La boda fue increíble, pero llegó a su fin, y no planeamos una luna de miel, pues Alexander quería estar con su padre y yo respetaba eso. Me sentía tan nerviosa de vivir en palacio y lo único que podía pensar era: “¡WTF! ¡Soy una princesa!” Los días siguieron pasando, mi primer mes de casada pasó volando y entonces, en la primera semana de febrero, el rey murió. Fue un golpe duro para la felicidad que nos rodeaba a Alex y a mí. El funeral fue muy triste y con un protocolo igual de extenso que el de la boda. No me separé de Alexander en toda una semana, y luego el solo salió de la habitación y volvió a ser el mismo, aunque sabía que por dentro cargaba su cruz, pero quería ser un pilar para él, así que no lo dejaba solo, y él me lo agradecía. En esa semana se estuvo planeando la coronació

