Con… ciencia.
Hace cinco años atrás…
—¡Benedict, sal de aquí!
—Hermano, ya vienen mis compañeros del escuadrón antibombas, te prometo que saldremos los dos de aquí.
—Sabes que eso no pasará, solo dile a Jacky y a nuestros padres que los amo.
—¡Daniel!
Daniel, por favor no me dejes…
Unos meses antes del atentado…
—¡Hermanito!
—¿A qué debo esta maravillosa invitación, Daniel? Ya me parece extraño que me citaras aquí en la cafetería de Andy.
—Quería verte ¿No puedo querer ver al único hermano que tengo?
—No, para nada es que tú vives ocupado, yo vivo ocupado y las cosas no son como antes.
—Pera ahora estamos aquí, frente a frente para disfrutar una rica comida ¿Te parece?
—Me parece ¿Cómo está Jacky?
El semblante de Daniel cambió drásticamente, ahora entendía por qué me había citado.
Daniel… mi hermano era un libro abierto para mí, lo supe desde que éramos niños y cada una de las veces que lo cubrí en sus mil y una triquiñuelas y travesuras que inventaba. Era el mayor, pero yo parecía más viejo que él.
—¿Ben?—no quería responder y evadía intentado preguntar de vuelta.
—Hermano, vamos, tenme confianza y cuénteme qué te pasa porque sé que algo te pasa.
—Te lo contaré, pero primero pidamos de ese rico pastel de manzana que prepara la mamá de Andy—alzó su mano y llamó a nuestro amigo—¡Hey Andy, ven aquí!
—¡Qué maravilla verlos a los dos reunidos! Hace tiempo que no venían juntos, pilluelos.
—Pues ya ves, querido Andy, los hermanos Henderson han vuelto en gloria y majestad.
Una risa sonora salió de los labios de mi hermano y Andy le siguió, era en esos momentos que extrañaba desde que me había ido de casa para entrar a la academia de policía.
Andy se retiró con nuestro pedido y luego de unos minutos nos puso nuestra comida favorita en la mesa, nos miró divertido y al volver a sus asuntos nos lanzo un beso al aire. Para cuando por fin mi hermano se sintió cómodo, suspiró y lanzó la bomba…
—Estamos pasando un mal momento y yo… yo no sé que me pasó, me siento culpable, hermano.
—Ustedes dos se aman, son como de esas parejas de novela que se crean por un contrato, pero han estado unidos por el lazo del destino.
—Eres tan cursi, Ben. No me quiero imaginar el día que te enamores.
—Pero ahora no estamos hablando de mí hermano.
—ah, eso…
—Dani…
—Te lo voy a contar solo porque eres mi hermanito querido.
—Y porque nunca has hecho amigos. Eso es algo que jamás he entendido de ti.
—Pues ahora si tengo a una amiga, se llama Leonora y es una chica muy linda, amorosa y muy juiciosa.
—¡No me jodas que estás engañando a Jacky, Daniel!
—¡¿Qué?! No, no es eso o bueno aún no, no lo sé, pero las cosas con Jacky están complicadas, nuestro matrimonio no va bien y Leo ha sido un gran apoyo en estos momentos, pero solo como amigos. Sabes que amo a Jacky, aunque a veces las cosas no van como uno lo desea.
—¿Y entonces? Esa tal Leo ¿Qué pinta en esta historia?
—Eso es lo que estoy tratando de entender y aprender. Sabes muy bien que con Jacky nos conocimos desde niños y que nuestro matrimonio fue un arreglo entre familias y aunque no niego que la amo desde que era un chiquillo lo que me hace sentir Leo es especial y me siento feliz cuando estoy con ella.
El corazón de mi hermano era tan noble que no veía la maldad en las personas y creo que esa tal Leonora se estaba interponiendo en la vida de ellos, no veía lo buena y juiciosa que era si se estaba interponiendo en un matrimonio feliz.
—Pero, Daniel todo lo que me dices me confunde.
—¿No crees que se puede amar a dos personas?
—Pues claro que lo creo, yo te amo, amo a mamá y hasta de alguna forma a mi padre.
—Pero no me refiero a ese amor, hermanito. ¡Tú nunca te has enamorado!
—No tienes que recordármelo, Daniel. Solo estoy tratando de entender qué pasa por tu cabeza.
—Ya se me pasará, no te hagas dramas, para eso estoy yo, el que está metido en este problema. Ahora, mejor comamos, no quiero que nuestra comida se enfríe.
Esa sería la última vez que hablamos como hermanos, en nuestro lugar favorito y disfrutando de la compañía del otro. Después de ese día, nuestros trabajos y las circunstancias de la vida volvieron a abrir esa brecha que se había creado por las decisiones que yo había tomado...
Nunca pensé que ese día sería la última vez que vería su risa y sus bromas pesadas, menos que esa pequeña confesión quedase en el olvido, uno que comenzó una vez que detonó la primera bomba.
El día del atentando…
Otra vez me habían castigado ¿Es que nadie entiende que lo que hago es para salvar vidas?
—Deja de mascullar, Henderson y ve a hacer tus deberes, tienes una torre de papeleo por llenar.
—Jefe, ¡no es justo! Ese desgraciado se merecía la bala y yo apunté bien, sólo lo rozó no sé por qué tengo que sufrir un castigo como ese si solo cumplía mi deber.
—Deja de quejarte como una nenita de papá y trabaja o te juro que te dejo tras de ese escritorio de por vida.
Volví a mascullar entre dientes unas cuantas maldiciones y me senté en el escritorio a trabajar llenando formularios y ordenando carpetas de un trabajo que no me correspondía y menos que me gustaba hacer.
Odiaba al mundo y odiaba a mi jefe porque no me comprendía. Odiaba a mis compañeros y sobre todo a Travis porque no me apoyó cuando se lo pedí.
Era una bomba de tiempo a punto de explotar, pero me lo estaba aguantando, me conocía y mi carácter explosivo podía dejar más problemas de los que ya tenía…
—Respira, Ben. Todo volverá a la normalidad antes de lo que esperas y esto será solo un mal momento, ya lo verás.
Dicen que las cosas pasan por algo, ese día quería matar a medio mundo, odiaba hasta el aire aue respiraba y sentía que nadie podía entender mi frustración.
—¡Capitán!—mi amigo, el teniente Shaw, al que también odiaba en esos momentos, entra a mi oficina sin golpear—, han llamado al escuadrón Anti bombas desde las oficinas de Henderson & co.
—¿Qué?— Y ahí estaba yo el joven capitán, el primero de su clase y el mejor desactivador de toda la costa este castigado por culpa de un patán, pero al escuchar lo que me dijo Shaw fue que dejé de pensar y me levanté de mi asiento como si en mí trasero me hubieran puesto un cohete— Dame la situación, Shaw.
—Hace dos horas el lugar fue invadido por una turba de protestantes en contra de la carrera armamentista y la participación de esta empresa en la licitación de misiles teledirigidos, la situación fue superada por los mismos efectivos de la empresa hasta que— Shaw se queda callado y eso me enfurece, así que me paro frente a él y lo tomo de su camisa.
—¿Hasta qué, Travis?
—Hasta que su hermano se comunicó con su padre, están pidiendo cinco millones de dólares, sino los consiguen dentro de una hora, harán detonar la bomba que se encuentra en la oficina de su hermano, Capitán.
—¿Qué?
—Eso es lo último que recibimos por la radio.
—Vamos, no hay tiempo que perder.
—Pero, señor, su castigo.
—¡Me vale mierda! Vámonos.
En menos de un minuto, junto a Shaw enfilamos nuestros pasos hasta Henderson & co. La empresa de mí familia y en la que mí hermano es Ceo. No me importa que me vuelvan a castigar, es la vida de mí hermano la que está prendiendo de un hilo.
Al llegar al lugar, todo es un caos, ve gente esposada por los equipos SWAT y a los ya metiches de los periodistas que esperan la noticia para su primera plana.
—Capitán Henderson, es cierto que su hermano se encuentra adentro.
—Capitán, usted se encuentra amonestado, está haciendo esto por que es su hermano el afectado o le interesa dejar bien a la empresa de su familia.
—Capitán, capitán, respóndanos.
Como si eso fuera tan fácil de responder… Lo único que quiero es llegar donde Daniel y estos imbéciles no me dejan…
Entre ese tumulto soy escoltado por mi compañero y nos adentramos en esas oficinas que juré jamás volver a pisar. Sé que están contra tiempo y aún no hay noticias de su padre.
—¿Qué mierdas haces aquí? — me reclama mi comandante Rodríguez, quien tiene en su poder el instrumental y está haciendo la exploración para desactivar la bomba.
—Señor. Yo… ¡¿Daniel?! — y es ahí que recién me doy cuenta de quién es la persona que está con el chaleco que debe estar rebosando de C4. Es Daniel , mi hermano.
Cuando cruzamos la mirada tanto la de mi jefe y la de mi hermano me confirman lo peor, no hay escapatoria y el sonido del reloj marcando los segundos que nos quedan de vida se sincroniza con los latidos de mi corarón…
—¡Henderson, sal de aquí!
Pero yo ya no escucha a nadie y me acerco a mi hermano, esperando por un milagro. Tanto él como yo sabemos que conseguir la suma de dinero que piden los terroristas no es tan fácil como se piensa, pero nuestros padres son muy personas importantes en las altas esferas de las empresas armamentista.
—Da…Daniel —la voz de una chica nos saca de nuestros pensamientos y escucho el grito del jefe que de la nada se levanta y va hacia esa voz.
—¿Qué hace usted aquí, señorita? Pedimos a todo el mundo que evacuara las oficinas.
—Lo siento señor, lo siento. Daniel por favor perdóname…
Y todo acabo…
—¿Signos vitales?
—Estables doctor Cicarelli, pero ha perdido demasiada sangre y el trozo de metal está muy cerca de su corazón.
—Llama a Val y a Nathan, diles que los necesito de inmediato.
—Ya estamos aquí, cariño y escuchamos el estatus, así que necesito un bisturí del diez, mucha sangre O positivo y que comencemos a trabajar.
—Perfecto, Nathan.
—Bruno…
—Preocúpate de las heridas en las extremidades inferiores, mientras trabajamos con el pecho.
—Entendido.
—Ágatha, comunícate con sus familiares.
—Sí, doctor.
Ben… Despierta… Necesitas despertar… Por favor, Ben... No me dejes solo en esta oscuridad...
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