Pervertido con clase

1637 Palabras
NARRA BRIAR —Oye, creo que ha sido suficiente para los medios, deberías de bajarme— le sugiero pero parece que hablar con Levi es como hablar con las piedras, porque no escuché nada de su parte más que el seguir caminando hasta una escalera en donde nos espera un enorme jet privado de color dorado y n***o. Me quedé en completo silencio dejándome llevar por el instante en donde parecíamos “una pareja normal de enamorados” De la misma forma subimos las escaleras y justo en el umbral de la puerta me colocó en el piso del avión. —No te había soltado porque quería que ellos se tragaran el cuento hasta el final, y… lo siento— se rascó la nuca.— por favor siéntate con confianza. — me dijo y yo asentí. Entré al avión y en cuanto miré el interior no lo pude creer. Yo ya había viajado en aviones privados, pero este sujeto sí que sabía de clase. Ahora entendía la diferencia de una persona millonaria a billonaria. Todo era lujoso, desde los asientos, parecía que había una sala, un bar completo y un personal amplio que supongo que estaban a nuestro servicios. —Por favor, tome asiento— me dijo un chico moreno, alto y apuesto de ojos marrones— soy Blake, ¿necesita alguna bebida o comida?— rayos, me sentía como una reina. No puedo negar que Blake es muy guapo. ¿todo el personal tiene que ser guapo? ¿será un requisito? No quise ser odiosa así que le respondí con una sonrisa: —Si, me gustaría un jugo natural— él asintió y se marchó. Quedé a solas porque el tonto de Levi no aparecía. Seguro estaba en sus llamadas de negocios. Igual no me importó. El avión empezó a despegar. En el fondo también tenía un poco de miedo, aunque digan que el avión es el medio de transporte más seguro del mundo, cuando llega a tener un problema nos morimos todos. —Buenas noches, tripulación, soy el capitán y quiero que se abrochen el cinturón, según el clima de hoy será un poco turbulento así que no pierdan la calma, siempre estaremos notificando de los posibles cambios, en unas horas estaremos en nuestro destino— dijo a través del micrófono y yo respire profundo y lento para no perder la calma. Mire por la ventana como le avión se iba alejando de la superficie. La ciudad cada vez se hacía más pequeña. Al final solo se miraba un puñado de luces de los edificios. —Acá tiene— me interrumpió la voz de Blake. Me había traído el jugo. Lo tomé y él me quedó viendo de una forma que no sabía que era: curiosidad, coqueteo, inocencia… no se. —Muchas gracias— le dije, pero él no se movió ni un poco. —¿Algo más que quiera?— negué con la cabeza. El se acercó, levantó su mano para tomarme de la camisa— tiene una basura acá— dijo y justo antes que él pusiera su mano en mi cuerpo, otra mano fue quien la interceptó. Era la mano de Levi. —Creo que puedes retirarte, Blake, quiero estar a solas con mi mujer si no te importa— Blake asintió y se fue con una disculpa. —¿Que se supone que estás haciendo?— me pregunta sentándose a mi lado. Estaba frunciendo el ceño. Y hasta se miraba un poco enojado. —Nada del otro mundo— le respondí con calma dándole un trago a mi jugo— solo estaba siendo amable con el chico que me ha atendido de maravilla— le dije con un tono que seguro lo molestó. —Pues no, no te hagas la graciosa conmigo. Ese sujeto te iba a poner las manos encima— negó con la cabeza apretando los puños. ¿y este enojo de donde le había salido? —Por favor, Levi, no seas exagerado, solo me iba a quitar una basu…— me quedé a medias viendo que no había una basura como él decía, bueno, supongo que al final Levi tenía razón, pero tampoco era para ponerse como loco. —Ja, te diste cuenta que no había nada. Yo conozco a los tipos que se quieren aprovechar de la inocencia de las personas, pero ya va a ver este cabron— dijo, pero antes que se levantara le tome el brazo impidiéndole irse— déjame, le voy a dar su lección para que nunca vuelva a intentar ser un morboso. Es más, pienso lanzarlo desde las alturas— me puse a reír con lo extremista que era— ¿Qué? ¿por qué te causa gracia lo que dije? —Es que solo te ves tierno cuando estás celoso— confesé llevando mi mano a su mentón. —¿Yo, celoso?— se señaló el pecho— por favor— bufó— solo te estoy defendiendo como cualquier otro hombre que realmente sea un caballero.— se giró hacia mí para verme con los mismos ojos de deseo que se caracterizan en su rostro— aunque pensándolo bien— dijo más serio— de ahora en adelante no quiero que nadie más te vea y tampoco tú veas a nadie excepto a mí que soy tu esposo. Te está totalmente prohibido que hables con otro que no sea yo. Así que si, desde ahora tú y yo existimos en un mismo mundo en donde solo caben dos personas… ¿entendido?— asentí con una sonrisa. —Está bien, pero solo si tú también cumples con la misma parte del trato— se acercó lo suficiente como para darme un beso, pero se detuvo, me miró los labios relamiéndose los de él— yo soy tuyo desde que di el “acepto” en la capilla. Se levantó y me dejó con el corazón en la mano. Estaba muy nerviosa y no sé por qué de pronto este hombre actuaba de esta manera. A veces parecía un hombre que estaba dispuesto a enamorarse, pero otros momentos solo parecía que estaba actuando, pero… ¿Qué ganaba con todo esto? —Vamos a ver una película— añadió. Me levanté del asiento y empecé a seguirlo, caminé por un pequeño pasillo estrecho hasta llegar a una pequeña sala en donde solo habían dos asientos y una pantalla curva como de 80 pulgadas. —Pareciera que acá has traído a tus conquista porque solo hay dos asientos— le dije para molestarlo, pero él se hizo el sordo, claro, el habla cuando le conviene.— ¿Qué vamos a ver?— le pregunté y mire que puso una novela turca.— ¿en serio?— le dije cuando miré el título de la novela “Amor de contrabando” —¿Qué tiene?— me dijo sentándose cómodamente. —No pensé que eras un hombre de romance, pensé que me podrías una película de acción, pero me encanta, no la he visto toda, pero me gusta la pareja de Omar y Elif.— el se puso a reír.— ¿ahora de que te ríes, idiota?— me tape la boca sabiendo que lo había insultado. —No pasa nada— dijo relajado— solo que esos dos me recuerdan lo mucho que nosotros nos parecemos a ellos. Vivimos solo discutiendo. —Yo no— respondí rápido— tu y tus tonterías son las que me provocan— intento tomarme de la cintura para hacerme cosquillas, pero yo no me deje.— ¡por favor no lo hagas!— intente frenarlo, pero era imposible, él tenía más fuerza que yo. Ambos caímos al suelo y estaba ahogada con mi risa, así que hice lo que debía hacer para detenerlo. Con mi dedo índice a cómo pude le hinqué el trasero y él empezó a gritar. —¡No, no, no! Eso es trampa— me soltó. Y gracias a Dios que lo hizo porque me dolía el estómago de tanto reírme. —Todo es válido cuando se trata de una guerra— le dije secándome las lágrimas de los ojos. Ambos nos quedamos viendo por unos segundos. Nuestros ojos vibraban al mismo compás. Tragué grueso al saber que ninguno de los dos hablaba. —Por poco lo olvido— rompió el hielo.— en un cajón de allá— señaló— hay dos prendas para que puedas usarlas y sentirte cómoda en el viaje. Camine al cajón y dentro había una caja de cartón. La abrí y me di cuenta que habían dos prendas que no sé cómo le haría para saber mi medida, pero si, era mi medida. Pero… ¿Qué es esto? Eran dos Babydoll con una lencería… que a cualquier hombre se le pararía y no hablo del corazón. —No me voy a poner esto— le dije— no cuando estás cerca. —Bueno, no te lo pongas, pero no creo que puedas aguantar con esa ropa incómoda que llevas puesta— y tenía razón. Pero era un desgraciado. Todo lo tenía calculado. —Es que son muy… reveladores— se acercó con la misma peligrosidad. Tomo uno de los Babydoll de color n***o. —Este es mi color preferido. Ya te estoy imaginando en esto puesto, además… se supone que estamos de luna de miel, así que…— se mordió los labios.— si quieres podemos acelerar la consumación de este matrimonio. No tengo problemas en hacértelo en el cielo, de igual forma puedo llevarte a mismísimo cielo de otra forma.— no sabía cómo reaccionar, pero empuje su pecho. —Ni lo sueñes, idota,— cayó sobre el asiento con una sonrisa ladina. No soy una mujer fácil y si está acostumbrado a que las mujeres caigan rendidas a sus pies, pues conmigo no será así.
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