Hoy es sábado, y me dirigí temprano al mercado para escoger la fruta y la comida de la semana. El aire fresco de la mañana traía consigo el aroma de las verduras recién cosechadas y las voces de los vendedores que ofrecían sus productos. Estaba concentrada en elegir las mejores manzanas cuando sentí una mano fuerte que me agarró del brazo. Al girarme, me encontré con Fernando. —Fer, tú nunca haces las compras —dije, sorprendida. Era extraño verlo en un lugar como este, tan fuera de su estilo habitual. —Vine aquí porque quería verte, mi amor —respondió él con esa confianza arrolladora que siempre lo acompañaba. Me tensé al escuchar sus palabras. Lo miré directamente a los ojos, intentando que comprendiera la verdad que llevaba tanto tiempo diciéndole. —No soy tu amor —dije firme, soltán

