Tom gimió cuando el pelinegro se hundió por completo en él; se sentía tan lleno que podía sentir cómo se estiraba alrededor de su m*****o. Sus manos descansaban sobre los brazos del pelinegro mientras mantenía las piernas lo más separadas posible. Respiró hondo varias veces mientras se adaptaba al tamaño antes de experimentar con un movimiento de caderas. Bill dio una pequeña embestida; Era increíble estar con Tom así. —No voy a aguantar mucho —advirtió Bill entrecortado. —Yo tampoco —confesó Tom, con la voz hecha un susurro urgente, ya tenía algún tiempo en celibato creyendo que faltaba mucho para entregarse nuevamente a alguien. El ritmo nació tímido, pero pronto hallaron el compás. Tom se aferró a los brazos de Bill, sintiendo cómo cada embestida lo llenaba de calor. El roce era exq

