NARRA LEVI
No se cuanto tiempo llevaba manejando, pero en cada semáforo en rojo me quedaba admirando a la mujer que se supone que es hora es mi esposa. ¡Rayos! Es más hermosa de lo que imaginé.
Lo peor de todo es que no puedo sacarme de la cabeza la imagen de ella vestida de novia. Desde que la miré en la capilla, sabía que me encantaba. Solo que no soy un hombre que expresa sus sentimientos porque es jugar con un cuchillo de doble filo.
¿Qué tienes que me vuelve loco? Me pregunté mientras miraba sus piernas descubiertas. Si, esa bendita silueta que se gastaba… no era jugando. Y eso que yo he salido con muchas mujeres hermosas: modelos de revista, cantantes, herederas, pero ninguna de ellas le llega a los talones a la mujer que por error llegó a mi vida.
Creo que este ha sido el mejor negocio que he hecho. Ya ni siquiera me importa tanto la parte de la empresa que me corresponde, porque con esta chica me doy mejor pagado.
El semáforo cambia a verde y continuó el viaje al aeropuerto. Quiero descansar al menos este tiempo que estaré fuera.
Poco un poco de música de mi lista, pero no ayuda en nada porque lo que sale es pura música para follar y ganas no me faltan de hacerlo.
Ella se remueve y abre los ojos de golpe como si pensara que la estoy secuestrando.
—Levi…— frunce el ceño viendo hacia todos lados— ¿Dónde carajos estoy? ¿Dónde me llevas? ¿no me digas que me estás secuestrando?— lo primero que hace es pasarse las manos por su cuerpo.
—Oye, tranquilízate, solo estamos rumbo al aeropuerto, no tienes por que preocuparte. Estabas profundamente dormida y conste que intenté de todo para despertarte, pero nada, así que te tome entre mis brazos y te metí al coche— le sonreí bajando la música. Ella negó con la cabeza.
—Lo siento, es que estaba muy cansada y el pensar mucho me terminó de agotar. ¿Dónde iremos?— me preguntó con curiosidad, pero. O se lo diría. No hasta ahora porque todo sería una sorpresa.
—Ya lo verás, solo ten un poco de paciencia—acelere el coche, ella se llevó las manos al estómago y empezó a frotarselo.
—¿Tienes hambre?— le preguntó y ella refunfuña.— no hace falta que me hagas ese gesto, solo te estoy preguntando si tienes hambre porque si es así, yo puedo detenerme por acá y comemos algo… Bueno, comerás tú porque yo no tengo hambre— ella dudo en contestarme, pero se escuchó un pequeño rugido de su estómago lo cual la puso sonrojada.
—Está bien, podemos hacer una pequeña estación. No pensé que mi estómago me traicionaría.— y así fue. Mire en el mapa y lo único que había cerca era un restaurante de comida china la cual yo no era muy bueno.
Bajamos del coche, yo estaba atento a todos los periodistas que anduvieran merodeando cerca. Los conozco. Son todos unas ratas buscando noticias para hacer la semana, pero no noté nada extraño.
Briar se sentó frente a mí tomando el menú. Por lo que veo no se le da muy bien la comida china. Sus ojos empezaron a divagar por todo el menú hasta que en un momento se le abrieron como platos, como si había descubierto algo grandioso.
—Quiero sushi— dijo— y quiero también este postre que no sé cómo se pronuncia— me señaló cuál era. El mesero se nos acerco con una nota y su bolígrafo.
—Ella quiere sushi y un postre de zanahoria— le digo y él empieza a anotar.
—¿Y para usted?— me pregunta, pero para empezar no soy muy bueno con esta comida porque me da alergia y soy de cuidarme más. Justo cuando voy a abrir la boca para decirle al mesero ella habla:
—Para mi esposo lo mismo— me guiñó el ojo. Me tomó por sorpresa y la verdad no me lo esperaba. El hecho que me dijera “esposo” hizo que mis tripas se retorcieran, no sé qué le pasaba, pero me gustó escucharlo de sus hermosos labios. Además, ¿por qué no me negué sabiendo que me hace daño?
El mesero asintió y se fue. Lo único que le añadí era una bebida alcohólica, pero no tan fuerte para los dos.
—¿Hice mal con pedirte?— me preguntó con inocencia. Negué con la cabeza, ella ya había pasado mucho con tomar el lugar de esa mujer llamada Maisie. No quería hacerla sentir mal. Lo único que sí es que tendría que buscar medicamentos para contrarrestar lo que se me venía encima.
Esperamos unos minutos mientras el silencio reinaba, así que decidí romper el hielo.
—¿te encuentras bien?— fue lo primero que se me vino a la mente. No sé qué tan estúpido había salido, pero con esta mujer no podía ser el hombre que normalmente era con las demás mujeres. Con ella hasta tenía que pensar qué decir. Mi lado conquistador no estaba saliendo a flote.
—Si, ¿Por qué?— levantó una ceja y espero que no siguiera haciendo ese gesto porque podría tomarla en esta misma mesa y hacerle el amor.
—Por nada, solo pregunto— el mesero llegó justo a tiempo. Dejo las ordendes de ella junto con las mías. Yo propuse las bebidas y ella accedió.
—Provecho— me dijo y yo asentí.
Lo malo es que se notaba que yo no tenía experiencia con los palillos porque constantemente tenía que estar luchando con ellos. Estaba tan enojado que terminaría por tomar con los dedos el rollo, pero ella muy atenta se me acercó con sus palillos y dijo:
—Mira, es así como tienes que tomarlo— mostró la técnica para tomar un rollo, lo metió en la salsa y después hizo el bendito avioncito conmigo. ¿Dónde tengo la cabeza para aceptar tal cosa? Abrí mi boca como un niño que le están dando de comer y finalmente lo comí.— viste que es fácil— me sonrió. Se miraba tan hermosa cuando lo hacía. Me quedé hipnotizado por un momento hasta que parpadee y salí del hechizo.
Me gustaba que las cosas con Briar salían de una forma genuina y no forzada. De hecho es la primera vez que me dan de comer. Con esta mujer parece que estoy experimentando muchas primeras veces y en tiempo récord. Lo mejor de todo es que no me da enojo.
Luego de haber comido regresamos al coche. Antes fui al baño y pude notar una cámara entre los arbustos. No había duda, los periodistas nos estaban siguiendo. Pero si ellos querían show, pues show tendrían. Ya les imaginaba la cara que pondrían.
—Nos vamos— le dije, pero ella es tan atenta y noto que algo no estaba bien en mi.
—¿Todo bien?— me pregunta abrochándose el cinturón.
—Si— le dije viendo de reojo a algún periodista.
*
NARRA BRIAR
La comida estuvo deliciosa, pero estuvo más alegre el momento que pasé con Levi. Quien diría que un hombre de negocios como el ni siquiera sabía utilizar los palillos. Además parece que a este hombre le hace falta un poco de acción en su vida. No sé cómo habrá sido su juventud, pero creo que se saltó muchas etapas importantes.
Estuve buscando música, hasta que encontré la que quería y luego de cerrar mis ojos por unos segundos más me quedé dormida.
*
—Briar…— me sacudió. Abrí mis ojos de par en par con dificultad. Escuché un sonido fuerte y al ver a mi alrededor noté que estábamos en el aeropuerto.
—Ya llegamos, tenemos que irnos— me dijo. Yo asentí, él se bajó por el lado del copiloto para abrirme. Como siempre todo un caballero. Ese es un punto a tu favor Levi McAllister.
Le di la mano, pero él me quedó viendo con esos ojos que me daban miedo.
—¿Qué pasa?— le pregunto. El sonríe de una manera pícara y no me gusta como suena eso.
—Lo siento, pero tengo que hacer algo— fruncí el ceño. No sabía lo que venía hasta que él me tomó entre sus brazos cargándome hacia el avión.
—¡Que estás haciendo!— intenté darle unos golpes, pero él se acercó a mi oído.
—Lo hago porque nos están grabando. Cuando estábamos en el restaurante ya nos venían siguiendo— mire a mi alrededor y no miraba nada— no te preocupes, no estoy mintiendo así que actúa de la manera más natural posible— deje de tensarme cuando de pronto siento sus labios una vez más sobre los míos.
El mismo deseo de hace un rato volvió a recorrerme la espina dorsal. Su lengua empezó a trabajar junto con la mía. Ambas parecían conocerse de años porque nuestro movimientos eran sincronizados y sin errores. El me tomó con autoridad, dejando claro que acá el único hombre que gobernaba en mi vida era el. Por mi parte quise seguir el juego y le tomé una de dos nalgas aparentándola.
—Oye…— dijo interrumpiendo el beso— espero sea mutuo— volvió a besarme y yo simplemente me dejé llevar por el instante.
Quien lo diría. La boda era una locura y más cuando se trataba de un desconocido, pero ahora estaba con el desconocido que me hacía sentir cosas desconocidas.