecían ofrecerle algo un poco más abrigador, pero el gran, alfa, solo las observo como basura, y las lanzo al suelo de un solo empujón
Logrando que yo lo observara tan sorprendida por aquel gesto, pues podía notar que aquellas no eran simples sirvientes, lo sabía
En la novela hablaban, que solo había personas buenas familias, sirvientes de alta cuna
Aquellas que el gran, alfa, tomaba como juguetes y las convertía en nada más que perros rastreros
Él solo salió por aquella puerta y sin siquiera decir una palabra más, solo se marchó, algo que me dejo completamente sorprendida, más cuando me dejo a merced de todas aquellas mujeres
Que, al parecer, sonreían de una manera siniestra y falsa, una sonrisa que conocía perfectamente, pues, gracias a los recuerdos de la dueña de este cuerpo
Podía identificar fácilmente cosas como estas
―Le ayudaremos a prepararse mi gran luna…
A primera vista parecía ser que mi posición estaba más que clara, era la gran luna, la esposa del gran, alfa, cualquier podría llegar a decirlo
Justamente cuando aquellas inclinaron su cabeza y parecían estar dispuestas a observarme como si fuese superior a ellas
La mujer más anciana, parecía no muy convencida, al verla un poco más, supe quién era: ella era Minerva Oryn, la luna de una manada aledaña
Aquella que, según la historia, amó en gran cantidad a mi hermana, la protagonista de la historia, mientras con Inara en la historia, se encargó de abusar de ella
―Será mejor que se dé un baño mi gran luna…
Su mirada me escaneo de arriba abajo y sus ojos llenos de prejuicios y hasta podría decir que asco llego hacer que mis mejillas se sonrojaran
Me demostró que, efectivamente, no me veía ni por un segundo como su gran luna y no hacía más que verme como si fuese solo la amante de la gran alfa
La prostituta que se había acostado con su amo
―Si desea puedo ayudarla, yo…
―Puedo hacerlo…
Sabía muy bien por qué me había enviado a bañar, no tenía que ser muy lista, justamente hacía unos segundos había visto las marcas que había dejado el gran, alfa en mi cuerpo
Sin negar que seguramente apestaba a sexo y desespero, justamente eso había sido lo que había vivido la noche anterior
Por lo que solo apreté mis labios, me levanté de la cama y a pesar del inmenso dolor en la parte baja de mi estómago y mi cuerpo
Solo apreté mis labios y caminé hacia el cuarto de baño, donde era más que obvio que había ignorado mis palabras
Y me había seguido, me desnudo y, a pesar de mi renuencia, prácticamente me había lanzado a la fuerza a la bañera
Mientras lavaban mi cabeza y mi cuerpo, yo solo podía pensar que esto sería muy difícil, pues al parecer ahora mismo, estaba intimidándome y demostrándome que yo no mandaría en este lugar
Di un suspiro y por un momento me sentí tan agobiada
― ¿En qué fecha estamos?
La pregunta había surgido sin más, las sirvientes me observaron por unos segundos y luego con una sonrisa tan falsa como ellas, Minerva, hablo sin más
―Estamos en el auge de primavera, mi gran luna… diecinueve soles para ser exacta…
El autor era estadounidense, así que estamos, podría decirse, que es mayo. Tenía siete meses, un total de siete meses para escapar, por lo menos antes de que llegara el invierno, pues bien decía la profecía
En invierno pasará todo, y bla, bla, bla
No podía esperar a que Amoret llegue a su lado, que yo sea asesinada para que esta tome mi lugar
Por lo que debía escapar a como diera, lugar y mi tiempo límite son siete meses, y el problema era que debía soportar esto ese tiempo exacto
No solo al psicópata de mi esposo, sino también a estas imbéciles
―Debido a que nuestra gran luna no tiene nada que hacer, ¿Por qué no se relaja este día?
Observé a Minerva, aquella que me mostraba una sonrisa maliciosa y lo supe bien, tenía siete meses, era cierto
Pero de no hacer algo, sabía que las cosas solo se saldrían de mis manos, y ella solo me acosaría hasta el final, justamente como paso en la novela
--¿No tengo obligaciones para con el castillo? ¿Nada?
--no, no tiene nada, no debe preocuparse por nada
miente, lo sé, pero yo también sé jugar
―Muchas gracias… ¿Puedo saber tu nombre?
―Minerva, minerva Oryn mi gran luna, ese el nombre de la líder, de la servidumbre, ósea el mío…
Ella bajó la cabeza y habló con una elegancia. Ella era el enemigo, uno fuerte y caótico, que estaba segura, de que querría acabar conmigo
Por lo que ahora sabía más que nunca lo que debía hacer, pues no estaré, aquí por siete meses, siendo intimidada por ella
Para poder vivir en paz este tiempo, tenía que deshacerme de Minerva.