6.

1307 Palabras
Nunca había visitado ese lugar. Era un sport bar bastante popular, pues recordaba haberlo escuchado mencionar por sus colegas. No pudo evitar sorprenderse cuando vio a Maya que conversaba con Lidia y Franco en la mesa. Por suerte ellos no le habían visto, así que cuando se acercó, pudo sonreír y saludar con naturalidad. Las pantallas del lugar mostraban un partido de baloncesto que Maya seguía con interés, mientras Franco y Eduardo hablaban del auto que seguía dando problemas. - Le he dicho que lo vendamos - intervino Lidia - Con lo que ha gastado en reparaciones, ya habríamos comprado uno nuevo - - Ella cree que comprar un auto es como ir al supermercado - replicó el hombre - He chequeado precios, ¿sabes? - - Lo sé - respondió Eduardo - Mi hija me reclama que siempre la busco en taxi y he tratado de explicarle que en estos momentos no puedo comprar otro auto - Maya había desviado la atención del partido. - ¿Tu exesposa se dejó el auto? - preguntó Lidia con cautela. - Sí, el auto, la casa - al notar su mirada, se explicó rápidamente - Era lo mejor para Tonya - Le interrumpió el sonido del teléfono. Era Dafne. - Lo siento. Vuelvo en un momento - Salió del bar y respondió. - ¿Eduardo? ¿Qué es ese escándalo? Parece que interrumpo algo - dijo Dafne con tono seco. - ¿Qué sucede? - preguntó con tono cansado. - Supongo que estás muy ocupado. Disculpa que te arruine la diversión - - ¿Vas a empezar? No te luce esa actitud de niña caprichosa, Dafne - - Claro, debes estar con una linda chica - Vio a Michael que se acercaba al bar y hacía un gesto de saludo, pero no parecía dirigirse a él. Al voltearse, Maya se encontraba tras él, tan solo a unos pasos. Eduardo exhaló un suspiro. Hizo un gesto de saludo a Michael y vio de reojo como se inclinaba y besaba a Maya. - Sí, la verdad es que sí - dijo con voz grave - De hecho, no es una niña linda, sino dos chicas lindas. Una de ellas está con su esposo y la otra con su novio - - Y el pobre Eduardo está solo - dijo la mujer con una risa sarcástica. - Solo estoy tomando unas bebidas con amigos, Dafne. ¿Qué es lo que quieres? - - Tonya ha pasado con algo de fiebre. Parecer ser un virus que anda circulando en el colegio, pero ella no se ha sentido bien, así que no creo que deba ir a tu casa este fin de semana - - Entiendo, pero me gustaría verla. ¿Está bien si voy a la casa mañana? - Hubo un silencio al otro lado de la línea. - Sí, está bien - dijo al fin. - Bien. ¿Necesitas algo? - - No, nada - - Entonces, hasta mañana - Colgó y permaneció fuera un rato. Cuando regresó al bar, Michael - como era de esperarse - estaba al lado de Maya y había pasado el brazo sobre sus hombros, aunque ella había vuelto a concentrarse en el juego. - ¿Todo bien? - Franco le hizo un gesto para que se sentara a su lado. - Sí, todo bien - Eduardo miró a Maya un momento y ella lo notó, pero mantuvo la mirada fija en la pantalla. De pronto se sentía tensa. Murmuró una disculpa a Michael y se dirigió al baño. Solo unos instantes después, Lidia se le unió. - Déjame entender algo - dijo mientras se apoyaba en el lavabo - ¿Invitaste a Eduardo a salir y en cuanto él se levantó para atender una llamada te besaste con Michael? - - Pues no estoy en una cita con Eduardo, si es a lo que te refieres - respondió Maya sin mirar a su amiga - Es solo una salida de amigos - - Pero tú lo invitaste y ahora estás con Michael - insistió Lidia. - Yo no invité a Michael. Franco fue quien le dijo dónde estábamos - Dio una rápida mirada a su amiga, que permanecía cruzada de brazos, observándola. - ¿Qué te molesta? - - No me parece bien lo que estás haciendo - - No estoy haciendo nada, Lidia. Apenas conozco a Eduardo, lo he visto un par de veces, nada más - - ¿Y Michael sí te gusta? - Tardó en responder. - También lo estoy conociendo… Y además fueron ustedes quienes me lo presentaron, ¿no? - - Bueno, sí. Creí que cumplía con toda tu larga lista de requisitos - respondió con sorna la mujer. - No es tan larga - Maya frunció los labios - Y no tiene nada de malo que tenga claro lo que deseo para mí y que no me conforme con menos - - No, claro que no. Yo no querría que te conformaras con alguien que no vale la pena… Pero tampoco quiero que te aferres a un ideal imposible para huir de una relación - Maya le lanzó una mirada de reproche y salió con paso rápido. Cuando volvió a la mesa, los tres hombres conversaban y reían como grandes amigos. Se volteó y le hizo un gesto a Lidia y se reunieron con ellos. Daban las once cuando decidieron retirarse. Michael se inclinó para decir algo a Maya, pero ella negó y se volvió a Eduardo. - ¿Te llevo? - - No, gracias - respondió él, rápidamente - Tomaré un taxi - - Pero… a mí no me molesta - no pudo ocultar su desconcierto. - Creo que es mejor así - lanzó una mirada a Michael que seguía el intercambio con interés. Su primer impulso fue detenerlo, pero se contuvo. Tomó algo de aire y vio cómo se despedía de los otros. Luego, solo se detuvo frente a ella. - Adiós, Maya - No respondió. Lo vio salir del bar y en ese instante, Michael la tomó por la cintura. - Déjame - le apartó con un movimiento rápido. Se acercó a Lidia y Franco - Nos vemos, chicos - y salió del lugar. Condujo rápidamente a casa y en cuanto aseguró la puerta, escribió un mensaje. “¿Estás molesto por algo?” aguardó con la mirada fija en la pantalla. Solo habían pasado unos segundos. “No. En lo absoluto. La pasé muy bien, de hecho.” Por alguna razón, su respuesta la enfadó. “¿Por qué no aceptaste que te llevara?” “No quería abusar de tu amabilidad.” “¿Eso es sarcasmo?” sentía que sus mejillas ardían de enojo. Le sobresaltó el timbre del teléfono. - ¿Hola? - - No, Maya. No es sarcasmo - la voz de Eduardo se escuchaba grave, pero serena. Tomó algo de aire para que él no notara la agitación en su voz. - No me habría molestado llevarte… - dijo lentamente. - Lo sé y te lo agradezco. Pero preferí que no tuvieras que conducir tan tarde y volver a casa sola - hizo una breve pausa - ¿Estás en tu casa? - - Sí, acabo de llegar - exhaló un suspiro. - Bien. No te molestes conmigo, por favor - - No, no… Está bien… Creí que eras tú quien se había molestado - - ¿Por qué? - - Bueno… Michael no estaba invitado… - No me molesta, Maya. Creo que te dije hace un momento que la pasé muy bien - No se sentía del todo tranquila y no sabía por qué se había alterado de esa manera. - Entonces… ¿eres aficionada al baloncesto? - El cambio de tema le sorprendió, pero sonrió. Se acomodó en el sofá. - Sí, de hecho, sí. Es mi deporte favorito…
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