A eso de las tres comenzaron a retirarse. Revisó su teléfono. Tenía una llamada de Dafne. Dejó el patio y se dirigió a la cocina para poder hablar sin interrupciones.
- Hola, ¿sucede algo? - aguardó - ¿Tonya está bien? -
- Sí, sí, no te preocupes. Solo quería avisarte que tengo una reunión mañana temprano. Es en la oficina de un cliente, así que la ejecutiva de la cuenta pasará por mí - la mujer hizo una pausa - Me preguntaba si podrías llevar el auto a casa y quedarte un rato con Tonya por la tarde -
- Sí, claro, no hay problema -
- Trataré de llegar temprano, pero no creo estar en casa antes de las seis -
- No hay problema. Yo iré con Tonya, no te preocupes -
- Bien, perfecto. Gracias -
Guardó el teléfono y se volvió al sentirse observado. Maya se encontraba a unos pasos.
- ¿Está todo bien? - se acercó a él.
- Sí… Mi hija está algo enferma -
- ¡Oh! Espero que no se algo serio -
- Creímos que era un virus, pero tuvo algo de fiebre. Ahora ya está bien -
- Me alegra -
Se quedaron en silencio un momento.
- ¿Quieres otra cerveza? - preguntó ella de pronto.
- No, ya bebí un par y debe conducir -
- ¡Oh! ¿Trajiste auto? - le miró con fijeza.
- Sí - estaba intrigado por su reacción.
- Entonces tal vez puedas llevarme a casa luego - y sonrió.
- Claro. Encantado -
- Bien - su sonrisa se amplió - Volvamos con los chicos o pronto Franco notará nuestra ausencia –
En cuanto volvieron al patio, Michael se acercó a ella y dijo algunas palabras. Maya negó con la cabeza y dijo algo rápidamente. El hombre le miró algo sorprendido y ella suavizó el tono y le ofreció una sonrisa. Unos minutos después, él se retiró.
A eso de las cinco solo quedaban en la casa Eduardo y Maya. Ayudaron a recoger el tiradero, a pesar de las protestas de Lidia.
- No te harás cargo de todo tú sola - le dijo Maya con tono firme - Déjanos ayudar -
En cuanto se aseguraron de que todo estaba en orden, se dispusieron a retirarse.
- Voy en un momento - dijo Maya a Eduardo al notar que Lidia le tomaba del brazo.
En cuanto los hombres salieron de la casa, se volvió a su amiga.
- ¿Qué estás haciendo, Maya? - preguntó Lidia sin rodeos.
- Nada - la miró con sorpresa - ¿Qué clase de pregunta es esa? -
- No te separaste de Eduardo en toda la tarde - bajó la voz y sonrió - Y dejaste que Michael se fuera solo para poder estar con él -
- No tengo idea de qué hablas - dijo ella sacudiendo la cabeza - Y Michael se fue porque tenía otro compromiso… Yo solo quería quedarme aquí un rato más -
- Claro - dijo Lidia riendo.
- Deja de hacerte novelas en tu cabeza -
- Yo nada más decía - hizo un gesto gracioso - Anda, no hagas esperar al chico -
- Nos vemos - le besó la mejilla y salió de la casa.
Eduardo ya la esperaba en el auto y luego de despedirse de Franco, subió.
Le observó con disimulo mientras avanzaban por la calle llena de autos en ese animado domingo. Podía decir mucho de un hombre por la forma en que conducía. Se veía relajado y viajaban sin prisa, sin embargo, lo hacía con seguridad, con movimientos precisos y llevaba la vista fija en el camino.
Le había dado la dirección y llegó hasta su apartamento sin necesidad de usar el navegador o pedirle más indicaciones.
- ¿Conoces la zona? - preguntó cuando él apagó el auto.
- Sí, un poco - se limitó a decir.
- Bien… - le miró un instante - ¿Quieres pasar? - lo había dicho sin pensar.
- Te lo agradezco, pero estoy lleno de grasa del auto y ya es hora que vaya a casa a refrescarme -
- ¡Oh! ¿Tienes que ir con tu hija? -
- No. La veré mañana -
- Entonces… no te retengo más - esbozó una débil sonrisa y soltó el cinturón con lentitud.
Se inclinó para besarle la mejilla.
- Gracias por traerme - murmuró separándose solo un poco.
- Fue un gusto -
Mantuvo el rostro muy cerca del suyo y lo miró.
¿Qué estaba haciendo? Él no se movió y ella de pronto se sintió como una tonta.
Se separó y tomando la manija de la puerta, trató de sonreír.
- Avísame cuando llegues, ¿sí? -
- Lo haré -
Eduardo aguardó hasta que entró a la casa para arrancar y volvió a su apartamento sumido en sus pensamientos.
Lanzó las llaves sobre la encimera de la cocina y envió un mensaje rápidamente.
Se dirigió a la habitación. La ropa se había manchado con aceite del auto, así que la llevó a la lavadora de una vez y se dio un baño.
Se tendió en la cama para ver televisión y recordó que había dejado el teléfono en la cocina.
Maya había respondido de inmediato y le envió una disculpa.
“Oye, no me digas que eres de esos chicos que les gusta los baños largos” respondió con un guiño.
“De vez en cuando cae bien”
“¿Qué haces ahora?”
A pesar de que habían pasado casi toda la tarde juntos, ella parecía tener ganas de conversar. Se acomodó en la cama.
“Solo veré algo de televisión. ¿Qué haces?”
“Tenía ganas de comer algo dulce, así que estaba acabando con un pote de helado” y agregó varias caritas riendo “Pero creo que ahora seguiré tu ejemplo y me daré una ducha.”
Miró la pantalla por un instante sin saber si había alguna segunda intención en sus palabras.
“Suena como un buen plan. Disfrútalo.”
Supuso que ahí acabaría la conversación y buscó algo para ver. Al final dejó una película cualquiera, a la que en realidad no prestaba atención.
Había sido un fin de semana extraño, pensó.
“Oye, mi teléfono es a prueba de agua.”
Miró el mensaje sin comprender qué pretendía.
“Entonces creo que un poco de música te caería bien.”
“¿Qué me recomiendas?”
Eduardo dudó antes de responder. Estaba muy confundido. Era una conversación extraña. Quizás, luego de tantos años casado, estaba fuera de práctica.
Buscó rápidamente y luego escribió: “No sé qué será apropiado para una ducha. ¿Qué tal esto?” y le adjuntó un enlace.
Ella no respondió y dejó el teléfono a un lado. Maya era una chica extraña. Nunca había conocido alguien como ella.
Cerró los ojos por un momento, hasta que el sonido del teléfono lo sobresaltó. No era un mensaje, era una videollamada. ¿Qué demonios pretendía?
Al final, aceptó. El rostro sonriente de Maya llenaba la pantalla.
- Esa selección me sorprendió - dijo algo agitada - Tenía mil años de no oír esa canción… No habría creído que fueras del tipo de chico que escucha a Robbie Williams -
- No mucho, en realidad, pero creí que a ti te agradaría -
- Me puse a bailar en la ducha como una adolescente - rio - Creo que el helado me puso de buen humor -
- ¿No estás siempre de buen humor? -
- La mayor parte del tiempo, sí - guiñó un ojo - Perdona, tal vez querías descansar y yo estoy aquí diciendo tonterías -
- No, está bien - respondió él sonriendo - Es algo temprano para mí -
- ¿Te quedas despierto hasta tarde? -
- Usualmente sí -
- Bien, ya sé a quién acudir cuando tenga insomnio -
- ¿Sufres de insomnio con frecuencia? -
- No - dijo con un gesto divertido - Solo buscaba una excusa -
- No necesitas una excusa para hablarme, Maya -
Él lo dijo suavemente, pero serio y ella se sintió ruborizar.
- ¿Sabes? Creo que te he molestado suficiente por hoy. Mejor te dejo descansar. Buenas noches, Eduardo -
- Buenas noches, Maya -
Finalizó la llamada y se quedó mirando al vacío por un momento.
“¿Qué estoy haciendo?” pensó Maya “Me estoy comportando como una tonta. Debe pensar que estoy loca”
Miró el chat y abrió el enlace.
Rock DJ resonó en la habitación y siguió el ritmo con la cabeza. Una extraña electricidad le recorría el cuerpo y la hacía sonreír como una boba.