Capítulo 34

1801 Palabras
Frente a frente con Cameron Scott p2 Fue un sueño, solo un sueño, Ben… Pero mierda que me asustó. Ahora es momento de despertar… ¡No quiero! Te las bancas, en cinco… cuatro… tres…dos… —¡Despierten, despierten! ¡Ya es navidad! Los saltos de Daniel sobre nosotros y sus grititos de felicidad no me afectaron tanto como el roce de la rodilla de mi hermosa novia falsa en esa parte que amanece un tantito dura todas las mañanas. —¡Auch! —¡Oh, Ben! ¡Cuánto lo siento! ¿estás bien? —Lo estaré si sacas tu rodilla de ahí—hago un mueca y le señalo mi entrepierna para que entienda la indirecta muy directa y ella por fin lo nota y puedo respirar. ¿Podemos? ya pensé que nos dejaría estériles… Hanny se levantó de la cama y tomó a Daniel para hacerle cosquillas y sacarlo de la zona de batalla en donde estaba como soldado caído, cuando lo llevó hacia donde sea que le haya pedido, pude por fin soltar un gran gruñido de dolor. —¡Mierda, esto duele muchísimo! No fue mucho lo que pude hacer, salvo intentar correr al baño y meterme en la ducha fría, debía solucionar el problema antes que mi hermosa novia falsa volviera. Una vez que me encuentro mejor salgo de la ducha y tomo la toalla para enroscarla en mi cintura, aprovecho de afeitarme y lavar mis dientes y salgo y ahí la encuentro leyendo algo demasiado interesante en su celular, no sé qué me dio más risa, si su cara de enojo porque le quité el aparato o darse cuenta de cómo estaba. —¡Deja de mirarme así! —Deja de pasearte así delante de mis ojitos, no ves que me puedo encandilar—lo dice mirando directamente a lo que está bajo la toalla y este reacciona de inmediato, pero como duele…— ¿Te sientes mejor? ¿dolió mucho? —Ambas, pero ya deja de preocuparte y ve a ducharte, a propósito y ¿eso? —Jacky, me lo regaló, dijo que tuvo un leve presentimiento de que no vendría preparada y aprovechó para comprármelo, pero como dices, muévete que ya quiero ir a ver a la nueva integrante de la familia. Y esa era mi cuñada, una mujer amorosa, desinteresada y tan buena como mi hermano. No cabía duda alguna que mi sobrino Daniel había nacido de una buena mujer… pero Joshua… ¿Qué pasaría con él cuando mi familia se enterase? Ese era un tema que quería hablar con los abuelos de mi niña mimada, ese niño era mi sangre y más, era el hijo de mi hermano y si en mi está el ayudarle en todo lo que sea posible lo haré. Bien dicho… Después de vestirnos y bajar a desayunar, conversamos un poco con mi madre y Jacky. Hanny les dijo que no se preocuparan por nada que todo estaba arreglado para la cena de noche vieja, que solo bastaba su presencia, entre eso les comentó que la esposa de uno de los médicos que me había salvado era la chef oficial para esta ocasión y que las mujeres de la familia se encargarían de los postres y esta sería la primera vez que ella lo hiciera. Mi padre no apareció y creo que agradecí que no lo hiciera, no tenía ganas de ver su cara de nunca he hecho algo malo y sentirse como si mi relación con Hanny fuera como un boleto a la felicidad, eso era algo por lo que detenía a mi conciencia, necesitaba que lo que estuviera pasando se solucionara y así darle todo de mí a mi chica. Cuando nos despedimos, quedamos de acuerdo en que yo vendría a buscarlos para el treinta y uno, mi mamá nuevamente nos abrazó feliz y de paso le entregó una cajita a Hanny. —Los hice anoche, no tenia mucho sueño ¿puedes dárselos a la amiga de tu mamá? —Son hermosos, pero ¿por qué dos pares?— levantó los pequeños escarpines y sonrió al ver que un par era de color rosa y el otro de color azul. —Digamos que tejo rápido y nunca están demás, así que espero que pronto ustedes me den ese gusto, ya Daniel no usa mis suéteres y a mí me encanta tejer. —Cuando quiera me hace uno a mí, yo feliz me lo pongo. —Ya vamos, preciosa para que alcancemos a hacer todo lo que debemos el día de hoy… —Sí, sí, vamos. Nos vemos en noche vieja. Nos despedimos por enésima vez de mi familia y enfilamos rumbo al hospital, esa sería nuestra primera parada. Al llegar al hospital pudimos conocer a la pequeña Stella, de verdad que era la bebita más hermosa que había visto y nuevamente pensé en Joshua, como eran tantas las personas en la habitación decidimos pasar a ver al pequeño y a lo mejor volver después. Hasta ese momento el tan bullado Cameron Scott no había dado luces y ya sabía por su hermana Alma que estaba por aterrizar y que Mel iría a buscarlo. Busqué en la mirada de Hanny algún atisbo de querer ir, pero ella nada, solo tomó mi mano y me llevó donde mi sobrino. —¡Vinieron! —Feliz navidad, cariño. Hanny y él se fundieron en un fuerte abrazo y luego me tocó a mí un pedacito de ese amor. Después de eso, Hanny hizo lo mismo que con Daniel y le entrego un juego de legos, Joshua estaba feliz y sus ojitos se iluminaron como los de mi sobrino ¡Como no amar a esta mujer! Para cuando nos dimos cuenta ya era cerca de las dos de la tarde y justo me llamó Davis para solucionar algunas cosas en la academia, debí decirles que era momento de irnos y nos despedimos de Joshua con la condición de que lo vendríamos a ver mañana y salimos del hospital. El día se hizo corto y casi no pude ver a mi niña mimada, pero cuando la noche llamó a mi ventana, cerré mi laptop y caminé rumbo a los dormitorios. La tranquilidad de los pasillos casi vacíos me recordó que en pocos días volvería todos y esa complicidad que hemos creado con Hanny tendría que parar, no sería bien visto que pase mis días encerrado en su habitación y lo menos que quería era que pensaran mal de ella. Di dos golpecitos en su puerta y ella me recibió con su hermosa sonrisa. —¿Cansado? —Un poco. Se hizo a un lado y me dejó pasar, su habitación pulcra, como siempre, me recibió como si fuera mi hogar y su mano delicada tomó la mía. —Tengo hambre. Dijo de la nada y me golpeé mentalmente por no preocuparme por sus necesidades. Vi la hora y se me ocurrió invitar a Hanny a la cafetería de Andy, pero ella negó y me ofreció unos pastelillos y una taza de café. —Son de contrabando, no me vayas a acusar con el instructor, es un poco pesadilla el señor ese. ¿Qué podía decir ante eso? No me quedó más que reír a carcajadas, algo desde que estaba con ella era fácil, natural. Conversamos un rato y sin pensarlo nos dormimos, en esa pequeña cama. Si te llegas a casar con ella, quiero una igualita, me encanta dormir así… El día llegó más rápido de lo pensado y reafirmé la invitación, pero ahora para desayunar. —Ve a ducharte, te espero en la entrada. —¿No puedo hacerlo acá?—dije intentando hacer un puchero. —¡Sal de mi habitación, Henderson! Corrí de su ataque y me dirigí a la mía, aproveché de sacarme la barba y me vestí de manera casual. Hoy será un gran día… Eso mismo creo… —Me encantan estas papitas, están deliciosas, Andy—le dice mi hermosa novia a mi amigo, mientras él se queda embobado mirándola. —Tienes salsa de cheddar en la mejilla—le dice el idiota y está a punto de limpiarle la comisura de los labios con una servilleta. —Andy…—le reclamo y se la quito para hacerlo yo. —Perdón, don mandón. No era mi intención quitarte el protagonismo. —Ben, no seas así, Andy estaba siendo amable. ¿Por qué era así? No podía enojarme con ella y ahora yo era el bobo que la miraba enamorado. —Será porque se pone celoso de todo el mundo—Una voz desconocida se escuchaba justo tras de nosotros y mi corazón se apretó . —¡Cam! ¡Pudiste venir! El chico que ahora tenía frente a mí abre sus brazos y mi adorada novia se olvida de nosotros como por arte de magia. No se parece en nada al del sueño, ¡Si parece un niño!… Un niño que ha sido su compañero toda una vida. Pero que no te llega ni a los talones, Ben… Gracias por el cumplido. —Hola, mi dulce de tiramisú ¿Qué has hecho sin mí? —Muchas cosas, idiota y tú ¿Cómo están las cosas en España? —Todo perfecto, Ari te manda saludos. —Que tierna, pero ven que te quiero presentar a mis amigos. ¿Amigos? ¿Dijo amigos?... Casi escupí la bebida que tenía en la boca al escucharla, lo mismo quiero preguntar ahora, pero ella sigue con sus presentaciones. —Él es Andy, el dueño de este hermoso lugar y el mejor mesero del planeta. Andy se pone todo rojo por la presentación y le estira la mano al chiquillo que la acepta con una mirada dulce. —Un gusto, Cameron Scott. —El gusto es todo mío, Hanny nos ha hablado mucho de ti ¿cierto Ben? A nosotros sí, a ti nunca, chiquito… —Entonces tu debes ser Henderson, el jefe—masculla entre dientes y luego vuelve a su pose de domador de bestias. —Es un placer conocerte, Cam. Eso, ahora muélele la mano… Tranquilo, ante todo hay que ser un caballero. Lo que no me esperara es que me tomara del brazo y luego me abrazara como si fuera su gran amigo. —Sabes que me debes más de una conversación, Henderson. Ahora sonríe feliz igual que yo. Me dice al oído con fingida animosidad y yo le sonrío de vuelta. Por fin estaba frente a frente con mi mayor rival y si él quería hablar, pues le daría en el gusto. Si tenía que luchar con él, que representa su pasado, lo haría con garras y dientes, porque yo soy su presente y anhelaba ser su futuro… ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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