Daban alrededor de las diez cuando llegó a la casa. Dafne no tardó en cederle el paso, sin decir palabra.
- ¿Cómo sigue Tonya? -
- Mejor. La fiebre ya bajó, pero los medicamentos le dan mucha somnolencia. Dormirá todo el día -
- Traje limón y miel - dejó las bolsas en la encimera de la cocina.
Nada había cambiado en la casa. No había movido un solo objeto.
- Iré a verla -
La mujer no respondió.
Su hija se encontraba bajo un grueso edredón, a pesar que la mañana estaba avanzada y hacía calor. Tenía el rostro enrojecido y la frente perlada de sudor.
Se sentó al borde de la cama y le acarició el cabello como cuando era pequeña. Tonya abrió lentamente los ojos, irritados por la fiebre.
- Hola - Eduardo le sonrió - ¿Cómo te sientes? -
- Mal - murmuró con voz pastosa - La fiebre vuelve por momentos -
- Tal vez deberías refrescarte un poco. No creo que estar tan abrigada te haga bien -
- Humm… no quiero moverme -
- ¿Quieres una limonada? -
- Sí, me parece bien -
- Vuelvo en un momento -
Regresó a la cocina donde Dafne terminaba de lavar unos trastes.
Su exesposa era una mujer de treinta y tres años, alta y de piel blanca. Su cabello era castaño claro, pero desde hacía algún tiempo lo teñía de rojo intenso. Era bastante delgada y cuidaba mucho de su apariencia, por lo que mantenía un régimen de ejercicio y alimentación bastante rígido.
Al detenerse a su lado, ella lo observó. Tenía unos ojos pequeños y redondos, formados por pequeñas vetas verdes y miel. La nariz pequeña y los labios largos y finos.
- Entonces - dijo con tono seco - ¿La pasaste bien ayer? -
- No empieces - respondió sin mirarla.
- Solo dime si la pasaste bien con tus “amigos” - y sacudió la cabeza.
- ¿Por qué te molesta tanto que salga? -
Ella no respondió.
- Yo no te interrogo sobre lo que haces en tu tiempo libre -
- ¿Tiempo libre? - dejó escapar una risa burlona - No tengo tiempo libre. Tengo demasiado trabajo, dos proyectos nacionales y además, ver por Tonya -
- Si necesitas ayuda con Tonya, solo tienes que decírmelo - acabó de preparar la limonada y volvió a la habitación de su hija.
Ya ella había vuelto a quedarse dormida y la llamó suavemente. Bebió apenas dos sorbos y se volvió a dormir.
De vuelta a la cocina, Dafne se había sentado en el comedor y parecía sumida en sus pensamientos.
- Creo que le volvió la fiebre -
- Sí, el doctor dijo que había que darle tiempo al medicamente para que hiciera efecto - se masajeó el cuello - ¿Quieres algo de beber? -
- No. Estoy bien, gracias -
- Entonces… ¿quiénes son estos amigos con los que sales ahora? -
Era evidente que no iba a dejar el tema.
- ¿Recuerdas a Franco García, mi amigo de la universidad? -
Ella dudó un instante.
- ¡Oh! Sí, ya lo recuerdo… Tenía años de no saber de él -
- Sí, yo igual. Me encontré con él hace algunas semanas. Tiene un grupo que se reúne a jugar fútbol -
- ¿Ahora juegas fútbol? -
- Solo he ido a un partido -
Se hizo un breve silencio.
- ¿Estás saliendo con alguien? - ella lo miró brevemente.
- ¿En citas, te refieres? No -
- Bueno, supongo que no pasará mucho tiempo antes de que te enredes con alguna mujer… Para ustedes los hombres todo siempre es más sencillo -
- Mira, Dafne - dijo él con algo de cansancio en la voz - Si no estás satisfecha con tu vida, haz algo al respecto… Lo hiciste conmigo, ¿no es así? Decidiste que no querías estar conmigo y no perdiste el tiempo en pedirme el divorcio… Ahora no puedes culparme de la que te pasa -
Se hizo un pesado silencio.
- Está bien, reconozco que no he sido justa… Tal vez solo tengo un poco de envidia. Pero tienes razón, no debería responsabilizarte por mi frustración -
Él se incorporó y se colocó tras ella y comenzó a masajear sus hombros.
- Solo te pido que llevemos la fiesta en paz. ¿Qué ganamos con pelear todo el tiempo? Querías el divorcio e hice todo lo que estaba en mis manos para que las cosas se dieran de la mejor manera. No entiendo qué más quieres -
- Sí, lo sé, lo sé - cerró los ojos. Eso se sentía bien - Supongo que no puedo reprocharte nada… Ahí, más fuerte…
- Estás muy tensa -
- Ese ya es mi estado natural -
Él continuó masajeando.
- Ahí, más fuerte - repitió con un rictus de dolor cuando él encontró el nudo en su espalda.
Sonrió al sentir que la tensión iba cediendo.
- ¡Cielos! Se siente bien - murmuró - Es patético… No recuerdo cuando fue la última vez que tuve sexo - echó la cabeza hacia atrás para mirar a Eduardo - ¿Tú lo recuerdas? -
- No llevo la cuenta, pero sé que fue hace mucho -
- ¿No has tenido sexo en todos estos meses? -
- Sabes que no -
Eduardo se había detenido y ella cubrió sus manos con las suyas.
- Es extraño… Extraño el sexo contigo… Era lo único que nuestra relación que siempre funcionó -
- Hoy es el día de ser brutalmente honesta, ¿no es así? - se separó y busco algo de agua.
- Eres la única persona con la que puedo hablar, de decir las cosas como realmente las pienso - Dafne se volvió a él - Pero tienes que reconocer que el sexo era bueno - sonrió y se acercó a él. Lo rodeó con sus brazos y se mano se deslizó por su pantalón.
- ¿Qué crees que haces, Dafne? -
- ¡Vamos! Necesito sacarme todo esto de adentro y tú también -
Soltó el broche de su pantalón y deslizó la cremallera.
- ¿Qué dices? Solo un rapidín -
- Realmente no creo que sea una buena idea - se volteó y la apartó.
- Eduardo, sé que no me he portado bien contigo, lo siento - volvió a acercarse - Tienes razón, no tengo que desquitarme contigo - decía mientras su mano recorría su vientre hasta su entrepierna - Anda, sé que me extrañas -
Al notar que ponía una débil resistencia, se abrazó a él y lo besó.
Deslizó la cremallera de su pantalón y tomó su m*****o entre sus manos. Sin demora, comenzó a estimularlo. Le obligó a abrir la boca e introdujo la lengua con ansiedad.
Dafne era una mujer apasionada. Le gustaba el sexo duro y sin mucho preámbulo. El cuanto él cedió a su beso, se deshizo de su pantalón y con la otra mano soltó el botón de su short de mezclilla, que se deslizó hasta el suelo sin resistencia.
Se giraron para que ella se apoyara en la encimera y condujo el pene del hombre ya erecto, hasta su v****a. . Entonces Eduardo pudo penetrarla con más facilidad. Dejó que estableciera el ritmo y oprimió los labios con fuerza para acallar los gemidos.
No tardó en sentir la oleada del primer orgasmo.
- ¡Oh! Cuánto extrañaba esto - dijo con un suspiro de satisfacción.
Sintió su respiración agitada y sus manos que se cernían con fuerza a su cintura.
- Vamos al sofá -
Se separó un instante y lo tomó de la camisa. Apoyó el vientre en el descansabrazos y le ofreció su trasero, ya húmedo por la lubricación. Él deslizó dos dedos por entre sus labios y volvió a penetrarla. Ahora, con el paso libre a su interior, sus embestidas eran más fuertes y profundas. Ocultó el rostro en el sofá mientras volvía a correrse. Podía sentir el líquido tibio que empapaba su ingle y la piel de su v****a palpitaba, tratando de aferrarse al m*****o del hombre, que no dejaba de entrar y salir.
Finalmente ella gritó y él salió rápidamente, doblándose sobre ella.
Le tomó algo de tiempo recuperar el aliento. Eduardo fue el primero en incorporarse y sin decir palabra, se vistió y busco una toalla de papel para limpiar el semen que había caído en el costado del sofá.
Dafne, con un gesto despreocupado, se recostó en el sofá, mientras sus dedos acariciaban suavemente sus labios, aún sensibles por el intenso encuentro.
- No te olvides que Tonya está en la habitación - la voz de Eduardo era más grave de lo usual.
- No se levantará de la cama. Entre la fiebre y los medicamentos… - miró algo divertida sus dedos llenos de fluidos y los lamió con un gesto provocador.
Luego, miró a Eduardo y sonrió.
- Ya, no pongas es cara - dijo con tono burlón - Ya voy a vestirme -
Se incorporó y buscó su ropa.
Se sirvió un poco de agua y sin mirarlo, comentó: - ¿Por qué dejamos de tener sexo? Tal vez eso habría salvado nuestro matrimonio -
- Estabas enojada todo el tiempo. Solo me dirigías la palabra para recordarme que soy un bueno para nada, así que disculpa si no tenía mucho interés por ponerte un dedo encima -
- Nunca vas a perdonarme, ¿no es así? - le miró un momento.
- Solo habría querido manejar las cosas de una forma diferente -
Dafne asintió.
- Lo sé. Sé que no lo manejé de la mejor manera. Lo siento. Te prometo que trataré de ser menos pesada contigo - se alisó el cabello - ¿Te parece si ordeno algo de comida china? No deseo cocinar -
- Sí, está bien. Pide una sopa de pollo para Tonya - dijo mientras se dirigía al cuarto de baño para lavarse.
Sí hacía mucho tiempo que no tenía sexo, mucho antes del divorcio y de eso habían pasado ya meses.
Sí, era cierto, el sexo entre ellos siempre fue lo que mejor funcionó en la relación, pero a diferencia de su exesposa, no creía que hubiese sido suficiente para mantenerlos juntos, como sabía que lo que acababa de suceder no haría que Dafne cambiara su trato hacia él más que por un corto tiempo.
Si habían permanecido juntos durante tantos años, fue porque él siempre se amoldó al carácter dominante de Dafne y había evitado entrar en conflicto con ella. Pero ahora, luego de divorcio y el tiempo transcurrido, se había dado cuenta que ya no estaba dispuesto a continuar soportándolo. Si Dafne creía que podría seguir utilizándolo como siempre lo había hecho, estaba muy equivocada.