Capítulo 14

1659 Palabras

14La multitud se apiñaba bajo la bóveda sepulcral de tal manera que las cabezas parecían terrones en un campo recién arado. Todos los rostros convergían en un punto, en la fuente de una luz tan suave como Dios. Las velas ardían con llamas afiladas, espadas esbeltas y lustrosas que se alzaban en círculo en torno a la cabeza de la muchacha. Freder estaba apretujado en un rincón, tan lejos de la muchacha que solo percibía la palidez de su rostro, sus ojos maravillosos y sus labios rojo sangre. Su mirada estaba pendiente de aquella boca escarlata que se le antojaba el centro de la tierra al que, por ley eterna, iba a correr su propia sangre. Una boca atrayente… Los siete pecados capitales tenían una boca así, la mujer que cabalgaba sobre la bestia escarlata con el nombre de Babilonia escrito

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