Capítulo 35

1695 Palabras
Scott v/s Henderson Por Cameron Scott “Señores pasajeros, les habla el capitán, estamos a pocos minutos de aterrizar en el aeropuerto JFK, favor colocar sus asientos en posición vertical y abrocharse sus cinturones, la temperatura en estos momentos en Nueva York es de dos grados, la nieve y el aroma a muérdago y especias está en el ambiente. Gracias por viajar con nosotros y feliz navidad” Hice caso a las indicaciones del piloto y me acomodé en mi asiento, si hay algo bueno de ser un Scott es poder viajar sin problema en primera clase y disfrutar de la buena vida. Mi llegada a Nueva York había sido tranquila. Con la compañía de Ravel en mis oídos se hizo más llevadera y no me obligó a recordar que, en parte, mi viaje era para verla a ella… Hanna Cicarelli Sinclair era un asunto demasiado importante en mi vida y creo que, en cierta forma, el irme a preparar a las águilas fue una forma de escapar de la cruel realidad, Esa en la que ella jamás me vería como hombre, solo como su mejor amigo. Tomé mis cosas y bajé del avión pensando en todas las cosas que quería hacer en estos días, aunque serían pocos el concierto de navidad era uno de los que más me tenía feliz y haber conseguido a Clara Santillán para que tocara conmigo era el mejor plus. Todo ya estaba en movimiento y Chris O’Connor se estaba portando a la altura apoyándome desde la distancia y eso me mantenía a raya, para no pensar en ella. Cuando salgo del control de la policía agradezco como todo el caballero que soy y comienzo a buscar a loca de mi hermana que me estaba esperando en el aeropuerto. Cuando por fin la noto se me cae la cara al verla con una bota y muletas, niego cuando corre hasta mi y me intenta abrazar con las dos muletas como si no nos viéramos en siglos y la situación fuera demasiado incómoda. —¡Cam! ¡Oh, dios idiota, cuánto te extrañé! —¿Qué mierda te pasó?— ella frunce el ceño y coloca los brazos en jarra, lo que es divertido con las muletas a los costados, pero mejor no se lo digo, no quiero morir tan temprano. —Ya te lo contaré, pero ¿Qué me trajiste? No veo mis regalos. —¡Mierda! Se me olvidó—mascullo entre dientes a ver si cae en la broma y por supuesto que lo hace, solo le falta patalear, pero por obvias razones, no puede— Es una broma, pero mejor vayamos al auto y ahí te entrego tu regalo. —Eso me gustó más. Ven, vámonos. Busqué con mi mirada si ella había venido, pero nada, así que no me quedó más que preguntar por ella y la respuesta de mi hermana no me gustó. —No, nada de eso, ella anda en una misión, eso fue lo que nos dijo la tía Hannah y que no llegará hasta año nuevo. —¡Qué lástima! También quería verla venir a buscarme. Mentí, eso quería decir que Mel no tenía idea en lo que andaba metida Hanny o también ella me lo estaba ocultando como lo hizo Agustín, pero no quise ahondar más en el asunto, tendría que ir a la fuente principal. Después de conversar sobre lo que le pasó y de la estupidez que hizo mi amigo Adrian y como ya estaba planeando como me las iba a pagar nos subimos a la camioneta. Miraba a mi hermana y pensé en mi mejor amigo. Vamos que ya sé que Adrian es un poco idiota y que ha estado enamorado desde el jardín de niños de mi hermana, pero no me cabía en la cabeza que siguiera así después de tantas veces que ella lo ha pisoteado y ahí volvía a mi propia realidad… A cuando ella me dijo adiós y cerró la puerta a mi corazón. Eso dolió y debo decir que aún no me recupero del todo, aunque no he sido muy santo este tiempo en España, en cierta forma todo lo que he hecho fue para olvidarla. Difícil tarea… El día se hizo eterno, aunque disfruté de los pequeños del orfanato seguía dándome vueltas en la cabeza lo que pude sacarle por mensaje de texto, antes de abordar, fue ahí que me contó que estaba con su señor pesadilla y que estaba pasado noche buena con su familia y de un repente dejó de contestar. ¿Cómo era posible que eso fuera una misión? Algo había sucedido en el tiempo que estuve fuera y aunque me muero de ganas de llamar a Agustín, haré lo mismo que hice con mi hermana, pues ese otro era como un cortafuegos y solo daba la información justa y necesaria, por lo menos así fue cuando lo llamé la primera vez y luego de eso me hizo prometerle que primero hablaría con Hanna antes de que él volviese a decirme algo. Llegamos a casa y antes de dormir le envié un mensaje. “Ya estoy en casa… ¿me extrañaste?” Esperé ansioso su respuesta, pero nada. Ni siquiera un visto, dejé mi teléfono en la mesa de noche y me acosté pensando en qué le había hecho ese tipo que estaba perdiendo a mi amiga… A la mañana siguiente, me levanté muy temprano, tenía muchas cosas por hacer, así que dejé durmiendo a Mel y me vestí rápido. —Lo siento hermanita, pero debo hacer algunas cosillas antes de que hagamos cosas juntos. Salí de mi habitación y cerré la puerta con cuidado, me bañé en el baño de Mel y luego pasé casi corriendo por la cocina, tomé la leche y el cereal bajo la atenta mirada de la abuela Gloria y organicé mis cosas para salir y arreglar algunas cuentas que tenía por ahí. —Me vas a decir ¿por qué tan pensativo? —Nada abu— decirle abuela se había hecho tan natural que no sé ni cuando empecé, pero ahí estaba yo rindiéndole cuentas—. Es solo que debo ver a algunas personas y hacer tantas cosas antes de volver que ya siento que estas mini vacaciones serán muy cortas. —Pues aliméntate bien y disfruta tu comida, no te atragantes con solo cereal y leche, por favor. —Lo haré, te lo prometo. Terminé de comer bajo a su atenta mirada y luego dejé las cosas en el lavaplatos, besé la frente de la abuela Gloria y salí en busca de mi moto. En eso mi teléfono sonó con un mensaje y todo mi ánimo cambió. “¿Nos vemos?” “Claro, ¿Dónde y cuándo?” “Voy a desayunar con Ben, pero puede ser en una hora más.” “Mándame tu ubicación, ya quiero conocer al susodicho” “No seas desubicado” Con ese último mensaje me manda los datos de una pequeña cafetería a las afueras de Coney Island y dónde desayunaría con ese tipo. Era momento de conocer a quién me robó su corazón. Me coloqué el casco, subí a mi motocicleta y enfilé mi rumbo hacia Coney Island, en el camino iba pensando las mil y una formas en que ella se encontraría con el tal Ben ¿Se estarían besando? ¿ Le estaría dando de comer? Mi yo pendejo lidiaba con mi yo adulto, porque si las cosas eran lo que yo pensaba no estarían haciendo esas cosas, no Hanny, no mí Hanny, ella no era una loca que se enamoraría de un hombre ocho años mayor que ella y menos me cambiara… como su amigo digo, pero nada. No quería seguir haciendo especulaciones, quería ver la realidad. Después de una hora y treinta minutos me encontraba frente a Coffe & Muffins. El lugar por fuera se veía colorinche, creo que le hace falta una remodelación y unos cuantos toques, aunque cuando entré fue como volver al pasado, el ambiente de los sesenta y ese aroma a pastel de manzana y café recién hecho me cautivó. —Mira tú que bonito donde vienen a desayunar. Seguí haciendo un paneo del lugar hasta que la vi, hermosa, con su cabello lacio amarrado en un moño loco y conversando con dos tipos. —¿Cuál de los dos será? Caminé con paso seguro hasta escuchar como esos dos discutían por limpiarle una mancha a mi amiga, y sólo cuando ella le dijo Ben al viejo ese lo supe, ¡Mi rival realmente parecía un anciano! Para hacer las cosas más divertidas me atreví a interrumpir la discusión. —Será porque se pone celoso de todo el mundo. Mi amiga esbozó esa sonrisa que solo me daba a mí y se levantó de su silla para correr a mis brazos. —¡Cam! ¡Pudiste venir! —Hola, mi dulce de tiramisú ¿Qué has hecho sin mí? Miré de reojo al vejete y si las miradas pudieran matar ya ambos estaríamos bajo tres metros. —Muchas cosas, idiota y tú ¿Cómo están las cosas en España? —Todo perfecto, Ari te manda saludos. Escueto, ya la secuestraría para conversar solo con ella, por el momento dejaría que me presente con esos dos que no nos quitan la vista de encima. —Que tierna, pero ven que te quiero presentar a mis a mis amigos. Juro que en ese momento el vejete dejó de respirar y yo internamente me estaba divirtiendo. Comenzó por presentarme al dueño del local, que debo decir que me cayó de maravilla y antes de que me presentara con el otro tipejo me adelanté. —Entonces tu debes ser Henderson, el jefe— digo mascullando las palabras. —Es un placer conocerte, Cam. El vejete se levantó de su silla y me ofreció la mano, pero como yo era más avispado que él lo atrapé en un abrazo y le hablé sutilmente al oído. —Sabes que me debes más de una conversación, Henderson. Ahora sonríe feliz igual que yo. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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