5.

1345 Palabras
Varias veces durante el día se sorprendió a sí misma mirando el teléfono, esperando que algo sucediera, pero nada. Había dado su última clase y luego de despedirse de las chicas, fue hasta las duchas para refrescarse. Dejó sus cosas en la parte trasera del auto y luego de pensarlo por un momento, escribió un mensaje rápidamente. Lo envió antes de que comenzara a tener dudas y aguardó con la mirada fija en la pantalla. Solo habían pasado unos segundos, pero al no recibir respuesta, frunció los labios. - Soy una tonta. ¿Qué me pasa? - se dijo a sí misma con rabia. Subió al vehículo e iba a encenderlo, cuando el teléfono sonó con una notificación. //// El ejercicio y el par de cervezas de la noche anterior habían tenido un efecto somnífero y disfrutó de un sueño muy profundo y reparador. Con gusto se habría quedado en la cama un poco más, pero recordó que aún tenía mucho trabajo pendiente, así que se dio una ducha con agua fría para despejar su mente y llenarse de energía. El día se deslizó sin incidentes y había dado ya las cuatro, por lo que todos comenzaban a prepararse para salir. Se volteó para intercambiar unas palabras con un compañero y una vez que se retiró, tomó su teléfono, que mantenía en silencio mientras permanecía en la oficina. Le sorprendió ver una notificación en a pantalla, porque no esperaba ningún mensaje. Creyó que había leído mal y tuvo que leer el par de frases varias veces. ¿Qué estaba sucediendo? Permaneció un momento con el teléfono entre sus manos, dudando de lo que debía hacer. Bien, tal vez lo mejor era no apresurarse a sacar conclusiones. Respondió al mensaje y apagó el equipo de trabajo. No le tomó mucho tiempo llegar a la dirección que le había enviado. Se detuvo en la entrada de la cafetería y se dirigió hacia donde ella se encontraba. Miraba con interés el menú, así que no fue sino hasta que estuvo frente a ella, que notó su presencia. La ropa deportiva que ella llevaba contrastaba con la ropa formal de oficina que él lucía. - ¡Oh! ¡Hola! - sonrió - Perdón, estaba distraída. Siéntate - - Hola. Debo confesar que me sorprendió tu mensaje - Maya examinó su rostro, tratando de descifrar sus palabras. - Bien… - dudó un instante - Anoche dijiste que te esperaba un día difícil y pensé que un café te vendría bien - en sus labios se dibujó una sonrisa nerviosa - Me alegra que aceptaras mi invitación - Les interrumpió la llegada de la camarera para tomar su orden. - Una limonada - dijo Eduardo devolviéndole el menú. - Así que… no tomas café - dijo Maya. - No - Eduardo sonrió. - Entonces… - se sentía algo cohibida - ¿Qué tal estuvo tu día? - - No fue tan malo como creí - respondió él - Aunque tengo algunos pendientes por atender, pero al menos saqué lo más urgente - - Eso es bueno, ¿no? - - Sí, lo es - asintió - ¿Y tú? ¿Cómo estuvo tu día? - - Bien. Solo tenía un par de clases de hoy - - ¿Trabajas con niñas? - - En realidad trabajo con adultas. Lo del torneo fue un favor, más que todo para ayudar a Catalina, la dueña de la academia. No tienes idea de cuánto esfuerzo requiere mantener juntas y quietas un grupo de doce niñas - - ¿Tienes mucho tiempo de trabajar ahí? - - Poco más de un año - - ¿Y lo disfrutas? - - Sí, mucho - ella sonrió - Me gusta estar activa, preparar diferentes rutinas y conocer nuevas personas - - Todo un espíritu libre - comentó Eduardo observándola - No te atas a nada - Ella le miró con algo de sorpresa. - Quizás. Un poco - murmuró al fin - Aunque mi madre lo llamaría rebeldía - - ¿Vives con ella? - - ¿Con quién? ¿Con mi madre? - ella dejó escapar una risa nerviosa - ¡Cielos, no! No podemos permanecer en la misma habitación más de diez minutos - - Lo siento, no quería ser entrometido - - No, para nada. No me importa hablar de ello. Es mi madre y la amo, pero ambas tenemos un temperamento muy fuerte y chocamos por todo - - ¿Y tu padre? - Su rostro se ensombreció. - Lo he visto como tres veces en toda mi vida - desvió la mirada - Él no es parte de mi vida - - Me disculpo de nuevo. Es un tema muy personal que no debí traer a colación - - De verdad, no te disculpes. Es lo que es - le detuvo Maya con un gesto tranquilizador. La llegada de la camarera con las bebidas les permitió disipar un poco la tensión y Eduardo prefirió dejar los temas personales a un lado. Maya era excelente conversadora y saltaron de un tema a otro. No notó el paso del tiempo hasta que ella recibió un mensaje. - ¡Cielos! ¿Son las siete ya? - hizo un gesto de disculpa a Eduardo para hacer una llamada - Solo será un momento - - Claro, adelante - - ¿Hola? ¿Michael? Sí… lo siento… Lo olvidé por completo, discúlpame, por favor… No, no… se presentó algo - lanzó una mirada a Eduardo, pero él parecía estar atento al programa que mostraban en las pantallas de la cafetería - Hablamos mañana, ¿sí? - su tono había cambiado - No, no estoy casa. Debe irme, Michael. De nuevo discúlpame - Colgó y dejó el teléfono a un lado. - Lo siento, Eduardo - - No, está bien. ¿Tienes que ir a otro lugar? - - No, no. No es nada importante - - ¿Estás saliendo con Michael? - De pronto él la miraba con fijeza y se sintió algo inquieta. - No… Es decir, hemos salido un par de veces, como amigos, pero nada más - Eduardo mantenía la mirada fija en ella y se sintió como una niña pequeña. - Él parece muy interesado - - Lo sé - dijo casi sin pensar - Es decir… no quiero que pienses que soy una engreída - - No, no lo creo. Él lo demuestra - - Sí, es un chico agradable, pero… apenas lo conozco - tomó su teléfono - ¿Vas a tu casa? Puedo llevarte - - Sí, gracias - Viajaban en silencio y cuando el auto se detuvo frente al edificio. - Gracias - dijo él suavemente - Disfruté mucho charlar contigo - - Yo también - Maya sonrió. - Ve con cuidado - se inclinó y le besó la mejilla. En realidad, fue apenas un roce. - Me gusta el olor de tu colonia - no se percató que lo había dicho en voz alta. - Gracias - Eduardo sonrió - Tú también hueles bien - Se sintió ruborizar y prefirió no decir más. Lo vio bajar del auto y en cuanto él se volteó, hizo un gesto con la mano. Arrancó con mano temblorosa y se alejó rápidamente. - Compórtate, Maya - se dijo a sí misma con algo de enfado. Preparaba algo para el almuerzo del día siguiente, cuando oyó su teléfono. Lo tomó sin dejar de vigilar el sartén. “En casa, sana y salva. Buenas noches.” Sonrió. Definitivamente estaba muy fuera de práctica. ¿Acaso ella estaba coqueteando o solo era amigable? “Gracias de nuevo por la invitación.” “Ahora que sé que no te gusta el café, creo que la próxima vez iremos por una cerveza.” ¿Próxima vez? Eso era inesperado… aunque tal vez a Michael no le agradara la idea. “Me parece un buen plan.” “¿El viernes?” ¡Vaya! Eso era rápido. Sin duda, ella no perdía el tiempo. “Sí, el viernes me parece bien.” “¡Genial! Hablamos. Descansa.”
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