Frente a frente con Cameron Scott p1
No sé lo que nos depara el futuro, Benedict, pero quiero vivir este presente contigo, juntos...
Decir que esas palabras me calaron hasta lo más profundo de mi ser era poco, mi novia falsa, la chica que en estos meses había entrado en mi vida como un vendaval de frescura, aquella que me prometía estar conmigo y para mí sin esperar nada a cambio me llenó con una calidez especial, una que jamás había conocido.
Aunque aún seguía digiriendo algunas cosas después de enterarme de muchas verdades que se mantenía en el olvido.
O conmigo…
O contigo, conciencia…
Tenía mucho más en que pensar, pero estando con ella sabía que todo estaría bien, su sola presencia me traía paz.
Aún seguíamos abrazados en el medio de mi habitación, ninguno decía nada, solo nos admirábamos, porque eso es lo que yo hacía al tener a esta hermosa mujer frente a mí.
Admirarla y amarla…
Vamos, díselo…
Aún no es momento, conciencia. Todavía hay muchas cosas que debo aclarar para presentarme ante ella como lo que soy y lo que quiero para nosotros.
Te entiendo…
Y gracias…
¿Por qué?
Por cuidar de mis recuerdos, sé que muy en el fondo aún hay mucho que me escondes, pero también sé que ya será el momento en que las desbloquees.
Ya, deja el drama y disfruta de nuestra enamorada…
Ah, pero solo besitos, recuerda tu promesa con nuestro suegrito…
—Ben…
—¿Estás bien?
Pues claro que estaba bien, estaba feliz de que ella me diera una oportunidad de ser parte de su presente y ¿por qué no? De un futuro…
—Lo estoy—besé su frente y suspiré para volver a abrazarla—. Y por supuesto que quiero ser parte de este presente, nuestro presente, aunque no me rendiré tan fácil yo sí te quiero en mi futuro.
—Pues, pasado, presente o futuro es momento de descansar, mañana se viene un día pesado y de solo pensar que deberemos ir al hospital y además al orfanato no me quiero imaginar cuanto trabajo tendremos.
—Serás la mejor duende de santa, de eso no te quepa duda.
Tomé su cara con ambas manos y besé sus labios, ya no había mentiras entre nosotros, tampoco la necesidad de ocultar que ella era más de lo que alguna vez si quiera imaginé.
Porque de algo estaba seguro, el destino me la había traído y ofrecido en bandeja de plata para que ella fuera esa persona especial, aquella a quien podría amar…
—Y tú el mejor Grinch, capaz y me quites su trono a Mel.
Por primera vez en muchos días me permití soltar una carcajada, una que me salió desde el alma. Hanny era tan pura, tan dulce, tan natural, tan ella que me llena con a penas unas cuantas palabras.
¿Alguna vez pensaste que eres un romántico empedernido, galancete?
Ah, creo que no, pero con ella me lo puedo permitir.
—No sé qué opinión tan cruel tienes de mí, pero yo no odio la navidad y todas esas cosas, me encantan y esta noche te lo he demostrado.
Ella frunció el ceño y negó con su cabeza, se ve tan tierna…
—Pero esa no fue mi primera impresión, ¿no te acuerdas cómo me trataste la primera vez que nos vimos?
—Lo recuerdo perfectamente, señorita sabelotodo.
—Ah, eso. Más bien fue por nervios, me pillaste en un renuncio.
—¿Cómo es eso?— caminamos abrazados hasta llegar a mi cama y aunque no quería separarme de ella la solté — Mientras me explicas a qué te refieres, te buscaré algo para dormir, no quiero que arruines ese hermoso vestido.
La vi sonrojarse y solo asentir, se sentó en mi cama y observó cada uno de mis movimientos, pero también la noté como pensaba en qué era lo que me iba a decir, así que fruncí el ceño y ella alzó sus manos como diciendo ya qué.
—Es que estabas tan apetecible con ese uniforme que me dije Hanny, este instructor tuyo te va a hacer más que la vida de cuadritos, ¡Te va a volver loca!
—¿Todo eso pensaste?
—Y otras cositas, pero me acojo a la quinta enmienda.
—¡Hanna Cicarelli Sinclair!— le lancé uno de mis pijamas en su cara y ella se echó hacia atrás acusando el golpe, mientras reía. Me recosté junto a ella y quité su cabello rebelde de la cara—. Eres una pilluela.
—¿Y qué pensaste de mí? Digo, por algo te acercaste a mí ¿no?
—Pues la verdad pensé que eras una niña mimada que estaba ahí porque buscabas marido o algo así.
—¡No! ¿en serio?
—Muy en serio.
—¿Y cuándo cambiaste de opinión?
—La verdad no sé, las cosas se dieron y comencé a conocerte y admirarte, hasta hice una prueba distinta para ti en una ocasión.
—Esa en que las preguntas no tenían que ver con las respuestas.
—Ajá.
—Dios y yo que le hice un tremendo escándalo a Martin.
—Y después en el comedor.
—Verdad, a propósito, disculpa.
—¿Por qué?
—Por haber dicho esas cosas, me pillaste en esos momentos en que creo saber más de lo que realmente sé.
—Como eso de que era gay ¿no?
—Sí —cubrió su rostro avergonzada y pataleo como niña chiquita, luego dio un largo bostezo y se levantó de la cama—me iré a cambiar, ya vuelvo para la hora de la verdad.
—Ve Tranquila, aquí te espero.
Cuando entró al baño me apresuré en cambiarme al pantalón de pijama que dejé para mí y me metí bajo las mantas, para el momento que ella salió vestida con mi ropa me maravillé con lo hermosa que se veía, abrí las mantas y le invité a acostarse.
—Ven, no como…
Aunque tienes cara de lobo feroz…
Ya duérmete.
Duérmete tú, yo quiero seguir admirándola…
Hanny se recostó de lado y colocó su mano para apoyar su cabeza, estábamos frente a frente y le seguí.
—Me caes mejor de esta forma, Benedict Henderson, eres un hombre muy especial —volvió a bostezar y comenzó a parpadear más lento.
—Creo que tu hora de la verdad tendrá que ser mañana.
—No quiero dormirme aún, hay tantas cosas que me gustaría preguntar.
—Ya habrá tiempo.
En eso sonó su teléfono y era un mensaje que le sacó una sonrisa.
—¿Quién es? ¿Del hospital?— ella negó y me lo mostró.
“Ya estoy a nada de llegar, mi dulce de tiramisú, tienes muchas cosas que explicarme” …
—Ya cambia esa cara, Henderson. Sé que te caerá bien.
Y sí, el mensaje era de Cameron Scott, aquél que conocí esa noche del terror a través de sus obras, aquél que amaba a mi niña mimada, aunque ella no me lo dijera. La única persona por la cual sentía pavor, pero que debía conocer, aunque no quisiera. Era parte de su mundo, uno en que había entrado y nadie me sacaría de ahí.
—Entonces, es hora de descansar, mañana será un día especial.
Derrotada, ella asintió y como si fuera una pequeña gatita arrimó su cuerpo al mío, me abrazó con cuidado y se entregó al sueño. Sus latidos empezaron a bajar y su respiración se acompasó, en cambio en mi cabeza bullían las ideas de que sería lo que nos deparaba el mañana, nos acomodé mejor y miré hacia el techo.
—Dulces sueños, mi niña mimada…
Quería pensar que lo que ella me decía era cierto, que el tal Cameron era solo un amigo para ella, pero como cada noche la intranquilidad y las pesadillas me invadieron, pero ahora no estaba con mi hermano recordando ese fatídico día, ahora me veía en el medio de un campo y juro que estoy cerca de la universidad de Nueva York.
Escucho los aplausos y los vitores de las personas, veo las togas y tengo claro que estoy frente a una graduación, el día es claro y el sol calienta mi piel, me dejo llevar por las voces y veo a un muchacho parecido a mí en el podio.
Lo escucho hablar, pero no entiendo lo que dice, solo siento que está feliz.
Para cuando termina su discurso estoy a unos pasos de él y veo que abraza a una mujer de largos rizos vestida con el uniforme de la policia y luego a un hombre que viste de traje impoluto.
—Felicidades, cariño, estoy muy orgulloso de tì.
—Gracias, papà.
—Joshua, ven vamos a tomarnos una foto—le grita una chica y el muchacho algo les dice a sus padres.
—Ve con ellos y disfruta, mi amor.
Esa voz...
Ben... ¡Ben!
—Ya nuestro pequeño es todo un hombre.
—¿Cómo me habria gustado que él estuviera aquí?
—De alguna forma u otra siempre lo estará...
Y ahí, ahora frente a mí estaba el amor de mi vida junto a la peor de mis pesadillas Cameron Scott de la mano como marido y mujer...
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